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Marketing Grande

En un confuso episodio un periodista salteño fue, supuestamente, víctima de una piña que le rompió el tabique nasal. El golpe se lo habría propinado el hijo de un diputado contra el cual el periodista ha efectuado numerosas denuncias periodísticas en su contra.

 

La suposición y el uso del condicional se deben a que la única prueba ofrecida es una foto del periodista ensangrentado. La versión en cuestión no es otra que la de la supuesta víctima, dado que el acusado niega ante las autoridades ser el autor de la agresión.

 

Que una persona le pegue una piña a otra, siendo los dos adultos varones, difícilmente califique como acontecimiento a ser publicado en un medio periodístico. Son incalculables la cantidad de agresiones que no tienen cobertura periodística. Uno supone que el periodismo debería publicar, antes que eso, como una cuestión prioritaria, cada vez que la policía mata a golpes o a balazos a los pibes, cosa que también sucede frecuentemente pero sin ser noticia en la mayoría de los casos.

 

No se trata entonces del hecho en sí mismo tanto como de los sujetos involucrados en él, razón por la cual asistimos a la publicación constante de innumerables banalidades que llegan a ser noticia porque le acontecen a personas del mundo del espectáculo. Si Riky Martín confiesa su homosexualidad es una gran noticia periodística pero si lo hace cualquier hijo de vecino no vende.

 

La noticia de la agresión al periodista no aparece sin embargo en la sección de espectáculos ni es mostrada como tal, todo lo contrario, mereció incluso la palabra y el apoyo de muchas personas e instituciones solidarizándose y repudiando el hecho, incluída la palabra del actual Gobernador de la Provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey.

 

Lo que se publica en un medio no es inocuo, sino no existiría la publicidad, nadie invertiría en algo que no produce efectos, sobre todo cuando hablamos de quienes solo piensan en la tasa de ganancia, es decir, los mercaderes.

 

Tanto el periodismo como la política suelen actuar, como sucede también en otros sectores, de manera corporativa. La supuesta víctima no sólo era periodista sino también había sido candidato a vicegobernador en las últimas elecciones. Uno puede entonces comprender la reacción mediática en cuestión partiendo del hecho de que el acontecimiento podría considerarse una agresión tanto al periodismo como a un determinado partido político.

 

¿Cuáles son los efectos que produce hacer público lo sucedido que, además, en este caso en particular, es en sí mismo intrascendente?

 

Uno de los efectos es precisamente darle trascendencia al supuesto hecho, instalando de manera inequívoca que el motivo de la agresión es político y que como tal atenta contra la libertad de prensa (aún cuando nada haya sido corroborado).

 

Por otro lado, si esta hipótesis de reacción corporativa es cierta y si lo que se intenta es evitar que se genere un efecto contagio, lo cual atemoriza a políticos y periodistas, lamentablemente habría que avisarles que se están haciendo un gol en contra. Estas cosas alientan a la revancha de algún idiota que necesitaba un estímulo para salir a pegarle a un periodista que está en la otra vereda. También a quienes sienten un odio visceral ante ciertos periodistas y piensan que un correctivo no les vendría nada mal para bajarlos de ese lugar de impunidad desde el cual pueden decir y dicen cualquier cosa como contraprestación monetaria, sin ningún tipo de responsabilidad sobre lo que desencadenan sus dichos.

 

Como sospechamos que es algo que ya conocen muy bien, que la gente tiende a imitar lo que ve en los medios, tenemos que pensar entonces que lo que están buscando realmente no es evitar sino provocar una reacción que tendrá como efecto rebote, otra vez, como ya está sucediendo ahora, una fenomenal publicidad para quien está en el lugar de víctima de la agresión, es decir, comida para Martín Grande. Para él y para su supuesta investigación que le valió la supuesta agresión del hijo del investigado.

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