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Porque se debe evitar el uso de términos de salud mental fuera de su contexto

No son pocas las personas que apelan a términos como "autista" o "esquizofrénico" para dirimir o reflejar las diferencias políticas o de otro tipo.

QPS Sociedad

Los medios de comunicación tenemos la capacidad de contribuir a eliminar la discriminación que padecen las personas con enfermedad mental, ofreciendo una información objetiva, rigurosa y desestigmatizante.

No se trata de cambiar, omitir o "maquillar" informaciones: apelamos a la forma y el lenguaje con que se publican o emiten las noticias, que es lo que influye en la imagen social de estas personas. Por eso mismo resulta muy importante evitar la asociación de la enfermedad mental grave con comportamientos peligrosos y delictivos, ya que es dañina y alimenta las falsas creencias. 

Se recomienda incluir el problema de salud mental solamente cuando sea imprescindible para entender la información, y nunca con intención morbosa o como elemento de alarma social

Ante noticias de sucesos violentos, existe el riesgo de que, desde el prejuicio, se vincule el hecho a una enfermedad mental. Además, en algunas noticias impactantes, se atribuyen automáticamente los comportamientos "inexplicables" a una enfermedad mental. Y la enfermedad mental no es equiparable a "maldad injustificada o desproporcionada".

No usar términos inexactos u ofensivos 

En ocasiones, se califica a las personas con esquizofrenia simplemente como "un esquizofrénico", o como "un loco", "un desequilibrado", "un demente" o "un perturbado". 

Se recomienda referirse siempre a ellos como "personas con enfermedad mental" o "personas con un problema de salud mental". En cuanto a los centros, en lugar de utilizar términos anticuados como "reclusión" o "internamiento", optamos por "ingreso". Y en vez de "manicomio" es preferible aludir a las estructuras actuales, que son centros de día, centros de salud mental o pisos tutelados. 

Evitar titulares que destacan injustificadamente aspectos negativos y sensacionalistas. Se recomienda incluir el problema de salud mental solamente cuando sea imprescindible para entender la información, y nunca con intención morbosa o como elemento de alarma social

Evitar imágenes negativas y poco normalizadoras o de otras discapacidades. Las informaciones deben ilustrarse con imágenes acordes con el contenido, lo más alejadas posible del sensacionalismo. La enfermedad mental es invisible, no se percibe físicamente, y emplear como recurso fotografías que reflejan otras discapacidades provoca un desenfoque de la realidad. En ocasiones, las imágenes de archivo o representativas de la enfermedad mental son siempre las mismas, y alimentan el estigma. Recomendamos imágenes con una visión positiva. 

Evitar términos de salud mental fuera de su contexto 

Fuera del contexto de la salud, es frecuente encontrar términos médicos como "esquizofrénico", "depresiva", "paranoico", "autista" o "psicótica" para describir situaciones, en muchas ocasiones con un sesgo negativo. Este recurso abunda en secciones como deportes, cultura o política para hacer alusión a una dualidad o una contradicción, pero generan estigma, porque también se utilizan como descalificación o insulto. 

Es necesario documentarse e informarse adecuadamente antes de transmitir información relacionada con la salud mental, igual que se haría en cualquier otro ámbito (política, economía, etc.). Mostrar a la persona con enfermedad mental en sus múltiples facetas positivas, sin sobredimensionar lo negativo ni lo positivo. 

Presentar la enfermedad mental con la misma naturalidad con que se trata una diabetes, un traumatismo o una discapacidad física. Ofrecer una imagen natural y verosímil. 

Las personas con enfermedad mental tienen los mismos derechos que cualquier otra persona. Lo que necesitan son recursos para poder ejercer plenamente estos derechos, no que se muestre la enfermedad mental de forma dramática ni sensacionalista. 

Las personas afectadas han de participar por sí mismas y tener oportunidades de acercamiento a los medios, sin intermediarios ni manipulación. 

