No tenía entradas para ver el partido y terminó hablando con los jugadores de la Selección
Nacho tiene 23 años y llegó a Estados Unidos junto a sus amigos para alentar a Argentina. Tras la agónica clasificación ante Egipto, quedó en el lugar indicado y vivió un momento inolvidable.
Lo que comenzó como un viaje entre amigos para cumplir el sueño de vivir un Mundial terminó convirtiéndose en una historia que parece sacada de una película. Nacho, un argentino de 23 años, viajó hasta Atlanta para acompañar a la Selección Argentina y terminó compartiendo casi una hora con los jugadores después del triunfo ante Egipto.
El joven llegó a Estados Unidos con la ilusión de ver a la Scaloneta, pero había un problema: todavía no tenía entradas para el partido. La esperanza apareció sobre la hora, cuando un amigo logró conseguir los tickets mientras el encuentro ya estaba por comenzar.
"Estuvimos hasta el último momento esperando que salga todo bien. Pudimos conseguir entradas para los que viajamos a Atlanta y fue una fiesta desde el primer momento", contó.
Del estadio al encuentro con los campeones
Pero la historia no terminó con el pitazo final. Nacho decidió quedarse un rato más en el estadio y, mientras algunos jugadores se acercaban a saludar a sus familiares, tuvo la oportunidad de acercarse al plantel.
El joven logró sacarse fotos con varias figuras de la Selección, entre ellos Julián Álvarez, Enzo Fernández, Lautaro Martínez, Dibu Martínez, Nicolás Otamendi, Alexis Mac Allister, Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico, entre otros integrantes del equipo.
"Me faltó volver a sacarme con Messi, el mejor de todos los tiempos", contó entre risas.
Uno de los momentos que más lo marcó fue poder conversar con Julián Álvarez.
"Pude hablar un rato más con Julián, que para mí es el mejor nueve que tuvo Argentina en toda la historia. Pero hablé un poco con todos, siempre respetando el momento que estaban viviendo con sus familias", relató.
Además, destacó la humildad del plantel y la cercanía de los jugadores después de una noche cargada de emociones.
El encuentro duró cerca de una hora y, según contó, fue difícil despedirse.


