Opinión

Francisco Laiseca

Periodista
Desafíos para el futuro

El 2021 debería ser el año de la doble jornada escolar

Debemos poner en marcha una revolución necesaria: la doble jornada de escolaridad para todos los alumnos salteños.

Por la mañana, que los chicos reciban las clases tradicionales de la currícula y que por la tarde puedan elegir entre practicar deportes, desempeñar alguna actividad cultural, aprender idiomas o participar en capacitaciones sobre tecnología y nuevos oficios, entre otras opciones.

Cristina Hisse, investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional, afirma que existen evidencias de que en los chicos que participan de prácticas artísticas, expresivas y deportivas, algo muy poco frecuente en los sectores más postergados, se fortalece la autoestima y se gana en seguridad personal, generándose otro tipo de vínculo con el aprendizaje, lo que favorece sin duda alguna un mejor desempeño en general.

Avanzar en este sentido es avanzar en una verdadera igualdad de oportunidades.

¿Pero cómo vamos a tener doble jornada si los colegios están abarrotados con diferentes turnos todo el día, desde la mañana hasta la noche?

La solución es construir un programa de trabajo posible entre todos. Desde el Ministerio de Educación sumando a las universidades, los clubes y a los espacios culturales. Sin dudas también es indispensable el compromiso de los padres y tutores como actores centrales de la comunidad educativa que contiene a los chicos.

Se deben sumar los talleres de capacitación profesional, los institutos de idiomas y los centros vecinales.

Son muchas las instituciones que pueden aportar a la formación para el futuro de los chicos. Incluso, como sucede en países laicos y liberales, como Estados Unidos o Canadá, pueden sumarse las parroquias de diferentes cultos que ofrecen actividades para la comunidad en la mayoría de los barrios salteños. Siempre bajo una estricta dirección, acompañamiento y control por parte de los padres, las autoridades educativas de las escuelas y el Ministerio de Educación.

Sin dudas es un desafío complejo para coordinar, pero no imposible: se puede comenzar al menos con tres días a la semana de doble escolaridad. Extender los horarios habituales e incorporar nuevas actividades pedagógicas es el primer paso: la jornada actual en primaria es de 4 horas, ¿no podemos empezar llevándola a 6?

Se deben generar convenios entre instituciones públicas y privadas, motorizar subsidios e inversión en materia de infraestructura y diseñar un programa universal de becas, para que los padres junto a los chicos puedan buscar las instituciones que se adapten a sus necesidades.

Revolucionar la educación es fundamental para no quedarnos atrás en el mundo que se viene. Ya no basta con saber leer o escribir, el futuro exige que los jóvenes tengan la capacidad de operar las nuevas tecnologías para no caer en el analfabetismo.

Lo que estamos diciendo no es una locura ni una idea loca que recién se nos ocurre. Desde hace más de una década, las leyes de Financiamiento Educativo y de Educación Nacional establecen que la jornada extendida -el doble turno- es obligatoria para todas las escuelas primarias estatales del país.

En Salta, la ley que incorpora la jornada doble está vigente desde el año 2013.

Sin embargo, de 1502 establecimientos que hay en nuestra provincia, solamente en 66 se cumple con la jornada extendida. Además, únicamente está destinada a los alumnos de 6° y 7° grado.

La educación pública (y también privada) sufrió un duro golpe en 2020 a raíz de la pandemia. Y si bien tanto alumnos como padres y docentes hicieron un gran esfuerzo con las clases virtuales, lo cierto es que no se pudo cumplir con las metas pedagógicas establecidas.

Según un estudio de UNICEF, al menos la mitad de los salteños que ingresan a la primaria nunca terminan la secundaria. El actual ministro de Educación de Salta, Matías Cánepa, lamentó cuando asumió el cargo que 1 de cada 2 chicos salteños abandonan el colegio.

Es hora de tomarnos la educación como una verdadera cuestión de Estado. No interesa en este momento buscar culpables y responsables de la situación a la que llegamos. Esa es otra discusión.

Lo que necesitamos ahora es dejar de hablar tanto y hacer más. Ningún país del primer mundo logró desarrollarse sin primero lograr que toda la sociedad tenga la oportunidad de acceder a una educación de excelencia.

La doble jornada va en ese camino. Los chicos se van a entusiasmar, van a aprender más y mejores contenidos. En definitiva, van a estar mucho más preparados para enfrentar los complejos desafíos que plantea el mundo del futuro.

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