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Plan ProgresAr: ¿Las ganas de estudiar cuestan $600?

Lanzaron Progresar, un plan social que tiene...

Lanzaron Progresar, un plan social que tiene como objetivo subsidiar con $600 pesos a millón seiscientos mil pibes de 18 a 24 años que no trabajan ni estudian, para que al menos terminen con lo primero.

Uno más de tantos planes, parecido al “Más y mejor trabajo” dónde nadie a ciencia cierta conoce su impacto real, prácticamente en el mismo grupo etario que el flamante “Progresar”. Con cierto grado de demagogia, de improvisación y pragmatismo, el Estado pretende cautivar ciertos estratos sociales con la idea de billetera mata galán. Con la misma lógica de aquel padre divorciado que cambia tiempo por dinero a los hijos que poco saben ni le interesa dicho padre.

La masa de pibes conocidos como “nini” (ni estudian ni trabajan) no son todos productos de éste gobierno pero si continuidad de la política de ausencia estatal nacida con Menem, que dejó en la barbarie a los padres de estos.

La tan fomentada participación política de los jóvenes se reduce hoy a la militancia partidaria, casi rentada, de esquema clientelar y oportunista de agrupaciones afines al gobierno. Pero el grueso de la juventud, ni la que estudia ni la que no, no se vuelca masivamente a la militancia, sino que la mira de reojo, con apatía y desgano. La ausencia de verdaderas políticas orientadas a la juventud de carácter masivo se manifiesta en el deterioro dentro de la sociedad de valores como la “educación”. Un millón seiscientos mil no estudian ni trabajan. De los millones que lo hacen ¿Cuantos se educan y cuantos utilizan a la escuela como refugio social?, ¿cuantos son aprobados con el mínimo puntaje?, ¿cuantos abandonan?, ¿cuántos se reciben? y una vez que terminan la Secundaria, ¿cuantos no piensan, por ejemplo, que la Policía es la mejor opción en los tiempos que corren?.

Si fueron los padres de estos jóvenes “nini” los perjudicados del neoliberalismo de los 90 y por la crisis del 2001, y aceptan natural la “no escolaridad”, ¿no debería el Estado replantear el papel de la educación en estos tiempos?, ¿no debería replantear las relaciones sociales deterioradas planificando nuevos métodos y fines educativos?.

Subsidiar con $600 a los que quieran terminar de estudiar es un error, más aún a sabiendas que, nuevamente, la caja del ANSES será utilizada para dicho fin. (Hay que ver lo que pasó con la entrega de computadoras del Plan Conectar Igualdad).

La diferencia entre el neoliberalismo de Menem y el populismo actual es que aquel era amarrete y este diezma fondos públicos para subsidiar a sectores sociales sin pensar en consecuencias, tanto económicas como culturales, y, peor aún, manteniéndolos en una espiral de dependencia eterna...

Será un experimento muy raro...

En otros países la lógica indica que por promedio de estudio o por dinero podrá estar en ésta o aquella institución el estudiante. Una de los mayores conquistas en nuestro país es la educación libre y gratuita, incluso para extranjeros, incluso para pobres. Pero como sí no fuese suficiente ahora ¡el Estado te paga para que lo hagas!. ¿No generará el efecto contrario y ya nadie querrá estudiar sin recibir un subsidio?. Quién sabe...No pienso siquiera que sirva de ayuda económica, con la devaluación en curso. Aparte ¿no sería más justo que esos $600 vayan al bolsillo de los jubilados?. ¿No fueron ellos los que estudiaron, trabajaron y aportaron para levantar el país?.

Con subsidio, con planes, con clientelismo pero sin ánimo de: eliminar el narcotráfico, tener escuelas modernas y no edificios destartalados, acabar con los sueldos de hambre de los docentes, generar espacios de investigación y creatividad en las instituciones y no lugares de contención y encierro y, por último, sin un verdadero debate de un “para qué” del estudio, un “para qué” que reclaman día a día los jóvenes actuales, no sirven estos maquillajes.

Subsidiar el fracaso, por el momento, sigue siendo la política más fácil.

Qué lejos quedaron las revoluciones que pretendían cambiar el mundo. Ahora solo nos conformamos con subsidios para un pueblo siempre desamparado y al borde del caos social. Qué lejos quedaron las ganas de encarnar la utopía, esa dónde el dinero no era más que un papelito multicolor para incandilar multitudes.

Por Bruno Chiodini

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