Salta

Daniel Murillo

Periodista

El hombre también debería poder "abortar"

Luego de la aprobación de la interrupción legal del embarazo en nuestro país, cabe una reflexión que ya intenté hacer en redes y fue rebatida, por sectores feministas, con planteos ridículos dignos de un pichón de Suriani.

Estimo que aquellas reacciones con mirada sesgada, fueron propias de la euforia de una lucha recién ganada, por lo que abro nuevamente el debate acerca del derecho que debe tener el hombre a desvincularse legalmente de un niño por nacer.

Ya estará ud. madre soltera puteándome porque el padre de su hijo los abandonó hace más de diez años y le esquiva al pago de la cuota alimentaria cual Burrito Ortega sin que la justicia lo pueda alcanzar. Ni hablar del vínculo emocional y afectivo que no puede ser obligado por la ley... pero las injusticias históricas cometidas por los deudores alimentarios o padres insensibles, no pueden ser el justificativo para generar nuevas asimetrías.

El derecho ganado por las mujeres a dejar de ser criminalizadas por no querer ser madres e interrumpir sus embarazos, es para quien escribe indiscutible sin bemoles ni matices.

El contexto legal tal cual quedó plasmado, permite a una mujer unilateralmente, es decir, más allá de la opinión del hombre que participó de la inseminación, interrumpir la gestación (y me parece perfecto). Prima ahí el hecho de ser la dueña del cuerpo que lleva el feto y así debe ser.

Sin embargo, el hombre, en caso de no querer seguir adelante con un embarazo, y obviamente ajeno a la decisión del cuerpo gestante, puede ser obligado por la ley a proveer alimento a ese niño del que él no quiso ser padre, durante 25 años.

Es decir, si la maternidad debe ser deseada, la paternidad también. Entiendo entonces, que los hombres deben ser contemplados a la hora de decidir si quieren ser parte o no de la vida de un niño que una mujer, unilateralmente, decide traer al mundo.

Mi idea es que una mujer que decide ser madre, puede o no demandar el acompañamiento del padre ante el estado. Profundicemos: puede la mujer querer ser madre sola y no consignar quien es el padre (sin derecho a reclamar alimento a nadie); puede una mujer asentar quién cree que es el padre y exigir que responda a sus obligaciones; y puede el hombre, en una ventana similar a las 14 semanas que tiene la mujer para decidir un aborto, elegir no participar de ninguna manera de la vida de ese niño por venir. Queda claro que se trata de una desvinculación prenatal que obviamente no contempla a quienes decidieron tener un hijo obligándose a mantenerlo el tiempo que mandan las leyes.

Así como fue nefasto obligar a las mujeres históricamente a ser madres, resulta cuando menos ridículo sino violento, obligar a un hombre a un aporte económico de un cuarto de siglo con la sola prueba de un ADN compatible.

Este derecho que nadie mencionó en el debate que se dio en el congreso tal vez tenga que adquirirse por otra vía. Puede que en mi planteo haya muchas carencias técnicas, pero la cuestión de fondo me parece indiscutible.

Será mejor para todos que podamos decidir si ser o no padres o madres. No sólo por el derecho que debe exigir el hombre y el que ya consiguió la mujer, sino por el bienestar de los niños por venir. Si vas a criar a un niño sola, es mejor que lo sepas de antemano puesto que la justicia no logra obligar a todos los padres a hacerse cargo se las obligaciones que tienen para con sus hijos.

Creo incluso que, si te dieron la oportunidad de desvincularte y no lo hiciste, las penas por no hacerte cargo de las obligaciones que implican haber decidido ser padre, deberían ser mucho más graves.

Con todo, apelo a que los legisladores nacionales por Salta tomen la inquietud, la analicen y enmienden esta indefensión del hombre frente a la decisión de un tercero.

Daniel Murillo

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