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Las fisuras del caso Juan Carlos Estrada, ex profesor de religión del Cgio. M. Belgrano

Sobre el  fallo condenatorio a 10 años de prisión al profesor de religión Juan Carlos Estrada Tejerina por ser considerado  autor del abuso sexual de dos menores gravemente ultrajante agravado por ser cometido en su calidad de docente por parte de la cámara V  penal de la justicia salteña muchísimas ...

Sobre el  fallo condenatorio a 10 años de prisión al profesor de religión Juan Carlos Estrada Tejerina por ser considerado  autor del abuso sexual de dos menores gravemente ultrajante agravado por ser cometido en su calidad de docente por parte de la cámara V  penal de la justicia salteña muchísimas cosas se podrían observar.

Desde la elegancia en la argumentación, pasando por la precipitación en las conclusiones,  la constante construcción de las acusaciones en la narrativa en base a muy pocos elementos que quedaron como firme y que son por ejemplo las palabras de los chicos, las acusaciones de los padres y las aportaciones de los peritos psicólogos de la fiscalía. La llamativa falta de claridad con respecto al lugar y el tiempo en que supuestamente se realizó el o los delitos en contra de los niños. Como así también la falta de aportaciones básicas a este caso como lo son, entre otras cuestiones: las carpetas escolares de los niños; no solo la observación del lugar, es decir de las instalaciones del Cgio. Belgrano, sino la observación de las clases de los docentes del ciclo inicial para medir la posibilidad de los hechos en tiempo y espacio real bajo las circunstancias reales de la enseñanza en el nivel inicial de la escolaridad…

Tanto insiste este jurado en  fotografías tomadas a los chicos y muestras de imágenes de genitales a los mismos y sobre lo cual solo se encontró  en el celular (celular antiguo, obsoleto) y la PC del profesor un trabajo sobre homosexualidad realizado por el  mismo en su época de estudiante para la materia” Moral y pastoral familiar”…ni siquiera una mínima foto porno, erótica o simplemente sensual.   

Se dice que el profesor  colocaba azúcar en el pene de los chicos en cuestión, pero en ningún momento se dice que pasaba con ese producto ya que si lo llevaban a casa en el aseo corporal se vería y si se practicaba sexo oral de alguna manera  los niños lo tendrían que haber expresado dentro del relato a los padres o en la cámara Gesell o en las sesiones particulares con su terapeuta. Tampoco se evaluó la posibilidad de que este relato coincide con las curaciones caseras de antaño, en la cual se aplicaba azúcar a las heridas para favorecer la cicatrización como por ejemplo en las escaras de los pacientes postrados. Relato que pudo haberse escuchado de mayores o sencillamente práctica usada para algún enfermo cercano.

Con respecto al manoseo claro está que en ningún momento los chicos expresaron  que el profesor los lastimó por contacto con sus manos  como se dijera o sugiriera en la denuncia primera. Cosas por el estilo dan a que pensar sobre la elaboración argumentativa de la sentencia condenatoria.

Siguiendo con los aportes de los peritos de la fiscalía: ¿Cómo puede ser que una Licenciada en psicología (la  Lic. Jarrúz encargada de las cámara Gesell) diga que  tenía que “repreguntar” porque “no hay otro método para obtener información de un nene de 5 años”?  ¿Y los dibujos y el juego? Es increíble la insistencia oral de la profesional  para hacer decir a los niños el nombre del profesor Juan Carlos como lo demuestra  la declaración de estos en las cámaras Gesell (por nombrar recursos simples y comprensivos para todos).  Demás está mencionar nuevamente sobre el informe de la Lic. Colombo sobre el perfil psicológico del  Prof. Estrada. De punta  a punta para la profesional es un psicópata sexual.  Conclusión a la que  arriba con un llamativo reduccionismo de la personalidad en cuestión.

