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#ParoNacional / El primer paro de la era Macri, test para que el triunvirato de la CGT recupere la legitimidad cuestionada

Para el Ejecutivo se trata de una medida política y "desestabilizadora" que "no ayuda a los asalariados". Para la central es un reclamo justo que evidenciará el daño que el Presidente está ocasionando con sus políticas a la clase trabajadora.

El primer paro de la era Macri, test para que el triunvirato de la CGT recupere la legitimidad cuestionada

El de hoy será un paro general atípico. Es cierto que tiene los elementos tradicionales de toda jornada de protesta, en la cual la medida de fuerza intenta ser una demostración de poder.

Pero también tiene particularidades. Sobre todo por el hecho de que la mayor incógnita no pasa saber cuál será el nivel de acatamiento. Más bien, el punto clave es comprobar si quienes la convocan van a lograr recuperar su imagen y autoridad o si serán simples actores de reparto en su propia película.

Es que el triunvirato de la CGT llega a la jornada de protesta con el estigma de haberla hecho bajo la fuerte presión de los sectores más radicalizados del gremialismo, que hasta llegaron a poner en duda su legitimidad de representación.

En aquella marcha sindical del 7 de marzo -tras haber convocado a una multitud para reclamar por la pérdida de empleos en la industria-, Carlos Acuña, Juan Carlos Schmid y Héctor Daer debieron retirarse del escenario a las corridas, al no ponerle un día concreto al cese de actividades.

Las bases, al grito de "poné la fecha", desbordaron la seguridad del acto y ganaron el centro de la escena.

Pero el mentado paro llegó. Así, los conductores de la central obrera, criticados por el Gobierno (con el que supo sentarse a negociar a lo largo del año pasado) y también por los sectores más combativos de la dirigencia gremial, continuarán con su búsqueda de equilibrio.

Por lo pronto, se plantearon disimular las fisuras y mantener la unidad, en un contexto en el que a la conducción cegetista no le será nada fácil mantener ese equilibrio.

No es para menos, ya que:

De un lado, se los acusa de "blandos" por haber dialogado durante todo un año con el macrismo en medio de una aguda recesión y, además, por la demora en la toma de medidas duras

Del otro, deben lidiar con un Gobierno ahora envalentonado por la reciente marcha de apoyo y que intenta demostrar que el primer paro en su contra en nada implica una señal de debilidad de su gestión

La Casa Rosada -en pos de profundizar las grietas en el seno del sindicalismo- continúa con sus reuniones sector por sector. Así va premiando a los gremios "dialoguistas" y castigando a los "duros".

Por caso, tres días antes de esta huelga, convocó Gerardo Martínez, secretario general UOCRA (construcción) para rubricar un acuerdo con el que apunta a darle un fuerte impulso a esta actividad.

"Quieren imponer la agenda del conflicto y terminan arrastrando a los que, aun con sus diferencias, intentan trabajar para mejorar la realidad de los trabajadores", fueron las palabras del jefe de Gabinete, Marcos Peña, que arrojaron más sal en la herida sindical.

La estrategia oficial es claraerosionar la endeble unidad de la CGT, dividida entre aquellos dirigentes que pretenden mantener los puentes con la gestión macrista y quienes pugnan por profundizar la confrontación.

En el "quién es quién" aparecen:

- Los "dialoguistas": conformado por los "gordos", los "independientes" y el grupo de gremios que lidera Gerónimo Venegas, de UATRE (trabajadores rurales), quien cuestiona la protesta y afirma: "Es un paro general sin título, que no tiene nada que ver con la defensa de los los asalariados"

- En el medio se encuentra el moyanismo, que mantiene una actitud ambigua: "pega y negocia" en forma alternada

- Los "duros": conformados, por ejemplo, por la UOM y por Suterh (porteros), además de otros "peso pesado" de la mesa cegetista

Es en este contexto en el que se realiza la primera huelga de la gestión macrista. Se da en el arranque de abril, luego de un agitado marzo, signado por seis marchas en contra del Gobierno.

La disputa por el sentido. Desde la CGT no tienen dudas. Anticipan que la medida va a contar con una alta adhesión. "No se moverá nadie", indicaron por lo bajo.

"Las fábricas van a estar vacías, no va a haber nadie en las calles", afirmó Schmid, al tiempo que el secretario general de los Camioneros, Pablo Moyano, aseguró: "Será un paro histórico".

¿Cuál es el motivo de la huelga? La CGT lo sintetiza en la necesidad de un cambio en el rumbo económico. Cuestiona el crecimiento del desempleo, los aumentos tarifarios, la apertura de las importaciones y el retraso de los salarios respecto de la inflación, que derivó en una fuerte caída del consumo.

"Muchos de los trabajadores no llegan a fin de mes", se quejó Schmid. En contraposición, señalaron desde la central obrera, aparecen sectores como el "agroexportador y el financiero a los que no les ha ido mal y lograron una importante ventaja sobre el resto".

