Salta

Aldana Noelia Aguirre

Docente

Pensemos la pandemia, pensemos la educación

La pandemia no sólo afectó nuestra salud física y mental, sino también nuestra economía a una escala similar a la de una guerra.

La Pandemia nos sorprendió, fue una catástrofe que nos golpeó sin previo aviso, sin darnos tiempo a anticipar una preparación y planificación de una nueva vida familiar, donde todo de repente se nos "amontonó" en el hogar: funciones, roles, actividades, relaciones.

No sólo afectó nuestra salud física y mental, sino también nuestra economía a una escala similar a la de una guerra.

Haciendo una mirada histórica, no es la primera vez que el Sistema Educativo atraviesa una situación como la actual, las sociedades que nos precedieron, atravesaron pestes y epidemias durante las que tuvieron que diseñar estrategias y dispositivos para poder llevar a cabo la tarea de educar.

La Pandemia, como crisis multisectorial, nos hace replantearnos el Currículum y deberíamos cuestionarnos si es este el momento para comenzar a diseñar e introducir cambios que contemplen las nuevas necesidades y objetivos de la sociedad actual seguro varían de las de la época en que este se creó o de como estaba el mundo en su última actualización. Este es tan importante que representa un Proyecto Educativo enmarcado en un modelo de Estado, y hoy en día suenan con fuerza nuevas voces de grupos sociales que antes ni siquiera existían, que después de mucho tiempo de lucha, abren camino a la conquista de derechos. El Feminismo la perspectiva de género, la defensa del medio ambiente, la Educación para La Paz, por nombrar algunos, deberían comenzar a formar parte de la estructura del Currículum.

Continuidad pedagógica y derechos.

La "continuidad pedagógica" es un nuevo concepto que emerge de la pandemia. Para aportar a este debate por estar implicada en él, como docente y como familia, destaco que cualquier proyecto educativo debe promover el respeto por los derechos. Atravesamos un momento de crisis social, económica, sanitaria, laboral, educativa, que trae aparejada fuertes impactos en las condiciones de vida. La continuidad pedagógica refiere a la necesidad de que los actores del sistema educativo, en sus distintos niveles de responsabilidad, establezcan consensuadamente estrategias a implementar para garantizar y/o promover el aprendizaje de los niños en el contexto de bimodalidad que hoy nos toca vivir. Ahora bien, la preparación y la implementación de estas estrategias debe tener en cuenta varios factores y el más fundamental es su carácter limitado al tratarse de la virtualización de parte del proceso de enseñanza y aprendizaje.

La experiencia escolar venía muy cuestionada y vapuleada últimamente, en tiempos de pre pandemia y esta crisis hizo ver la real importancia de la Escuela como Institución y las relaciones humanas que allí se generan y suceden, porque son estos vínculos humanos y afectivos los verdaderos posibilitadores de la construcción de aprendizajes. Son más que relaciones interpersonales, es una triangulación entre docentes, estudiantes y saberes, que no dejan de ser estos últimos tan importantes como los primeros, son la herencia cultural y su selección debería ser lo más amplificada posible.

Con la crisis, re apareció la razón por la cual históricamente la escuela se fue separando estos últimos 200 años de la familia y del trabajo, cuyas funciones se fueron diferenciando poco a poco con un costo social y político alto. Durante la Pandemia estos roles y funciones se apelotonaron, se juntaron y se acomodaron de la forma que cada hogar pudo en la medida de sus posibilidades.

Es en la escuela un lugar único dónde tienen lugar procesos político-pedagógicos que constituyen verdaderos andamiajes del desarrollo de los niños y jóvenes y que se convierten en sostenes estructurales cotidianos de sus vidas. Son los vínculos que establecen con los adultos y con pares, y que habilitan construcción colectiva y significativa de conocimientos y sin los que, es muy difícil esta construcción. Es la escuela un territorio donde se crea día a día una trama de vínculos (político- pedagógico-afectivos) que posibilitan el aprendizaje social y cultural, entonces...ante esta realidad incuestionable y la realidad angustiante que viven muchos docentes de sentirse en peligro, ¿qué opciones de elección le quedan a la comunidad educativa? El desafío de hoy en día es educar, intentar construir aprendizajes limitando esos vínculos, ya sea por el tiempo, por el espacio o por ambos.

En este aspecto cabe destacar que el accionar docente fue muy banalizado y burlado por distintos actores sociales y medios, sin tener en cuenta que tuvieron que diagramar una enseñanza virtual y /o bimodal, sin tener previa formación y capacitación en la materia y expuestos a la crítica destructiva de la sociedad.

Las pautas de cuidado incluso limitan el lenguaje corporal de los niños y es un gran trabajo pensar, diseñar, diagramar como continuar esa tarea sin excluir a nadie, más allá de sus singularidades y de sus particulares circunstancias. Nos preguntamos:

¿Qué tipo de continuidad pedagógica están pensando y promoviendo desde los niveles más altos de responsabilidad educativa? ¿Qué procesos entendemos como docentes que tenemos que promover en el marco de la bimodalidad? ¿Cómo se organiza el intento de acompañar pedagógicamente a los estudiantes? ¿Qué estrategias utilizamos para enseñar aprendizajes académicos sin dejar de enfocarnos en un acompañamiento afectivo limitado por los pocos días de presencialidad? ¿Cómo reforzamos la transmisión cultural, lo lúdico, y el intercambio acerca de las emociones que esta situación trae? Lo que sí sabemos es que cualquier proceso de acompañamiento pedagógico fracasará y será poco eficaz sin vínculo afectivo.

Además nos preocupan las condiciones de los estudiantes para desarrollar las propuestas y apropiarse de las mismas: ¿poseen computadora y conexión a internet? ¿Sus familias están en condiciones de mediar entre las propuestas didácticas y los aprendizajes de los niños? ¿Es legítimo pedirles actuar como mediadores? Acá aparece con mucha fuerza el rol docente como mediación en la construcción de los aprendizajes. Por fuera de las condiciones posibles de hacerlo o no hacerlo: ¿es legítimo esperar que las familias asuman ese rol? Creemos que no en relación a los contenidos que se está esperando que trabajen en las casas. Si bien cada familia asumirá ese rol en la medida de sus posibilidades, pensamos que es profundamente ilegítimo y antidemocrático hacer recaer sobre ellas la responsabilidad de los aprendizajes. Hacerlo podría favorecer la autoculpabilización de las familias que no pueden asumir el rol de mediadoras. De nuevo aquí serán los sectores sociales más postergados de nuestra sociedad quienes llevarán todas las de perder, profundizándose desigualdades que la escuela intenta reparar desde las distintas funciones que desarrolla como institución.

Una cosa es que las familias acompañen ese proceso de aprendizaje y vuelvan a ocupar ese lugar del que se habían alejado por las diferentes vicisitudes de la vida, y otra muy diferente es que sustituyan a los docentes y deban ocupar ese rol.

El vínculo entre las familias y los estudiantes como facilitadores de ese proceso, es un hábito que forzosamente resurgió y que vale la pena sostener post pandemia, cuando llegue ese momento de estar en la escuela, como antes pero mejor.

Entonces con claridad vemos como con determinadas situaciones extremas como estas, aprendemos a valorar lo hecho, pero también podemos ver con claridad lo que falta hacer.

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