El entorno familiar de los chicos es conflictivo como frecuentemente y hasta cotidianamente se ve entre las personas: papas distantes por razones laborales u otras; matrimonios en proceso de desvinculación, celos por el destrone ante la  aparición de un hermanito,  situaciones estresantes  ante enfermedades inesperadas y graves;  la invasión de la tecnología con sus contenidos incontrolables que le queman el cerebro desde temprana edad a los niños, los contaminan y sobre todo los confunden en sus emociones y sentimientos, etc… por supuesto que los pibes construyen relatos cortados, confusos y hasta contradictorios y que en medio de esta realidad hay que descubrir la verdad, pero asegurar con certeza amerita una investigación mayor y más profundidad, como el mismo jurado lo expresa al comenzar la argumentación de la sentencia diciendo: “antes de adentrarnos a la determinación de los hechos debemos aclarar que estos acontecimientos revisten particularidad que obliga a los juzgadores a indagar y correlacionar con mayor profundidad y cautela todos los elementos fácticos, incluidos los indicios, y científicos para lograr una certeza que se compadezca con la realidad” . ..pero esto solo quedó en vacías palabras.

A decir verdad  no se agregó nada, ni elementos, ni nuevas estrategias por parte del jurado, solamente se manejaron los datos aportados por la fiscalía y  en definitiva esta hizo de hecho todo el proceso judicial. Siempre se  cuidó los indicios para mantener la acusación que raya la imposibilidad de su práctica, es decir que no se compadece con la realidad. Quizás este abismo incomprensible entre la construcción de este caso y su realidad se visualice mejor si algún fiscal, juez o abogado entrara en  el  ámbito de la enseñanza inicial y así constatara, desde la experiencia áulica las acusaciones,  pero todo el desarrollo investigativo de la fiscalía y del juicio se realizó desde el escritorio.

Mantener estas acusaciones y avalar la sentencia en base a los indicios prioritariamente es fácticamente un acto injusto. Los aportes de la ciencia usados se reducen a los informes psicológicos. La Lic. Colombo que en definitiva dio la última palabra sobre las cámaras Gesell y el perfil psicológico del acusado lo hizo desde una visión no solo reduccionista  como ya se dijo sino también hasta prejuiciosa. La objetividad de sus análisis, informes y conclusiones dejan mucho que desear al levantar juicios cuantitativos y cualitativos poco coherentes con la realidad que se maneja. ¿Por qué?  Porque sencillamente desde el principio se denota una marcada tendencia acusatoria hacia el profesor  y una elevada victimización de los niños, al igual que los padres. Reduce la objetividad profesional al solo esmero de mostrar un psicópata sexual que abusó de indefensas creaturas.  En su informe, entre otras cosas concluye. “Se observan indicadores de frustraciones de sus necesidades infantiles que perturban su normal desarrollo afectivo, necesidades que nunca fueron satisfechas, por lo cual perduran e irrumpen en su actualidad y se manifiestan en la búsqueda por parte del Sr. Estrada de contacto y dependencia que pueden expresarse a través de relaciones sexuales promiscuas sin control ni mediatización del pensamiento.”  Por lo tanto es una bestia que no controla los instintos.

Por último se debe dejar en claro que jamás se hizo lugar a nada, absolutamente nada de la defensa, como si esta no hubiese existido.  Ni en el proceso investigativo ( por citar algo las pericias psiquiátricas totalmente favorables al sr.Estrada),  ni en el juicio, ni los aportes de los peritos de esta parte. Los alegatos  tampoco fueron tenidos en cuenta como tampoco las cuestiones favorables de los testimonios  que fueron abrumadoras (colegas por ejemplo o de los otros  alumnitos que nada tenían que objetar del docente), etc…nada se hizo valer en un mínimo. Por lo tanto el condenado ya estaba condenado.

¿Qué pensar de la justicia local? Evidentemente una especie de romance entre la fiscalía y las cámaras para nada garantiza un proceso justo. Tampoco la actuación tan limitada de los peritos estatales  da tranquilidad  de transparencia y equidad. Y finalmente un jurado  técnico lleva a fallos  desequilibrados y por lo tanto injustos. En definitiva y según muestran los hechos como estos la justicia local no es garante del derecho de las personas.

Atte. Hugo Luis Daher

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