Carlos Pagni

Periodista

Ya no todo es en el nombre de Dios: el arzobispo de Salta fue denunciado por violencia de género

Dos monjas de clausura del Convento de San Bernardo hicieron una presentación en la Justicia contra Mario Cargnello en un hecho donde se cruza la reivindicación femenina y el rol de la mujer en la Iglesia.

Hay momentos en que un hecho, un episodio particular que aparece en un diario, en un noticiero, sintetiza, condensa, historias de larguísima duración. Los cambios culturales son cambios en cámara lenta y es difícil identificarlos en un episodio. No cambian con el tiempo del diario. Sin embargo, esto de lo que vamos a hablar es un episodio que concentra muchísimo significado de distintos niveles y donde se cruzan dos tendencias, dos fenómenos, dos realidades muy distintas.

Una que arraiga muy atrás en la historia: la fe religiosa, la vida contemplativa, la mística dentro de la religión y dentro del cristianismo. La otra, las luchas por la emancipación de género, la lucha por los derechos de la mujer.

Se cruzaron en Salta en una historia muy inusual. Monjas de clausura, carmelitas descalzas del Convento de San Bernardo en Salta. Es una institución conocidísima y las monjas son muy queridas, son una especie de foco de la vida espiritual de la ciudad.

Esas monjas denunciaron -no en la justicia canónica, no en la justicia interna que rige las relaciones de la Iglesia y del clero- ante una jueza de la justicia ordinaria, la doctora María Carolina Cáceres Moreno, al arzobispo de Salta, Mario Cargnello.

¿Por qué lo denunciaron? Por violencia de género, por malos tratos, por violencia psicológica, por amenazas, por cortarles los recursos. Las monjas al obispo. La jueza dispuso vigilancia policial en el convento, que es muy tradicional, muy lindo, y está en el centro de Salta. Dispuso que las autoridades de la arquidiócesis no se pueden acercar y el 3 de mayo tiene que ir el arzobispo de Salta a declarar en el tribunal.

¿Dónde arranca este conflicto?

Tiene un origen muy interesante. Desde hace años en la ciudad de Salta emergió una nueva devoción. Es la devoción a una virgen que es conocida bajo la advocación de María Inmaculada del Divino Corazón de Jesús. Se la conoce vulgarmente como la Virgen del Cerro. Esa virgen se le apareció, según su propio testimonio, a María Libia de Obeid, una mujer muy conocida en Salta. Y esa aparición empezó a ser creída por mucha gente. Tanto que hay peregrinaciones todos los fines de semana al cerro de Salta de muchísima gente que está angustiada, enferma, pasándola mal y se pone al amparo de esta devoción.

Las monjas carmelitas creen en esta virgen. El arzobispo parece no creer tanto y en el conflicto por esta devoción y por esta fe las cosas llegaron a tal nivel de violencia que monjas de clausura bajo la jurisdicción de una priora, muy valiente evidentemente, que se llama María Fátima del Espíritu Santo, tuvieron que ir a denunciar al obispo ante los tribunales ordinarios.

Son monjas carmelitas, vienen fundadas desde el siglo XVI por Santa Teresa de Ávila, una monja también curiosa por su personalidad, por su valentía y porque viene de una familia judía, donde se mezcla la tradición mística judía con la tradición mística cristiana. Un experimento nuevo el de las carmelitas, con un vigor espiritual y de gran personalidad especial, que nace en el siglo XVI y se traslada hasta nuestros días en Salta.

Para cuando se escriba la historia de la reivindicación femenina, de la igualdad de género, de los derechos de la mujer, este episodio, que es hoy una noticia, puede convertirse en un antes y un después. Monjas carmelitas de clausura que llevan a un obispo a tribunales por temas de maltrato de género y abre una pequeña hendija sobre un tema insondable: el papel de la mujer en la Iglesia, el papel de las monjas en la Iglesia.

Fuente: tn.com.ar

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