Cómo fueron las últimas horas con vida del Padre Martearena: la última cena
El crimen, ocurrió en 2001 y estremeció a todos los salteños.
La noche previa a su muerte, el Padre Ernesto Martearena compartió una cena en un restaurante ubicado frente a la parroquia Nuestra Señora de Fátima (Caseros y Junín), donde ejercía como párroco y residía solo. Junto a un colega sacerdote y un abogado amigo, disfrutó de una velada tranquila, sin advertir que vivía sus últimas horas, en un paralelismo inevitable con la "última cena" del relato bíblico: rodeado de afectos, ignorando que uno de sus allegados lo traicionaría.
Esa misma noche, el sacerdote regresó a su casa parroquial. Según consta en la investigación, alrededor de las 2 de la madrugada del lunes, tocaron a su puerta dos personas de su entorno: su ahijado Javier Alanis Colauste, de 21 años, y el monaguillo Marcelo Castillo, de 19 años (en ese entonces). Ambos fueron recibidos sin dificultad debido al vínculo de confianza que mantenían con el religioso.
El padre Martearena en misa.
El ataque dentro de la parroquia
Durante la indagatoria judicial, los acusados reconocieron que se encontraban bajo los efectos de estupefacientes. Una vez dentro de la casa, le habrían exigido dinero al sacerdote. Frente a la resistencia de Martearena, comenzó una violenta pelea. Los jóvenes habrían tomado un cuchillo de la cocina y lo apuñalaron en 18 oportunidades.
Fuentes policiales revelaron que, tras asesinarlo, llevaron el cuerpo hasta el dormitorio del primer piso. Allí intentaron incendiar la habitación utilizando mantas, gasoil y whisky, con la presunta intención de eliminar huellas. Cerraron la vivienda y huyeron alrededor de las cinco de la mañana. La humedad impidió que el fuego se propagara, permitiendo que la escena fuera descubierta por personal de la parroquia.
La fuga y el error que los delató
Los agresores se llevaron apenas cien pesos y una tarjeta del Banco Galicia perteneciente al sacerdote. Con ella, Alanis Colauste intentó retirar dinero, pero el cajero automático retuvo el plástico al introducir una clave incorrecta. Su imagen quedó registrada en las cámaras de seguridad y fue difundida días después en un programa televisivo local.
Trabajadores de la parroquia lo reconocieron de inmediato, lo que permitió su detención en San Salvador de Jujuy. Castillo fue arrestado en su domicilio del barrio Norte Grande. Ambos, por separado, confesaron su responsabilidad en el crimen y sostuvieron que no hubo otros participantes. A raíz de estas declaraciones, quedó en libertad una mujer inicialmente sospechada como encubridora.
El día que el padre Martearena conoció al papa Juan Pablo II en su visita a Salta.
Un crimen que marcó a Salta
La muerte del Padre Martearena causó una profunda conmoción en la comunidad católica salteña. El sacerdote era ampliamente reconocido por su labor social en comedores comunitarios y hogares que asistían a unas dos mil personas. Su compromiso cotidiano con los sectores vulnerables volvió aún más doloroso el impacto de su asesinato y la violenta traición perpetrada por quienes formaban parte de su círculo íntimo.


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