Cómo cambió la forma de hablar sobre violencia de género en las escuelas salteñas
Cuando miles de personas salieron a la calle bajo la consigna Ni Una Menos, las escuelas también comenzaron a transformarse. La ESI ganó espacio, aparecieron protocolos de actuación y una nueva generación empezó a hablar de temas que antes permanecían en silencio.
El 3 de junio de 2015 marcó un antes y un después en la Argentina. La multitudinaria movilización de Ni Una Menos puso en el centro de la escena una problemática que durante años había permanecido invisibilizada: la violencia contra las mujeres.
Ese cambio social también llegó a las aulas.
En Salta, docentes, directivos y estudiantes comenzaron a incorporar debates que antes aparecían de manera aislada o directamente no se abordaban. Conceptos como violencia de género, consentimiento, relaciones saludables, diversidad, acoso o violencia digital empezaron a formar parte de conversaciones que hace una década eran poco frecuentes dentro de las escuelas.
Aunque la había sido establecida por ley nacional en 2006, su implementación fue creciendo de manera progresiva en los años posteriores al surgimiento de Ni Una Menos. Con el paso del tiempo, el Ministerio de Educación de Salta fortaleció capacitaciones, materiales pedagógicos y espacios institucionales destinados a trabajar estas temáticas.
Más que una materia
Una de las transformaciones más visibles fue la manera en que la ESI comenzó a atravesar distintas áreas de enseñanza.
Ya no quedó limitada únicamente a contenidos biológicos o de salud sexual. En muchas escuelas pasó a incluir discusiones sobre vínculos, igualdad, prevención de violencias, derechos y construcción de ciudadanía.
Para miles de estudiantes salteños, la escuela se convirtió además en uno de los primeros espacios donde pudieron identificar situaciones de violencia o encontrar herramientas para pedir ayuda.
Especialistas en educación sostienen que uno de los aportes más importantes de la ESI fue brindar palabras para nombrar situaciones que antes resultaban difíciles de reconocer.
Los protocolos que cambiaron la respuesta de las escuelas
Otro de los cambios importantes fue la aparición de mecanismos formales para actuar frente a situaciones de vulneración de derechos.
En 2019, Salta aprobó un Protocolo de Intervención ante situaciones de maltrato infantil, abuso sexual y violencia de género en espacios educativos. El objetivo fue unificar criterios y brindar herramientas claras para docentes y equipos directivos frente a situaciones complejas.
Desde entonces, la provincia continuó incorporando capacitaciones y actualizaciones vinculadas a la prevención de violencias y la protección de niños, niñas y adolescentes.
La diferencia es significativa: hoy una escuela cuenta con procedimientos establecidos para actuar cuando un estudiante revela una situación de violencia, abuso o vulneración de derechos.
Las nuevas violencias
Mientras que hace once años el foco estaba puesto principalmente en los femicidios y la violencia física, las escuelas hoy enfrentan desafíos que prácticamente no existían en aquel momento.
El ciberacoso, el grooming, la difusión no consentida de imágenes íntimas y distintas formas de violencia digital forman parte de las preocupaciones actuales.
De hecho, en 2026 el Ministerio de Educación de Salta implementó un protocolo obligatorio para el abordaje del bullying y el ciberacoso en instituciones educativas de gestión pública y privada.
La tecnología modificó las formas de relacionarse y también las formas de ejercer violencia, obligando a las instituciones educativas a actualizar permanentemente sus herramientas de prevención.
Una generación distinta
Los adolescentes que hoy cursan la secundaria nacieron cuando Ni Una Menos ya formaba parte de la conversación pública.
Crecieron escuchando hablar de femicidios, violencia de género, derechos y prevención. También atravesaron una escuela que incorporó progresivamente estos temas dentro de su propuesta educativa.
Eso no significa que los problemas hayan desaparecido. Los casos de violencia siguen existiendo y continúan representando una preocupación social. Sin embargo, docentes y especialistas coinciden en que las herramientas para detectarlos, visibilizarlos y abordarlos son hoy mucho más amplias que hace una década.
A once años de aquella primera movilización, el impacto de Ni Una Menos puede verse también dentro de las aulas salteñas. En las palabras que circulan, en los protocolos que existen y en una generación que aprendió a reconocer situaciones que durante mucho tiempo permanecieron ocultas.


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