La historia detrás de Gilda: por qué sus seguidores la consideran milagrosa tras su muerte
Gilda es uno de los casos más fuertes de Argentina, ya que después de su muerte, sus canciones trascendieron generaciones y miles de personas comenzaron a atribuirle milagros.
Hay personas que mueren y quedan en el recuerdo. Y hay otras que, de alguna manera, parecen empezar una segunda vida después de la muerte.
La historia argentina está llena de figuras que, con el paso de los años, dejaron de ser simplemente famosas para transformarse en mitos, íconos culturales, símbolos populares o figuras de culto.
Gilda es quizás uno de los ejemplos más particulares.
Este 7 de septiembre se cumplen 30 años de su muerte. La cantante tenía apenas 34 años cuando murió en un accidente sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Sin embargo, su desaparición física no significó el final de su historia: para miles de seguidores fue, justamente, el comienzo de otra.
Gilda: de cantante popular a santa pagana
Durante su vida, Gilda ya había conseguido una importante popularidad dentro de la música tropical. Pero después de aquella tragedia su figura tomó una dimensión completamente diferente.
Con el tiempo aparecieron testimonios de personas que aseguraban haber recibido favores o milagros después de pedirle ayuda. También comenzaron a multiplicarse las visitas al lugar donde ocurrió el accidente y los objetos dejados por sus seguidores.
Flores, cartas, fotos, estampitas, radiografías, alianzas y distintos recuerdos comenzaron a formar parte de un verdadero santuario.
La devoción llegó a tal punto que Gilda comenzó a ser considerada por muchos de sus seguidores como una santa popular, aunque nunca haya existido una canonización oficial de la Iglesia.
La propia historia de la cantante alimentó esa construcción. Algunos relatos sobre supuestos milagros comenzaron a circular de boca en boca y se incorporaron a la identidad que sus seguidores construyeron alrededor de ella.
La muerte había convertido a una cantante en algo mucho más grande.
Como describió LA NACION en un perfil sobre la artista, después de aquella tragedia "había muerto la mujer y nacido el mito".
Pero no todos los mitos necesitan milagros
El fenómeno también puede verse desde un lugar completamente diferente.
Uno de los ejemplos más argentinos de los últimos años es Ricardo Fort.
El empresario y mediático murió el 25 de noviembre de 2013, a los 45 años. En vida había conseguido una enorme exposición televisiva, pero también había generado críticas, burlas y una infinidad de memes.
Después de su muerte ocurrió algo inesperado.
Su figura comenzó a ser recuperada por nuevas generaciones que, en muchos casos, ni siquiera habían seguido su carrera cuando estaba vivo.
Sus frases, sus gestos, sus extravagancias y sus apariciones televisivas empezaron a circular nuevamente en redes sociales. El personaje fue resignificado y apareció una nueva manera de recordarlo: "El Comandante".
Lo que durante años había sido visto como excentricidad terminó transformándose en parte de una identidad cultural propia.
Sus frases se volvieron memes. Sus videos volvieron a aparecer. Sus fotografías comenzaron a circular como piezas de culto y su personaje fue reivindicado por una generación que convirtió sus momentos televisivos en contenido permanente.
Incluso años después de su muerte, las redes continúan recordándolo y sus latiguillos forman parte del lenguaje de internet argentino. Llegó a establecerse como un verdadero ícono de la cultura pop argentina.
Cuando morir transforma la manera de recordar
Algo similar ocurrió con otras figuras populares argentinas que murieron jóvenes o en circunstancias trágicas.
Carlos Gardel se convirtió después de su muerte en una figura prácticamente inmortal del tango. Rodrigo Bueno quedó convertido en uno de los máximos símbolos del cuarteto después de su muerte en 2000.
La tragedia parece tener, en determinados casos, un efecto particular sobre la memoria colectiva.
La persona deja de producir nuevas historias. Ya no envejece, no cambia de opinión, no tiene nuevas apariciones y no puede modificar la imagen que construyó.
Entonces comienza otra etapa: la sociedad empieza a reconstruir al personaje desde sus propios recuerdos.
Y ahí aparecen los mitos.


