Argentina legalizó los vapers: por qué siguen prohibidos en países vecinos y qué riesgos advierten
El Gobierno levantó una restricción de más de 15 años, pero en la región varios países mantienen la prohibición. Qué dicen los especialistas sobre la salud y por qué crece la preocupación por los jóvenes.
Argentina decidió dar un giro fuerte en su política sanitaria al levantar la prohibición sobre los vapers y habilitar su importación, venta y publicidad, una medida que no solo reconfigura el mercado local sino que también abre un debate que ya está instalado en toda la región.
El vapor ya es parte de la escena cotidiana: aunque estaban prohibidos, los vapers nunca dejaron de circular y ahora entran en una nueva etapa con su legalización.
El cambio no pasó desapercibido porque, mientras en el país se avanza hacia la regulación, gran parte de América Latina sostiene posturas mucho más restrictivas, lo que expone un contraste evidente en la forma de abordar un fenómeno que creció incluso en contextos de prohibición.
El cardiólogo salteño Sebastián Schanz lo planteó con claridad al analizar el escenario: "La política prohibicionista generó descontrol. Todos vimos a jóvenes consumiendo vapers como si fueran inocuos, incluso con una supuesta prohibición vigente", describiendo una realidad que también se replicó en distintas provincias del norte.
Un mapa dividido en la región
El escenario en América Latina muestra un mapa fragmentado, donde países como Brasil, México y Uruguay mantienen restricciones severas o directamente prohíben la comercialización de vapers, apoyados en una lógica preventiva que busca evitar la expansión del consumo, especialmente entre adolescentes.
En esos casos, el argumento central gira en torno a la salud pública y al riesgo de habilitar productos que, aunque diferentes al cigarrillo tradicional, siguen vinculados a la adicción a la nicotina y a efectos que aún no están completamente estudiados a largo plazo.
Argentina, en cambio, eligió un camino distinto al avanzar hacia un esquema de regulación que intenta ordenar un mercado que durante años funcionó en la informalidad, con productos sin control, sin certificación y con una circulación mucho más extendida de lo que indicaba la normativa vigente.
Por qué algunos países los prohíben
Las decisiones de los países que mantienen la prohibición no son aisladas ni responden únicamente a una postura ideológica, sino que están vinculadas a la falta de evidencia concluyente sobre los efectos a largo plazo y al fuerte crecimiento del consumo en jóvenes, impulsado en gran medida por estrategias de marketing, sabores atractivos y una percepción errónea de que vapear no genera riesgos.
Colores, sabores y diseño atractivo: una de las claves que explican por qué los vapers crecieron fuerte entre los más jóvenes y encendieron las alertas sanitarias.
En ese sentido, Schanz advirtió que la historia del cigarrillo tradicional deja una enseñanza clave, ya que durante décadas se subestimaron sus efectos hasta que la evidencia científica fue contundente, algo que hoy todavía no ocurre con los dispositivos electrónicos.
"Para demostrar los daños del cigarrillo pasaron cincuenta años. Con los vapeadores todavía estamos construyendo evidencia", explicó, dejando en claro por qué muchos países prefieren sostener una postura restrictiva frente a la incertidumbre.
¿Son menos dañinos? La clave del debate
Uno de los ejes centrales de la discusión está en el nivel de daño que generan estos dispositivos en comparación con el cigarrillo convencional, ya que los vapers funcionan a temperaturas considerablemente más bajas, lo que reduce la combustión y, en consecuencia, la generación de sustancias tóxicas.
El contraste que marca el debate: el vaper reduce la combustión frente al cigarrillo, pero mantiene la nicotina y el riesgo de adicción, en el centro de la discusión sanitaria.
Este punto es el que impulsa a algunos sistemas de salud a considerarlos como una herramienta de reducción de daños, especialmente en fumadores adultos que no logran abandonar el consumo.
Sin embargo, el propio especialista remarcó que esa diferencia no debe interpretarse como una garantía de seguridad, ya que la presencia de nicotina mantiene intacto el componente adictivo.
"No puedo decir que esto sea inocuo. Sigue siendo adictivo y eso ya es un problema en sí mismo", advirtió, marcando el límite de este tipo de dispositivos dentro del debate sanitario.
El riesgo que preocupa en Salta
Más allá de la discusión internacional y de las comparaciones entre modelos regulatorios, en Salta el fenómeno ya venía creciendo incluso bajo prohibición, con un acceso fácil a vapers en ámbitos informales y un aumento visible del consumo en adolescentes.
La legalización, en este contexto, abre un interrogante concreto sobre si el nuevo marco servirá para ordenar la situación o si, por el contrario, facilitará aún más el acceso, especialmente en edades donde el impacto de la nicotina puede ser mayor.
Schanz fue enfático al señalar que el foco debe estar puesto en evitar nuevos consumidores, una meta que aparece como el principal desafío de la política pública en esta nueva etapa.
Regular o prohibir: una discusión abierta
El Gobierno apuesta a que la regulación permita controlar lo que durante años escapó a cualquier supervisión, con la posibilidad de fiscalizar la composición de los productos, reducir el circuito ilegal y generar ingresos a través de impuestos.
Sin embargo, la experiencia internacional muestra que no existe una única respuesta y que los resultados dependen en gran medida de la implementación concreta de los controles, de las campañas de prevención y del nivel de acceso que finalmente tengan los sectores más jóvenes.
Argentina inicia así una etapa distinta, en la que el debate deja de ser teórico para volverse práctico, con un desafío claro: evitar que una medida pensada para ordenar el mercado termine ampliando un problema que, hasta ahora, nunca dejó de crecer.


Mientras viva la droga en salta....
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