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Tanatos. O la pulsión de muerte neoliberal

Poco antes de las 7 de la mañana, a metros del Congreso, las balas de plomo atraviesan los cuerpos con vida del diputado nacional Hector Olivares y su acompañante, Miguel Yadón.

Un amanecer más, teñido de sangre en la oscura y larga noche neoiliberal. Un amanecer sin luz es el neoliberalismo, y nos somete. A la angustia que se cala en el alma al tener que enfrentar un nuevo y conocido día, de desesperanza, de cuentas que pagar, de Tanatos. De pulsión de muerte.

Poco antes de las 7 de la mañana, a metros del Congreso de la Nación, las balas de plomo atraviesan los cuerpos con vida del diputado nacional Hector Olivares y su acompañante, Miguel Marcelo Yadón. El saldo: un cuerpo sin vida y otro que pelea por vivir. En el corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Sin intentar siquiera ocultar la intención de matar, un auto se detiene y ejecuta los disparos. Una vez más. Tanta gente que ?vive' en las calles aledañas al Congreso habrán visto o escuchado la presencia de Tanatos. Aquella compañera que día tras día impregna nuestros cuerpos, nuestra vida, nuestras almas.

Sigue lloviendo en Pichanal y perdimos el recuerdo del ultimo sol que ilumino nuestro rostro. Una lluvia finita y constante. Las ?calles' intransitables, las goteras a la orden del día, las zapatillas húmedas y guardadas. El no poder salir. Presos de esta larga llovizna neoliberal.

Pasadas las 9 de la mañana, Tanatos. Un rancho en un asentamiento de esta localidad. Uno de tantos. Piso de barro, techo y paredes de nylon. Hace una semana que llueve. Sin embargo decenas de prendas de ropa colgadas de una soga intentan en vano secarse. Una niña, que parecería ser la encargada del ?hogar', saca de allí un colchón viejo, doblado. Escoltada por dos niños, menores que ella. Descalzos. Al notar que la lluvia persiste se refugian bajo el plástico, con un éxito relativo. Las balas de la pobreza estructural y coyuntural atraviesan sus cuerpos, su nylon, su tierra. El saldo: varios cuerpos, en familia, pelean por vivir.

Al menos 25 personas hacen fila frente al cajero automático. La imagen parece congelada, en pausa. En estos días del mes el único cajero vacío es el que esta fuera de servicio o sin dinero. Como muchos argentinos y argentinas, cada día más. La fila para retirar lo que está a mano, al alcance, lo posible, para sobrevivir unos días. Tanatos del tiempo. Donde el hoy es igual de difícil que el ayer y el mañana no existe. Presos del no-tiempo del calendario neoliberal. Retirar los gastados billetes que poco tiempo habitaran con nosotros, porque no alcanza y porque alguien los merece más, parece. Las balas del miedo y la desesperación atraviesan sus cuerpos, sueños y esperanza. El saldo: cientos de jefes/as de hogar queriendo bajar los brazos para siempre.

En la oficina de EDESA atienden dos ventanillas. La que entrega la sentencia (la boleta de luz) y la que ejecuta dicha sentencia (el cobro). En ambas Tanatos nos sonríe con su omnipresencia. Son muchos los que pasan a conocer su sentencia, aceptarla cabizbajo porque así nos han enseñado y así lo desea él. Menos son los que pasan a cumplir la condena, a ?honrar' la deuda, a liberarse momentáneamente. La sentencia neoliberal, cuya peor ejecución es el largo perdurar en el tiempo cargando la piedra de la resignación, del no poder, del "no doy más". La condena misma de vivir condenados sin posibilidad de cumplirla. Como esclavos. Muertos en vida. Habitados y traspasados por la pulsión de muerte llamada neoliberalismo.

Y el hombre. Pobre. ¡Pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé! (Cesar Vallejo)

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