Romper el falso vínculo violencia-enfermedad mental. Una conducta violenta no puede justificarse solo a causa de una enfermedad mental

Derecho a la salud sin discriminación 

El lenguaje es una de las maneras en las que la discriminación se instituye. Se recomienda sobre ciertas terminologías y conceptos no discriminatorios incluidos en los capítulos de "Salud mental" de Buenas prácticas en la comunicación pública (INADI, 2011), entre otras fuentes: 

Utilizar el término paciente sólo cuando se hace referencia a la persona en el momento de recibir atención sanitaria. Existe consenso en la necesidad de no reducir a la persona a su condición de paciente o de usuario/a (de allí también que se la mencione como persona usuaria). 

• En cuanto a las personas con padecimiento mental, tal como establece la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, los prejuicios y estereotipos constituyen y estimulan la discapacidad psicosocial. Es necesario trabajar para desmontarlos y erradicar los términos naturalizados que reproducen la discriminación. En este caso se trata de instalar las denominaciones acordes con el nuevo modelo para colaborar a que la sociedad incorpore una nueva mirada. 

¿Cómo referirse a quienes son usuarios/as de servicios de salud mental? 

Si consideramos los estándares internacionales en materia de derechos humanos y la actual discusión de este grupo en torno a cómo autodenominarse, las más aceptadas son las siguientes denominaciones:

 • Personas usuarias de los servicios de salud mental; 

• Personas con discapacidad psicosocial; 

• Personas con padecimiento mental (denominación que utiliza la ley); 

• Personas con uso problemático de drogas. 

El padecimiento mental o psíquico es transitorio: si se cuenta con el apoyo necesario y se favorecen las condiciones adecuadas, es un padecimiento que comienza y termina. También es parcial, no afecta todo lo que una persona es o puede hacer. Por tal motivo se recomienda: 

Cuando se hace referencia a personas que han sido o son usuarias de los servicios de salud mental, particularmente que han estado en centros de internación, se recomienda no aludir innecesariamente a esta circunstancia, ya que favorece la estigmatización. 

A su vez es de gran importancia no asociar el padecimiento mental con: 

- Incapacidad: no identificar el padecimiento mental con una deficiencia que impida asumir la toma de decisiones; 

- Peligrosidad: no asociar esta circunstancia puntual de una persona con un potencial riesgo o peligro para la sociedad; 

- Anormalidad: suele referirse explícita o implícitamente a una necesidad de "normalizar" a estas personas; el criterio de normalidad naturalizado sustenta siempre la restricción de derechos. Por igual motivo se recomienda utilizar: persona usuaria de 40 sustancias o persona usuaria de drogas o persona usuaria de drogas inyectables; en ningún caso: drogadicta/o o adicta/o. El uso de sustancias, ya sea por vía intravenosa o no, es solo una parte de la vida de las personas en cuestión. Estos términos traducen una imagen estereotipada que es inexacta. 

- Evitar el uso de expresiones peyorativas vinculadas con ciertos padecimientos o enfermedades: tener en cuenta que cuando se las utiliza en referencia a una persona usuaria de servicios de salud mental o con otro tipo de padecimientos se banaliza la problemática y se niega el sufrimiento que implica. En estos casos, es importante no perder de vista que se trata de una terminología que refuerza la estigmatización (ejemplos: está chapita, le faltan jugadores, está medicado/a, no tomó la pastilla). 

- No usar expresiones -en forma peyorativa por supuesta analogía- que aluden a problemas de salud o salud mental para nombrar situaciones de la vida cotidiana, como por ejemplo los términos autista, bipolar, histérica/o, etc. 

- No aludir a las personas reduciéndolas a un diagnóstico: el psicótico, el esquizofrénico, la autista, el diabético, etc., denominaciones que etiquetan, estigmatizan y niegan la condición de sujeto en igualdad de derechos. Se recomienda aludir, por ejemplo, a persona con autismo o que tiene autismo o persona con obesidad, persona con VIH, etc.

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