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LA TRAMA DEL ENGAÑO

Un recorrido por el macabro accionar de las ART

             Si alguna vez sufrió un accidente de trabajo y requirió los servicios de una ART (Aseguradora de Riesgos del Trabajo) jamás habría de imaginar el macabro, sádico y maquiavélico entramado de engaños y mentiras en el que quedó atrapado.

            Estas organizaciones, similares a una asociación ilícita, no les importa el trabajador como ser humano, sino como un objeto del que pueden beneficiarse brindándoles las prestaciones más precarias posibles y peor aún, no podrían subsistir sin la complicidad de algunos “profesionales médicos” sin ética, que integran tanto, la auditoría médica de las ART como aquellos que componen las diferentes comisiones medicas de la SRT (Superintendencia de Riesgos Del Trabajo de la Nación) en todo el país. A esto se suma su Call center 08006666778 que lejos de brindar un asesoramiento efectivo y eficaz desorientan al trabajador víctima con información sesgada y letanías tales como: “La ART está cumpliendo con la normativa vigente”, sin siquiera molestarse en confirmar la veracidad de los hechos que la víctima plantea. Asimismo, manifiestan que: “No podemos obligar a cumplir a la ART con las prestaciones médicas, asignación de acompañantes, forma de traslados, altas arbitrarias y compulsivas o prestadores en centros médicos de alta complejidad, etc.” Y todo ello por la ambigüedad de los dictámenes médicos que deja abierta una caja de pandora llena de calamidades para el trabajador que sufrió un lamentable accidente.

            Si, la Súper Intendencia de Riesgos del Trabajo de La Nación (SRT), no puede obligar a las Aseguradoras del Riesgo del Trabajo (ART) a cumplir los objetivos de una recuperación seria, rápida y de calidad, ¡entonces!!  ¿Para qué menesteres está? o mejor dicho ¿Para qué lado juega? 

            Este sistema tan desvirtuado funciona al amparo de la Ley 24557 y sus decretos modificatorios que, lejos de regular el estricto y justo cumplimiento de las prestaciones médicas y dinerarias, violentan aún más la salud física y psicológica del trabajador con dilaciones burocráticas, administrativas que solo benefician a las ART y al empleador cuando se les ofrece a la víctima falsas herramientas de solución a su tribulación como por ejemplo: presentación de escritos, reclamos a través de notas, divergencias en las prestaciones, apelaciones a dictámenes, quejas, notas de pronto despacho, nuevas audiencias médicas y todo a través de la SRT, con su respectivo plazo de definiciones en el tiempo de días hábiles que las ART ni la SRT cumplen.   

            Para colmo de males, a estas alturas, el sistema se benéfica cruelmente de la persona que cuenta con poca formación quienes deben recurrir a un asesor letrado cuyo accionar inescrupulosos sobrevuelan a las víctimas y sus familiares con el afán de sustraerle un porcentaje de su exigua remuneración indemnizatoria u optar por un juicio de reparación integral.

            A estas alturas el trabajador víctima de un accidente de trabajo debe recurrir a un Psiquiatra a raíz de los trastornos que se generan al embarcarse en una cruzada desigual para recuperar su salud física y además viendo cómo se destruyen a su alrededor sus vínculos afectivos, familiares y de pareja.

            Hoy en día se plantea por parte de la Unión Industrial Argentina (UIA), empleadores de pequeñas y mediana empresas (PIME) y también las administraciones públicas en todos sus órdenes del territorio nacional, de cómo frenar la industria de los juicios, agravando la situación económica que nos toca vivir. Sería interesante, en este sentido, que se trabaje en mejorar el servicio nefasto que reciben los trabajadores argentinos por parte de las ART y SRT. (De preferencia no deberían existir tales organismos al igual que no existen las AFJP) y si deben tener más protagonismo las obras sociales de cada trabajador. También deberían trabajar en mejorar la legislación para las personas víctima de un accidente de trabajo. Que sean consideradas seres humanos, que reciban una atención médica pronta, que sea eficaz, que sea de calidad, con lo más avanzado de la tecnología médica, que reciban una indemnización justa y que eliminen los intermediarios; entonces va a disminuir drásticamente la llamada industria de los juicios.

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