Para el Gobierno, la decisión de concretar una huelga general en un año electoral reviste un tinte claramente político. Tildan la medida de desestabilizadora, en sintonía con la caracterización que viene haciendo de las sucesivas marchas acontecidas en marzo.

Los funcionarios recalcan que el año pasado, cuando los diversos índices de la economía eran mucho peores que los actuales, la CGT no llamó a un cese de actividades y se sentó a una mesa de diálogo con empresarios y funcionarios.

Como contrapartida, deciden parar ahora que empiezan a aparecer indicadores positivos y que el Ejecutivo avanza en acuerdos sectoriales. Es por eso que la calificación más escuchada respecto del paro es "extemporáneo".

Macri y Peña repiten públicamente la postura oficial: "No ayuda en nada a la realidad de los trabajadores. No existe demanda específica alguna planteada por la CGT en estos 15 meses que no haya sido atendida", se quejó el jefe de los ministros.

También declaró lo que seguramente será uno de los argumentos de Cambiemos cuando las calles estén vacías: "La plata que se pierde por un día de paro es plata que el país pierde para el desarrollo".

"La huelga no termina siendo en contra del Gobierno o del Presidente, sino contra Argentina", remarcaron desde la Rosada, luego de que Macri pusiera cifras al asunto: "Son más de $15.000 millones que podríamos aplicar para más obras".

Con el oxígeno político que significó la marcha de apoyo del sábado pasado, el macrismo decidió tomar medidas tendientes a disminuir el impacto y acercar la jornada a la de un día "normal", una estrategia que no está exenta de tensiones y potenciales incidentes.

Mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, advirtió que obstaculizará los piquetes en los accesos a la Ciudad y dijo que el paro "está quebrado", el Gobierno hizo saber que el estacionamiento será libre y que no se cobrarán los peajes.

Y después del paro, ¿qué? "Toda la dirigencia sindical aspira a que sea la última protesta", sostuvo Schmid, al tiempo que anticipó que luego de la huelga pedirá una audiencia con el Presidente.

"Nosotros también perdemos, porque se siente en los compañeros que cobran presentismo, un plus por productividad. Por eso también aspiramos a que no se repitan", señaló el gremialista.

Por lo pronto, la huelga de este jueves puede marcar un punto de inflexión en la CGT, ya que las tensiones internas no se esfumarán el día después. Incluso puede suceder lo contrario, porque difícilmente el Ejecutivo vaya a modificar sus políticas.

Esto último hace factible que los sectores más duros presionen para que se concreten nuevas medidas de protesta. Algo de esto ya anticipó Pablo Moyano, quien cree que esto ocurrirá "si no hay respuestas del Gobierno".

Incluso, le puso fecha a una próxima jornada de reclamo: a los 15 o 20 días posteriores al "6A".

Las huelgas generales desde 1983. La primera medida de fuerza general de la CGT contra Macri se produce a casi 16 meses de su asunción.

Carlos Menem, de extracción peronista, enfrentó el primer paro general al mes 40 de su gestión. Raúl Alfonsín, en el noveno. Eduardo Duhalde, en el quinto y Fernando De la Rúa, en el tercero.

Néstor Kirchner no sufrió embates de este tipo. Cristina Kirchner tampoco en su primera gestión, mientras que su segundo mandato fue más complejo y la llevó a lidiar con cinco protestas de esta índole.

- Alfonsín enfrentó 13 paros generales, promediando uno por semestre

- Menem tuvo 8 en sus diez años y medio de gestión, a razón de uno cada 15 meses

- De la Rúa, un total de 9 en sus dos años en el poder. Es decir, uno cada 3 meses

En el caso de Cristina, acontecieron durante su segundo mandato, cuando la relación con la CGT llegó a un punto de no retorno.

El paro en tiempos de Uber y Twitter. Para este jueves hay un componente novedoso, marcado por la cuestión tecnológica: será la primera huelga general en la Argentina que convivirá con Uber.

Qué sucederá con este servicio y cuál será la reacción del público, de los manifestantes y sindicalistas (sobre todo, los nucleados en el gremio de taxistas), es un gran interrogante.

Las redes sociales también están jugando un rol protagónico en el último tiempo. No es que no existieran durante los mandatos de CFK sino que Cambiemos la tomó como un instrumento político de relevancia. 

Así, por caso, surgió la convocatoria a la manifestación del 1° de abril en defensa de la Democracia y en esta ocasión deja que avance el hashtag #Yonoparo.

Obviamente, ninguna alterará el acatamiento general, pero se convertirán en una herramienta para aquellos que no deseen sumarse.

Señal de cómo repercute el cese de actividades en las redes sociales, horas antes de la protesta la da el hecho de que era "trending topic" el hashtag #ParoNacional, en el que se nucleaban diversas referencias a la medida, de uno y otro lado.

Toda una novedad para la primera huelga nacional de la gestión Macri.

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