Política
Memoria, verdad y justicia

La MEMORIA no se pone en cuarentena

El virus asesino que infectaba a militares, sectores empresariales, civiles y parte de la Iglesia sigue existiendo, pero también muta. Aunque hoy no nos vean, vamos a salir a abrazarnos pronto.

Hoy es 24 de marzo de 2020 y es muy difícil contener las ganas de salir a la calle a marchar con las Madres, los Hijxs y las Abuelas. Las calles y las plazas han sido y serán los lugares de encuentro para abrazamos en estas fechas. Pero este año, es un año particular.

Voy a empezar diciendo que estas dos palabras juntas (me) chocan: AISLAMIENTO SOCIAL. Nunca pensé que respetar algo así podría ser una manera de cuidarnos, pero la vida nos propone nuevos desafíos y nuevas perspectivas para enfrentarlos. Quizás sea este un buen momento para poner en valor nuestras libertades de circulación (algunxs ya lo estarán sintiendo en el cuerpo) y el carácter social de la humanidad. 

Hoy no es un simple feriado, y aunque por causalidades de mi vida mis pies no pisen tierra Argentina esta vez, hoy es el día indicado para pensar, escribir y llorar sobre esto. Hoy, la marcha va por dentro porque LA MEMORIA NO SE PONE EN CUARENTENA.

Lo que estamos viviendo en el mundo, con algunos días más o menos de diferencia en los procesos, más o menos cantidades de infectadxs, escalas en las medidas de emergencia o distinta capacidad de respuesta de los sistemas de salud dependiendo del país y sus recursos. Esto, lo tenemos que atravesar con (y como) humanidad, más allá de las fronteras físicas que hoy se encuentren cerradas.

Para lo que no encuentro una explicación científica o biológica que me calme la cabeza es para intentar entender, si es que eso es posible, aquel virus, el del 76, ese virus que incitaba a matar a quienes pensaban diferente. Aquel virus que se reproducía en torturas físicas y psicológicas, secuestros, privación de libertades, violaciones y robo de bebés recién nacidos. Aquel virus que atacaba uno de los derechos fundamentales de las personas: el derecho a la identidad.

Saber que todavía existen en Argentina entre 300 y 400 personas nacidas entre el 75 y el 80 que no saben quienes son, a quienes se les negó y aún se les niega la verdad sobre sus orígenes, me pone la piel crespita. Y saber que todavía hay gente que los y las buscan con amor después de tantos años me conmueve. Abuelas, madres e hijes que lxs buscan con la única vacuna que lxs puede salvar: la de su verdadera identidad.

 Esta no es una vacuna cualquiera, es una vacuna muy especial: no puede producirse en masa, existen tantas fórmulas como seres humanos, y lo más importante, no pertenece ni pertenecerá nunca a ningún laboratorio. Estoy segura de lo que escribo porque la identidad, tanto individual como colectiva, se construye y reconstruye.

Aunque no haya se haya encontrado una explicación biológica o científica para aquel virus asesino (¿Quizás así nos ayudaría a comprenderlo? ¿Se llega alguna vez a comprender algo así?). Aunque "lxs infectadxs" no se hayan comido ningún murciélago, no se hayan dado la mano ni estornudado sin taparse la boca, ese virus, también se contagia.

El virus asesino que infectaba a militares, sectores empresariales, civiles y parte de la Iglesia sigue existiendo, pero también muta. Existe cada vez que la justicia es cómplice de los poderosxs de turno o cuando las cárceles se llenan de pobres; existe cuando se niega el derecho a decidir sobre los propios cuerpos y cuando se construyen muros que sectorizan a nuestro pueblo por categorías de ciudadanxs. 

Ese virus, existe cuando la policía te pide documentos por portación de rostro, cuando acosan constantemente a mujeres y trabajadorxs mientras liberan a violadores y femicidas. Ese virus, tiene su caldo de cultivo en la corrupción de nuestros representantes, empresarixs y funcionarixs públicos.

En cada pequeño acto de injusticia que pretendemos no ver, no oír, no participar se reproducen los virus que ayer y hoy intentamos combatir.

Llevamos 44 años exigiendo más Memoria, más Verdad y más Justicia. Yo, nacida en el 86, marcho desde que tengo uso de razón y ejercicio de mi libertad política. Quiero que sepan que hoy 24 de marzo de 2020 seguimos gritando que fueron 30.000 y aunque hoy no nos vean en las calles, vamos a salir a abrazarnos pronto. Aunque hoy no nos vean en las calles seguimos marchando desde adentro porque la MEMORIA no se pone en cuarentena.

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