Sociedad
No apto para sensibles

El terrible relato de una mamá a su hijito: "No sé cuál de los 100 hombres que me violó es tu papá"

"No podía escapar. No podía irme porque tenía todo roto", contó la mujer tras el horror vivido.

Un ruandés de 24 años de edad le contó a la BBC cómo se enteró de las circunstancias de su nacimiento. Su madre fue violada durante el genocidio ocurrido a lo largo de 100 días en 1994. La terrible historia fue publicada por la BBC. 

Durante la masacre, más de 800.000 personas, la mayoría de la etnia tutsi, fueron asesinadas por miembros de la etnia gobernante, los hutus.

Jean-Pierre* dice que empezó a preguntarse quién era exactamente su padre cuando al final de la escuela primaria recibió un formulario en el que le pedían el nombre de su progenitor, además del de su madre, y él no lo sabía.

No tener un padre en casa no era raro en Ruanda, por los cientos de miles de personas asesinadas durante el genocidio.

Jean-Pierre había escuchado los cuchicheos de su comunidad, pero tardó años en saber toda la verdad.

"(Mi hijo) había escuchado diferente información, chismes. Todos en la comunidad sabían que fui violada. No había nada que pudiera hacer al respecto", cuenta.

"Mi hijo seguía preguntando quién era su padre. Pero entre los 100 hombres o más que me violaron, no podía decir cuál de todos era el padre", explicó la mujer. 

Sus agresores, personas que alguna vez habían sido parte de su misma comunidad, la habían arrastrado hasta el borde de un pozo donde estaban tirando los cuerpos de los hombres, mujeres y niños que acababan de asesinar en una escuela.

A pesar de sus heridas, a pesar del dolor, Carine no quería morir. 

Tampoco quería morir cuando un grupo de soldados la asaltó sexualmente con pequeñas ramas y palos unas horas más tarde, causándole daños inimaginables.

Solo cuando otro grupo la atacó, mordiéndola por todo el cuerpo, decidió que ya no quería vivir.

"(Ahí fue que) quise morir pronto. Muchas veces quise morir", cuenta.

"No sentía amor"

Pero su terrible experiencia apenas había comenzado: el hospital que intentó salvar su vida fue rápidamente invadido por la milicia hutu.

"No podía escapar. No podía irme porque tenía todo roto", dice.

"Quien quisiera tener sexo conmigo podía hacerlo. Si los atacantes querían orinar, podían venir y hacerlo en mí", señala.

Solo cuando el rebelde Frente Patriótico Ruandés liberó el hospital, Carine finalmente recibió el tratamiento que necesitaba y se le permitió regresar a su pueblo, débil, rota, sangrando, pero viva.

Así que cuando los médicos descubrieron que estaba embarazada, se sorprendieron.

"Les preguntaba qué hacer ya que no quedaba casi nada de mi cuerpo", recuerda.

"Cuando nació el bebé, no podía entender por qué. No podía creer que el niño fuera mío. Siempre estaba pensando en lo que había pasado. Después de dar a luz, me quedé con el bebé, pero no sentía amor", confiesa.

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