Pidió por la vista de su hijo y recibió el milagro: ahora camina para devolver su promesa
Con frío, cansancio y muchos kilómetros por delante, un salteño volvió a ponerse en camino para cumplir una promesa que nació en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Hay promesas que nacen del miedo, pero también hay promesas que se transforman en agradecimiento. Para este salteño, caminar hacia el Señor y la Virgen del Milagro se convirtió en una manera de devolver la fe que, según cuenta, recibió cuando más la necesitaba.
Su hijo atravesaba un problema en la vista y la posibilidad de que pudiera no volver a ver llenaba de preocupación a toda la familia. En ese momento, decidió pedirle al Señor y la Virgen del Milagro que intercedieran por él.
"Le pedí al Señor y a la Virgen del Milagro y me lo cumplió", contó el hombre durante la caminata.
A partir de entonces nació una promesa que mantiene desde hace ocho años. Cada Milagro vuelve a ponerse en camino para agradecer y cumplir con aquella palabra que dio en un momento de desesperación.
Una caminata que va mucho más allá de los kilómetros
Nuestro notero pudo acompañarlo mientras caminaba y conversar con él durante el recorrido. A su lado, entre el frío y el cansancio, el salteño contó su historia y explicó por qué, pese al esfuerzo físico, vuelve una y otra vez a caminar.
La emoción se podía notar en su voz. No hablaba solamente de kilómetros recorridos ni de cansancio: hablaba de su hijo y de una promesa que para él tiene un significado enorme.
Cada paso representa ese agradecimiento.
El frío, el sueño y el agotamiento quedan en segundo plano frente al deseo de llegar y cumplir, una vez más, con lo que prometió hace ocho años.
"Le pedí por mi hijo y me lo cumplió"
La historia de este peregrino resume, en pocas palabras, una de las razones por las que miles de salteños y peregrinos de distintos puntos de la provincia vuelven a caminar cada año hacia la Catedral.
Algunos lo hacen por tradición, otros por una promesa, otros para pedir y muchos para agradecer.
Y mientras avanza, cansado y con frío, hay algo que parece pesar más que cualquier dolor en los pies: la necesidad de agradecer por aquello que alguna vez pidió con desesperación.


