La panadería donde viviría el duende del mercado San Miguel
La leyenda cuenta que el duende habitó primero una antigua panadería del centro. Tras la modernización del horno, se mudó al mercado, donde sus travesuras nocturnas desordenaban los puestos y hasta movían vehículos.
Entre los pasillos, aromas y el bullicio del Mercado San Miguel, una leyenda urbana sobrevive al paso de las décadas. No se trata solo de uno de los centros comerciales más importantes de Salta, sino también del escenario de una de las historias más conocidas del casco céntrico: la del famoso duende que habita en su interior.
La historia fue meticulosamente recopilada por el profesor salteño Miguel Ángel Cáseres, quien plasmó por escrito los relatos transmitidos oralmente durante años entre los antiguos puesteros. Según su investigación, el duende no siempre vivió en el mercado. Originalmente, su hogar era la panadería "El Cañón", pero un cambio tecnológico lo hizo emigrar: cuando se reemplazó el horno de barro tradicional por uno moderno, la entidad decidió mudarse. Su nuevo refugio fue una vieja paila dentro del Mercado San Miguel.
Desde su nueva guarida, el llamado "Duende del Mercado" protagonizó todo tipo de situaciones insólitas. Los puesteros contaban que, durante la noche, desaparecían objetos, se escuchaban ruidos extraños y, al amanecer, todo aparecía dado vuelta. No era un mero desorden; el duende parecía disfrutar dejando mercadería en el suelo, cambiando cosas de lugar y generando confusión, sin que nadie pudiera señalar un responsable humano.
La leyenda cobraba detalles más inquietantes: también se decía que tenía una habilidad particular para manejar carros, triciclos de reparto e incluso animales de carga, algo que despertaba temor entre los serenos y policías de la subcomisaría cercana al mercado.
Lo más llamativo del relato es que nadie aseguraba haberlo visto con claridad. Sin embargo, los efectos de sus travesuras eran tan evidentes que pocos dudaban de su existencia. Cáseres describe al duende como un ser que se movía rápido, hacía bromas pesadas y desaparecía sin dejar rastro. Para muchos trabajadores del mercado, era imposible no creer cuando las pruebas aparecían cada mañana.
Años después, la historia sigue circulando entre quienes trabajan o frecuentan el Mercado San Miguel.


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