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No estamos a la altura de esta Selección

Soy de la generación que no vivió conscientemente una final del mundo. En el ’86 estaba aprendiendo a caminar y en el ’90 me pintaban la cara de celeste y blanco en el jardín. Así que imagínate, esta Copa 2014 tenía todos los sabores especiales. Por eso, cuando ...

Soy de la generación que no vivió conscientemente una final del mundo. En el ’86 estaba aprendiendo a caminar y en el ’90 me pintaban la cara de celeste y blanco en el jardín. Así que imagínate, esta Copa 2014 tenía todos los sabores especiales. Por eso, cuando veo que comparan a un jugador con otro no entiendo nada, y creo que ellos tampoco entienden nada porque Messi es incomparable. Y ni ellos, ni yo, en esta y en otra vida seremos el mejor del mundo.


A mí, la euforia no me llevará a defenestrar a terribles jugadores, será porque fui de las que creí que no pasábamos los cuartos, sí los cuartos. O será que el fútbol me tapó la boca, y me hizo tan perfecta que me enseñó a vivir el presente, el “paso a paso” en carne propia, consciente de todo, con los pies sobre la tierra y siendo paciente. Recibí una lección de vida. 

Gané un par de apuestas, al vaticinar con amigos que el campeón iba a ser Alemania, pero debo confesar que es la primera vez que no me dan ganas de cobrar ninguna de ellas. Quizás, porque la subjetividad de la que no podemos escapar los periodistas me lleva a sentir, cada vez que veo el gol que se perdió el Pipita o la jugada de Palacio, que el corazón quiere otra cosa.

Ésta fue una Selección conformada por jugadores que, años más, años menos, rondan mi edad y se llevaron a Brasil la ilusión de 40 millones de tipos, una locura! Encima unieron por unos días a una sociedad dividida. Pibes exitosos y con ganas de hacer feliz a todo un país. Desde el momento en que empezaron a creer en ellos mismos, ante Nigeria, nada fue igual. Todos juntos nos subimos a ese mismo tren de la confianza y la fe.

La pasión no tiene límites, eso está claro. Que el fútbol es el deporte más popular del mundo y que ni la CGT ni la CTA pueden paralizar de esta forma un país no hay dudas. Que un pibe de 27 años, llamado Lionel Messi sea argentino y lo hayamos podido disfrutar ya es una bendición. Algo de lo que debemos agradecer de por vida a Dios.

Mi tata que tiene sus setenta y largos, le hizo 7 misas a Messi, para que haga “lío”. Se conmovía cada vez que tocaba la pelota, ¿podes creer? Se tapaba disimuladamente la cara, para que no viéramos esa emoción que lo desbordaba. Hasta me sentí celosa de ese Messi, pero prefiero llorar al lado de mi viejo cuando el genio la toca, gambetea y la clava. 

No quiero cantar el “Brasil, decime que se siente”, prefiero mejor explicar cómo me siento siendo argentina, y es un profundo orgullo que ni Brasil se puede imaginar. Pero a la vez siento tristeza porque el fútbol como deporte es tan sano, y nosotros no somos capaces de rescatar ciertos valores para nuestras vidas. Por ejemplo: si tan solo un líder político o los que están en el Obelisco tuvieran el comportamiento de Mascherano, todo sería diferente. 

Quiero rescatar algo importante, para mí el periodismo deportivo es una pasión inexplicable, así como para todos lo es un Mundial. Este fue especial, se llevó la vida de dos colegas. Creo que desde ese día hubo un antes y un después para los que somos del palo. Varios dijimos que era un “mundial de mierda”. Y el show no puede seguir así nomás cuando suceden estas cosas, pero continúa aunque no lo valga.

Dentro de 4 años, un poco más de 1400 días, seremos la generación de los “treinteañeros” y estaremos más ansiosos que ahora de querer salir campeones. Será otro el plantel, más jóvenes porque así marca la tendencia, y quizás serán pocos los héroes de este Brasil que sigan vistiendo la celeste y blanca, pero la mística y el fuego sagrado ya no se perderá jamás. 

Voy a terminar esto reivindicando a Romero, Rojo y Enzo Pérez, sigo pidiéndole disculpas a Romero, mujer de poca fe. Mi devoción eterna hacia Messi, mi reconocimiento desde que jugaba en River al “Masche” de todos. Y a un Sabella que desde lo táctico le reprocho algunos cambios ante Alemania, pero le enseñó a este plantel y a esta joven periodista que en la vida se vive el presente, las cosas se consiguen paso a paso, luchando día a día, logrando un "equilibrio", y esto resume su enorme capacidad para sostener un grupo, que es lo más importante…

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