Romerito, el peluquero más querido de Salta, puso en venta las reliquias de su museo
A sus 85 años, Ramón "Romerito" Romero, conmovió a cientos de lectores de Que Pasa Salta.
Hay historias que pegan distinto en Salta. Que no hablan solo de una persona, sino de toda una época. Y eso es lo que pasó con Ramón Romero, "Romerito" para todos, un nombre que quedó grabado en la memoria de generaciones enteras.
A sus 85 años, el peluquero más longevo de la provincia tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: empezar a vender las pertenencias más valiosas de su histórico museo de peluquería. Lo contó sin vueltas, con una mezcla de orgullo y tristeza que atraviesa cada una de sus palabras.
"Lo que me pasa es que yo ya me estoy yendo"
Su historia no es una más. Su peluquería, ubicada en calle Buenos Aires desde 1986, fue durante décadas un punto de encuentro. Antes, entre 1976 y 1986, trabajó en la vieja terminal de ómnibus, donde atendió a clientes de toda la provincia, del norte y hasta de Bolivia.
"Mirá, yo trabajaba muy pero muy bien, se llenaba, se llenaba, se llenaba. Esto, en una palabra, para mí son joyas. Son joyas. Absolutamente".
Cada objeto que guarda tiene una historia. No son simples antigüedades: son recuerdos de una vida entera dedicada al oficio.
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"Todo, todo tiene historia"
Pero el tiempo pasa, y golpea. La pandemia fue un antes y un después.
"Bueno, vino una pandemia y estuvimos casi 4 meses y medio cerrado. No se podía abrir y de ahí se han ido los empleados, se han ido los clientes".
Desde entonces, todo cambió. Hoy trabaja menos, con menos gente, pero sin perder la esencia.
"Nunca he pensado en dejar"
Sin embargo, hay algo que no se puede frenar. Y Romerito lo dice con una sinceridad que emociona.
"Yo ya tengo etiqueta vencida"
En su peluquería hay piezas únicas, recuerdos de clientes que ya no están, objetos que marcaron una época. Incluso conserva reliquias como el sombrero de Julio Espinosa. Todo eso, de a poco, empieza a despedirse.
"Acá Buenos Aires 336... van a encontrar de todo tipo, desde lámparas hasta juegos de taza".
Abrió las puertas para quien quiera llevarse un pedazo de su historia. Acepta efectivo, transferencia, lo que sea. Pero deja una frase que resume todo:
"Porque la antigüedad no es para cualquiera, muy pocas personas que le gustan las antigüedades".


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