Sociedad

Aldana Noelia Aguirre

Docente

Feminismo no es mala palabra

La rebelión, la reflexión y la educación, nos permite hoy a hombres y mujeres, generar cambios que darán un giro radical a esa historia y nos permitirá empezar a escribir una nueva.

Vivimos cargadas de exigencias: ser buenas madres, hijas, amantes, esposas, estar siempre bellas, ser inteligentes, etc. Históricamente se nos asignó el rol de únicas cuidadoras por excelencia, amorosas y maternales. El poder no es cosa de mujeres y la asistencia a la manada nos caracterizó obligadamente. ¿Pero de dónde salieron esas creencias y mandatos sociales fuertemente arraigados? Haciendo una revisión histórica, desde siempre fuimos una mera posesión de los hombres, algo así como una propiedad más en su haber.

La rebelión, la reflexión y la educación, nos permite hoy a hombres y mujeres, generar cambios que darán un giro radical a esa historia y nos permitirá empezar a escribir una nueva.

La lista de exigencias con las que las mujeres, niñas y adolescentes lidiamos a diario, es interminable...

De tanto dedicarnos a conformar al resto, terminamos solas. Y sí! Las mujeres lideramos los índices de depresión a temprana edad y vamos a terapia a tratar de sanar o solucionar problemas que son colectivos, no individuales.

Afrontar perfectamente los roles sociales que nos obligan implícitamente a ocupar y sostener nos genera agotamiento y enorme frustración si no podemos llegar a esos parámetros de perfección. La vida se vuelve una constante carrera perdida de tratar de conformar a los otros.

A eso tenemos que sumarle la competencia entre mujeres que es parte de esa educación que nos imparten desde pequeña, donde hay que intentar "ser la mejor de o en", algo que claramente puede visualizarse en las redes.

Pero hoy contamos con dos herramientas fundamentales para desarraigar esas prácticas culturales: la educación y los movimientos sociales que promueven la conquista de derechos y concientización de la sociedad.

El feminismo por ejemplo, como colectivo es un movimiento político que tiene una coyuntura y una complejidad. Reclama derechos y busca conquistar espacios de poder, dar ese debate.

La sociedad está educada desde una perspectiva sexual y en ella, las mujeres quedamos relegadas de un montón de espacios importantes, pero también de experiencias y expuestas y más vulnerables a la violencia y desigualdad.Estamos con todas las tareas de cuidados a cuestas. No es sólo la crianza, es también el sostenimiento económico muchas veces y sobre todo la gestión emocional del día a día. Estar ahí, respondiendo, sosteniendo, aguantando, haciendo esfuerzos para disimular situaciones poco amorosas y hasta violentas. Lógicamente tanta carga nos enferma, y pasamos todo ese malestar físico y psicológico en silencio, porque decirlo estaría mal, nos haría ver insuficientes, incorrectas o no merecedoras. La desigualdad de género en la asignación de tareas, en los salarios, en el respeto, en el manejo de lugares de poder de la sociedad, atraviesa regiones, políticas, ideas y, sobre todo, nos une pese a la diversidad en un mismo sentir, en una misma vivencia.

La educación formal y la cultural configura los estereotipos de género como loca, histérica, puta, vividora, ambiciosa, egocéntrica. Un sin fin de comentarios negativos que sufrimos cada vez que luchamos por un espacio.

Desde niñas, nos hacen sentir incómodas en nuestro cuerpo, las críticas siempre apuntan a que nos sobra o nos falta algo. De grandes, nos cuenta llegar a ocupar espacios de poder y si lo conseguimos, hay una sospecha de que "hay un hombre detrás".

Las pioneras en animarse a hacer lo suyo y alzar la voz, sufrieron persecución, exilio, críticas destructivas e infundadas y en el peor de los casos, la muerte.

Sumamos a las causas de igualdad y justicia social y de género cada vez que ponemos la mirada sobre cómo deben ser las

relaciones humanas y revisamos la configuración de todas nuestras relaciones, de los estereotipos con los que nos manejamos, y hacemos autocrítica. Generar espacios de diálogo y confrontación positiva, reflexionar, ser respetuosos, pedagógicos y no buscar simplemente adoctrinar, suma al movimiento colectivo que promueve cambios positivos para el bien común.

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