El pueblo fantasma de Salta que esconde una terrible historia: fue abandonado hace 45 años
A 4.200 metros de altura, un cementerio crece en un pueblo fantasma salteño. La Casualidad guarda una historia tan conmovedora como inolvidable.
En el corazón de la Puna salteña, a 4.200 metros de altura y envuelto en un silencio eterno, yace La Casualidad, un pueblo minero que fue abandonado hace más de cuatro décadas, pero cuyo cementerio sigue recibiendo cuerpos. En este rincón olvidado del mapa, el vínculo con la tierra es más fuerte que la muerte.
Fundado en 1951, La Casualidad fue una comunidad vibrante impulsada por la explotación de la mina Julia, uno de los yacimientos de azufre más importantes de Argentina. En su época de esplendor, llegó a albergar a 3.000 personas, con escuela, cine, teatro, hospital y viviendas. Todo un oasis en medio del desierto.
Sin embargo, en 1979, un decreto del gobierno nacional ordenó el cierre definitivo de la mina. La decisión marcó el principio del fin: familias enteras se vieron obligadas a abandonar el lugar, dejando atrás sus hogares, sus recuerdos y sus raíces. Desde entonces, La Casualidad se transformó en un pueblo fantasma, con ruinas que el viento ha ido desmoronando con los años.
Pero hay algo que sigue creciendo: el cementerio. Cada tanto, llegan vehículos con ataúdes. Se trata de familiares de antiguos pobladores que, por deseo expreso, piden ser enterrados allí, en la tierra donde fueron felices. "Es un vínculo emocional irrompible", confesó un descendiente. Para muchos, no hay paz posible si no es bajo ese cielo puneño.
El documental El Silencio rescata esta historia tan desgarradora como hermosa. Narra el auge y caída de la mina Julia, y da voz a quienes aún sueñan con ese pueblo que fue y ya no es.
Llegar no es fácil: desde la ciudad de Salta hay que tomar la Ruta 51 hasta Olacapato, luego continuar por la Ruta Provincial 27 hacia Tolar Grande, atravesando los salares del Diablo y de Arizaro. El viaje es largo y arduo, pero vale cada kilómetro. Porque La Casualidad no es solo un lugar: es un pedazo del alma salteña que se resiste a desaparecer.


