Qué fue de la familia de Fernando Pastorizzo a 9 años del crimen que cometió Nahir Galarza
El asesinato de Fernando Pastorizzo conmocionó al país y convirtió a Nahir Galarza en una de las protagonistas de uno de los casos policiales más impactantes de la Argentina.
Pasaron casi nueve años desde el crimen de Fernando Pastorizzo, el joven asesinado en diciembre de 2017 en un caso que tuvo como condenada a Nahir Galarza y que mantuvo en vilo al país durante meses.
Con el paso del tiempo, el nombre de Galarza continúa reapareciendo periódicamente en los medios. Sin embargo, existe otra historia que se fue escribiendo lejos de las cámaras: la de la familia de Fernando y, especialmente, la de su padre, Gustavo.
La ausencia de su hijo sigue siendo una herida imposible de cerrar. Quienes lo conocen aseguran que eligió refugiarse en el trabajo, en sus afectos y en los recuerdos de Fernando, tratando de mantenerse al margen de la exposición pública y de las polémicas que todavía rodean el caso.
Pero en medio de tanto dolor apareció una luz inesperada.
La vida de Gustavo dio un giro con el nacimiento de Gabriel, el hijo que tuvo años después de la tragedia junto a una mujer a la que conoció durante las marchas y movilizaciones para pedir justicia por Fernando.
La historia conmovió a quienes la conocieron. En medio del sufrimiento compartido nació una relación que terminó convirtiéndose en una nueva familia.
Aunque actualmente ya no estaría en pareja con la madre del niño, Gabriel se transformó en el gran motor de sus días.
En el programa Puro Show, Gustavo se emocionó al hablar de su hijo menor y dejó una frase que tocó el corazón de todos.
"Me trae muchos recuerdos a Fernando, es muy parecido. Para mí es un regalo que me dio la vida después de una pérdida tan grande", expresó.
Incluso trascendió que el pequeño lleva como segundo nombre "Fernando", un homenaje que mantiene vivo el recuerdo del joven asesinado.
Las charlas sobre Boca Juniors, los amigos y la personalidad tranquila de Fernando siguen presentes en su memoria. Son pequeñas imágenes que sobreviven al paso del tiempo y que mantienen vivo su legado.
Hoy, Gabriel ocupa un lugar central en su vida y se convirtió en la esperanza que apareció después de la noche más oscura, el hijo al que Gustavo define, simplemente, como "un regalo de la vida".


