Opinión

Aldana Noelia Aguirre

Docente
Coronavirus

Educación en Pandemia: El desafío de la bimodalidad

Según resultados de encuestas realizadas por diferentes organismos, un 83% de estudiantes de primaria y secundaria, manifiesta querer volver a la escuela presencial.

Múltiples reflexiones surgen en torno acerca del privilegio del vínculo humano en el espacio escolar y el cambio obligado que debe darse hoy por la pandemia.

No es algo nuevo decir que las escuelas funcionaban mal desde antes, porque tienen que hacer "lo que pueden" con los escasos recursos humanos y didácticos con los que cuentan. A esta realidad compleja se sumó ahora el reto de la educación mixta o la bimodalidad que están llevando a cabo las escuelas y los estudiantes.

Ante una situación difícil, con un alarmante, exponencial y creciente número de casos y víctimas, nadie pensó nunca en tener en cuenta la opinión de los niños y niñas a la hora de tomar decisiones al respecto, desatendiendo así sus necesidades y deseos en este particular momento, aún cuando la Convención de los Derechos de los Niños y Niñas expresa en su artículo N 12 que: "deben considerarse las opiniones de los infantes cada vez que se tomen decisiones que los afecten".

No es una novedad decir que un gran sector de la población quedó "afuera" de la virtualidad, ya sea por falta de dispositivos o de conectividad.

Nuevamente, la falta de recursos afectó directamente a un sector de la sociedad y lo excluyó de un derecho tan importante como la Educación. Sin embargo, cabe destacar, que la Pandemia nos dejó este último como derecho adquirido, pasando a ser el acceso a internet, reconocido como un servicio esencial.

En los últimos tiempos hemos asistido a cambios estructurales en los modos de concebir el acto educativo, el cual, cuando se instituyó en la vida cotidiana, dio origen a una relación, un vínculo, un lazo humano, donde la presencialidad y el "cara a cara" generó a lo largo de la historia múltiples análisis y teorías, convirtiéndose en sistemático en casi todos los países del mundo. Los componentes de la famosa triada didáctica: docente -alumno- conocimiento, tan antiguos como la práctica misma. O los aportes de las perspectivas sociológicas y antropológicas posteriores a la crítica funcionalista, estudios que significaron un verdadero avance en la Ciencia de la Educación y en las prácticas educativas concretas, retroalimentándose práctica y teoría mutuamente.

Contrariamente a este sistema enraizado, la educación virtual creció en forma lenta pero continua en los últimos años, abriendo posibilidades y coartando otras en los procesos de enseñanza - aprendizaje. La Pandemia empujó a la humanidad a mudar la forma, la naturaleza, el escenario y en fin, casi todos los aspectos más intrínsecos de esta actividad educativa tal y como la conocemos: en su distribución del tiempo y del espacio, las formas de organización del conocimiento a los fines de su enseñanza; las modalidades de evaluación, promoción y acreditación de los estudiantes.

En este presente tan imponente, se ha cristalizado de manera global y convergente la bimodalidad: la modalidad histórica presencial y la modalidad virtual, fundidas. Esta nueva forma escolar llegó para quedarse y se dio de una manera drástica y sin mucho espacio para ordenar y aclarar las fuertes mutaciones a nivel de estructura psíquica.

En este contexto vertiginoso, nos quedamos con la pregunta abierta acerca de si la escuela como dispositivo social que ha cumplido históricamente funciones de contención y socialización, está siendo capaz hoy en día de llevar adelante esta heroica tarea, que convengamos es, quizá, la tarea más difícil de todas.

En relación a esto, se considera necesario conocer la mirada de algunxs estudiantes a través de encuestas y las mismas revelaron que el 83% SÍ quiere volver a la escuela, mientras que al 17% NO le gustaría hacerlo. No es un dato menor si nos damos cuenta que se privilegian los vínculos humanos en el acto educativo: con sus pares cuando se argumentan los

Para quienes respondieron que SÍ, en primer lugar la motivación está dada por el encuentro con los/las amigos/as (65%), en segundo lugar se menciona el aburrimiento en la casa (32 %) y casi emparejado el hecho de que "les gusta aprender" (28%).

La realidad muestra que los alumnos están agotados, sobre exigidos y presentan quejas constantes sobre la gran cantidad de tareas en formato de cartillas y Trabajos Prácticos que se ven obligados a hacer para acreditar etapas del proceso, con contenidos que muchas veces nada tienen que ver con su realidad, generando se un abismo entre la escuela y la vida.

La situación cambiante reclama el ascenso a un estadio nuevo en la humanidad, que solo posible a partir de una construcción cooperativa. Sabemos que el vínculo presencial en la escuela es irreemplazable. Con mayor fuerza, cuando las condiciones socio- económicas no pueden ni siquiera garantizar la participación del suceso educativo, de ese momento único, tenemos una gran tarea los docentes, el desafío histórico de acompañar estos procesos de transformación social: el de crear un diálogo con los educandos para empezar a nombrar este nuevo mundo.

Se debe reflexionar y analizar constantemente de qué manera los nuevos entornos digitales permiten profundizar las oportunidades de comprensión de temas complejos, así como qué herramientas ofrecen las nuevas tecnologías para atender las necesidades de los estudiantes y cuáles son los dispositivos de comunicación que más colaboran a enriquecer los aprendizajes de los alumnos.

Focalizarse en el qué, el cómo y también en el cuándo, ya que estos tres pilares, de algún modo, con la llegada de la tecnología, se han ampliado.

El cambio educativo será el resultado del impulso colectivo de los profesionales de la educación, el estado y las comunidades educativas, un proyecto común que exige actuar de manera holística, sobre los contenidos y los curriculums, sobre la evaluación, sobre las prácticas de enseñanza y aprendizaje, sobre la cultura organizacional, sobre los espacios y las infraestructuras, fomentando el liderazgo y los valores, impulsando el trabajo en red y la conexión con los contextos. Ha llegado el momento de asumir nuestra responsabilidad individual y nuestro compromiso colectivo. No necesitamos más reformas, necesitamos transformar la educación.

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