¿Por qué existe el rechazo a los ingleses? Así nació la usurpación de las Islas Malvinas
El partido contra Inglaterra revive una rivalidad que va mucho más allá del fútbol: evoca la usurpación de 1833, el conflicto bélico de 1982 y un reclamo de soberanía territorial que la Argentina mantiene firme desde hace casi dos siglos.
El cruce entre Argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026 reavivó una rivalidad que trasciende por completo lo deportivo. Para el pueblo argentino, cada enfrentamiento contra el seleccionado inglés evoca de forma inevitable la herida abierta de las Islas Malvinas. No se trata de un simple partido de fútbol; cada vez que ambas camisetas vuelven a cruzarse en una cancha, aflora el recuerdo de uno de los episodios más dolorosos, pero también de mayor orgullo y unidad de nuestra historia nacional.
Aunque la guerra de 1982 profundizó este sentimiento, el origen de la disputa es mucho más antiguo. Para comprender el reclamo argentino, que no nació con el conflicto bélico ni con las hazañas maradonianas, es necesario remontarse al siglo XIX. La soberanía sobre el archipiélago es una política de Estado inquebrantable, consagrada en la Constitución Nacional, que establece la recuperación de nuestras islas por medios pacíficos como un objetivo permanente e irrenunciable.
La ocupación británica de 1833
El 3 de enero de 1833, fuerzas militares británicas desembarcaron en las Islas Malvinas y expulsaron por la fuerza a las autoridades e instituciones argentinas que ejercían la jurisdicción legítima en el archipiélago. La Argentina consideró este hecho, desde el primer momento, como una usurpación flagrante de su territorio, interrumpiendo el ejercicio de los derechos soberanos heredados de España tras la independencia de 1816.
Desde aquella agresión colonial, el país ha reclamado de manera ininterrumpida y en todos los foros internacionales la restitución de las islas. A nivel global, la comunidad internacional respaldó la postura nacional a través de la histórica Resolución 2065 de las Naciones Unidas, aprobada en 1965, la cual reconoce explícitamente la existencia de una disputa de soberanía e insta a ambas naciones a encontrar una solución pacífica mediante el diálogo bilateral; una vía diplomática que el Reino Unido sistemáticamente se niega a reanudar.
El Reino Unido y su expansión colonial
Durante los siglos XVIII y XIX, el Imperio Británico consolidó el mayor sistema colonial de la historia humana, extendiendo sus dominios en América, África, Asia y Oceanía a través del poderío marítimo y militar. Fue en ese contexto de expansión voraz que fijaron sus ojos en las Islas Malvinas, un enclave de incalculable valor geopolítico en el Atlántico Sur.
Con el paso del tiempo, lo que inicialmente era una posición estratégica para las rutas marítimas decimonónicas, se transformó en un punto clave por sus inmensos recursos pesqueros, su proyección energética y por constituir la puerta de acceso natural hacia la Antártida. Mientras que la gran mayoría de aquellos antiguos dominios coloniales británicos lograron su independencia durante el siglo XX, las Islas Malvinas permanecen hoy como uno de los últimos y más anacrónicos vestigios de colonialismo en el mundo.
La guerra que marcó a una generación
En 1982, la dictadura militar que gobernaba el país llevó la disputa de soberanía al terreno bélico, desencadenando la Guerra de Malvinas. El conflicto dejó una huella imborrable en el alma de la patria: 649 soldados argentinos entregaron su vida en defensa del territorio nacional.
Aquel acontecimiento marcó a fuego a toda una generación. Gran parte de las tropas argentinas estaba integrada por jóvenes conscriptos de apenas 18 y 19 años. Eran pibes que, en la primavera de sus vidas, demostraron un coraje descomunal al enfrentar con enorme hidalguía a una de las máximas potencias militares del planeta, bajo condiciones climáticas extremas y en una situación de profunda desigualdad material.
El recuerdo de aquellos héroes y de los caídos es el pilar sagrado de nuestra memoria colectiva. Cada 2 de abril, el país entero se une en un emotivo homenaje a los veteranos. A través de monumentos, escuelas y plazas en cada rincón de la patria, el pueblo argentino mantiene viva la llama de la causa Malvinas, una convicción que trasciende cualquier bandera política o diferencia generacional.
México 1986: la victoria que quedó para siempre
Apenas cuatro años después del dolor de la guerra, Argentina e Inglaterra volvieron a encontrarse en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Aquella tarde calurosa en el Estadio Azteca, Diego Armando Maradona transformó el fútbol en poesía y mística, escribiendo la página más gloriosa de los mundiales. Primero, con la picardía criolla de la "Mano de Dios", y minutos más tarde, esculpiendo el "Gol del Siglo", una obra de arte irrepetible donde dejó en el camino a medio equipo inglés antes de vencer a Peter Shilton.
Los protagonistas de aquel plantel recordaron siempre que el sentimiento por Malvinas flotaba en el aire antes del partido. Aunque el propio Diego aclararía años después que un partido de fútbol jamás debe confundirse con una guerra y que el triunfo representó estrictamente una "revancha deportiva", la carga emocional era inevitable. Para millones de argentinos que aún lloraban a sus caídos, aquella victoria por 2 a 1 tuvo un valor simbólico descomunal: un desahogo histórico que, sin borrar el dolor de las pérdidas, quedó grabado como el triunfo más sagrado del deporte nacional.
El canto que atravesó generaciones
Desde aquellos años, el folklore del fútbol argentino adoptó un grito de identidad inconfundible: "El que no salta es un inglés". Lejos de ser un simple cántico de cancha, el estribillo se convirtió en una expresión popular que aflora cada vez que la Selección sale a defender los colores, reflejando la profundidad con la que esta causa caló en el imaginario colectivo.
A más de cuatro décadas de la guerra, la causa Malvinas no pierde vigencia; por el contrario, se fortalece. Las nuevas generaciones, nacidas mucho tiempo después de 1982, crecieron escuchando el testimonio de los veteranos, respetando sus medallas y aprendiendo en las aulas la verdad histórica y geográfica del reclamo.
Por eso, este partido frente a Inglaterra en las semifinales de 2026 nunca será un cruce más. Más allá de lo que dicte el resultado en el marcador, la cuestión Malvinas representa un juramento de soberanía y un homenaje eterno a quienes combatieron con honor en el Atlántico Sur.
Mientras la Argentina sostiene con firmeza su reclamo por la vía pacífica y diplomática, el recuerdo de nuestros héroes sigue latiendo con un respeto profundo en el corazón de cada argentino, reafirmando una certeza que se hereda de padres a hijos: las Islas Malvinas son, fueron y serán argentinas.



Ingleses, piratas hdp
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