¿Chau reelección?: La jugada de la FIFA que pone en jaque a Infantino
Apretó a las federaciones con dejarlas fuera si no aceptan su plan económico para la Copa del Mundo. En 2021 jugaba de héroe contra la Superliga; hoy busca privatizar la caja de la competencia de selecciones más prestigiosa.
El sillón de Gianni Infantino en Zúrich empieza a tambalear. Lo que parecía un mandato inexpugnable acaba de convertirse en un incendio político a escala global. El motivo: un plan para privatizar parte de la Copa del Mundo que desató una rebelión interna sin precedentes.
Según reveló el prestigioso diario británico The Times, la FIFA avanza en la creación de una empresa filial -denominada FIFA Forward Enterprise- para ceder entre un 20% y un 30% de sus derechos comerciales y de televisión a fondos de inversión privados. Una maniobra valuada en casi 20.000 millones de dólares que promete liquidez inmediata, pero que impone un duro ultimátum: la federación que no se adapte al nuevo modelo financiero, queda fuera de las competencias.
Gianni Infantino (presidente FIFA) y Aleksander ?eferin (presidente UEFA).
La gran traición del héroe de 2021
La memoria en el fútbol no es tan corta como Infantino quisiera. En abril de 2021, cuando doce gigantes de Europa intentaron romper el tablero lanzando la Superliga Europea, el presidente de la FIFA se vistió de salvador del pueblo.
"Si algunos eligen irse, deben afrontar las consecuencias de su elección. O están dentro, o están fuera", tronó en aquel momento para sepultar el proyecto elitista.
Años después, la contradicción es total. A la FIFA no le molestaba que el fútbol se privatizara; le molestaba no ser la dueña del negocio. Hoy, Infantino aplica la misma receta excluyente que criticaba, pero usando la marca registrada de la Copa del Mundo.
El "Efecto Trump": el escándalo que rompió la confianza con las federaciones
El malestar político venía incubándose y terminó de explotar tras la injerencia de la Casa Blanca en pleno Mundial de Estados Unidos. El propio Donald Trump confirmó públicamente que llamó por teléfono a Infantino para exigirle que se revise la tarjeta roja que el árbitro brasileño Raphael Claus le había mostrado al delantero estadounidense Folarin Balogun.
Apenas unas horas después de esa llamada, la Comisión Disciplinaria de la FIFA tomó la inédita e histórica decisión de dejar la suspensión en suspenso, permitiendo que la estrella local jugara el cruce de octavos contra Bélgica. La maniobra desató la indignación generalizada: la UEFA calificó el hecho de "incomprensible, injustificable y un atentado a la integridad de las reglas", mientras que exdirigentes como Joseph Blatter afirmaron que "las rojas no se levantan por llamados políticos".
Ese "favor" a Washington fue leído por las federaciones como una prueba irrefutable de que la FIFA pisotea su propio reglamento por conveniencia política.
La suspensión de la roja a Balogun dejó en evidencia la afinidad política entre Donald Trump y Gianni Infantino.
Por qué peligra su reelección: las bases dicen basta
Infantino sostuvo su hegemonía aplicando una fórmula clásica: repartir dinero de desarrollo en las federaciones de África, Asia y Concacaf para asegurar un bloque de votos imbatible. Sin embargo, el doble golpe de la sumisión ante la Casa Blanca y el intento de centralizar la caja del Mundial con un fondo privado rompió el pacto implícito de gobernanza.
Europa (UEFA) y Sudamérica (CONMEBOL) ya no ven en Infantino a un mediador, sino a una amenaza directa a la autonomía de los continentes. Si ambos bloques cierran filas e imponen un candidato de consenso o promueven un boicot a los torneos de la FIFA, el sistema de alianzas del suizo colapsará.
La historia de la FIFA enseña que un presidente puede sobrevivir a las críticas de la prensa, pero nunca a la pérdida de soberanía y la rebelión abierta de sus propias federaciones.


