El verdadero significado del "diablo" que desata la locura del Carnaval
Representado por un muñeco de trapo, este espíritu ancestral simboliza el juego, el sol y el fin de las inhibiciones durante la mayor festividad andina.
El Carnaval en el norte argentino no se vive como en otras provincias. En Jujuy, la Quebrada y los pueblos andinos, la celebración tiene raíces profundas que mezclan tradición indígena, ritual agrícola y expresión popular.
Para los jujeños, el alma de la fiesta es el Pujllay, palabra quechua que significa "jugar". No es el demonio castigador del imaginario cristiano. Es todo lo contrario: representa la alegría, la picardía y la energía que sale de la tierra para liberar lo que durante el año se reprime.
El diablo que no es maligno
En Jujuy, la imagen del diablo no asusta: convoca. Simboliza el sol, la fertilidad y el espíritu que fecunda a la Pachamama. Según el mito local, el ciclo del Carnaval nace y muere con él.
El sábado de desentierro, cuando el Pujllay es liberado del mojón, comienza el tiempo del "descontrol permitido". Durante esos días, desaparecen jerarquías sociales, se borran diferencias y todos bailan bajo la misma consigna: disfrutar.
El ritual del mojón y el muñeco enterrado
El espíritu del Carnaval se representa con un pequeño muñeco de trapo que fue enterrado el año anterior. Suele estar vestido de rojo, con lentejuelas, y permanece oculto en el mojón, un altar de piedras en los cerros.
Antes de desenterrarlo, la comparsa pide permiso a la Pachamama. Se realiza la chaya del mojón con bebidas alcohólicas, hojas de coca y cigarrillos encendidos para que la Madre Tierra "fume".
Cuando el muñeco es alzado por los Diablos Mayores, estallan las bombas de estruendo y suenan las anatas. Ahí empieza oficialmente el Carnaval.
El disfraz: identidad y anonimato
El Pujllay también vive en quienes se disfrazan. El traje del diablo jujeño tiene cuernos, lentejuelas y pequeños espejos. No son un adorno más: sirven para reflejar y espantar energías negativas.
La regla es clara: nadie debe ser reconocido. El rostro se cubre con máscara de alambre tejido y la voz cambia a un tono agudo para ocultar la identidad. El grito "¡Soltame Carnaval!" invita a bailar, beber y entregarse al festejo colectivo.


