Tiene a su hija con parálisis cerebral y peregrina pidiendole fuerzas al Señor del Milagro
En el camino apareció una historia que conmueve: una mamá salió desde San Carlos para pedirle al Señor y la Virgen del Milagro fuerzas para acompañar a Martina, su hija, que tiene parálisis cerebral y sufre frecuentes convulsiones.
Salta está en tiempo de Milagro y la fe ya se siente en cada ruta. Mientras las peregrinaciones avanzan desde distintos puntos de la provincia hacia la Catedral Basílica, aparecen historias que permiten entender por qué miles de salteños están dispuestos a caminar durante días para llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro.
Que Pasa Salta recorre la provincia acompañando este movimiento de fe y, entre tantos peregrinos, se encontró con la historia de una joven mamá que comenzó su recorrido desde San Carlos.
Por delante tiene aproximadamente 190 kilómetros de sacrificio, cansancio y emoción. Pero cada paso tiene un nombre: Martina.
"Vengo a pedir por mi hija Martina"
La mujer camina para pedir por su hija, que tiene parálisis cerebral y atraviesa frecuentes episodios de convulsiones. No es la primera vez que pone su pedido en manos de los Santos Patronos.
"Vengo a pedir por mi hija Martina. Tiene parálisis cerebral y convulsiona mucho. Todos los años estoy pidiendo por ella. Todos los años pido fuerzas al Señor y la Virgen del Milagro", contó la peregrina.
Su pedido no pasa únicamente por la salud de Martina. También pide fuerzas para ella misma, para poder seguir acompañando, cuidando y sosteniendo a su hija todos los días.
Y esa petición es la que lleva consigo durante cada uno de los kilómetros que separan San Carlos de la ciudad de Salta.
190 kilómetros con Martina en el corazón
El camino es largo. El cuerpo siente el cansancio y todavía quedan muchas horas por delante, pero para esta mamá la distancia queda en segundo plano frente al motivo que la empuja a continuar.
Cada paso se transforma en una oración. Cada subida, en un esfuerzo más. Y cada kilómetro que queda atrás la acerca un poco más a la Catedral.
En medio de una peregrinación tan extensa, Martina se convierte en la fuerza que la impulsa cuando aparecen el agotamiento y el dolor físico.
Su historia se mezcla con las de cientos de peregrinos que también llevan sus propios pedidos. Algunos caminan para agradecer; otros cumplen una promesa y muchos llegan cargando nombres de familiares por quienes quieren rezar.
Salta se empieza a llenar de peregrinos
La postal se repite por toda la provincia. Desde los Valles Calchaquíes, la Puna y diferentes localidades del interior, las peregrinaciones avanzan lentamente hacia la Capital.
A medida que se acerca la procesión, los grupos empiezan a encontrarse en las rutas. Hay abrazos, vecinos que ofrecen agua y comida, descansos improvisados y personas que esperan durante horas simplemente para alentar a quienes pasan caminando.
Es allí, lejos de la Catedral y en pleno camino, donde también se vive buena parte del Milagro salteño.


