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LA TETERA DE PORCELANA: UN EMPRENDIMIENTO CON FINES DE HURTO

Por medio de la presente, expongo mi situación como padre de un alumno que hasta hace poco asistía al Jardín Maternal “La Tetera de Porcelana 2”, cuya sede está en la calle Sarmiento 791.

Sin otra intención que dejar mi testimonio a quienes deseen conocerlo e informarse del “modus operandi” de esta Sala Maternal, señalo que hace poco decidí retirar a mi hijo de dicho Jardín por diversos motivos.

Uno de ellos es que jamás me dejaron visitar las instalaciones del Jardín, recibiéndome siempre en la entrada la directora y encargada, la señora Noelia Benítez.

Inscribí a mi hijo en el Jardín por la oferta educativa que ofrecían en un comienzo (talleres de música, inglés, educación física) y un acompañamiento permanente, además de informes psicopedagógicos cada cierto tiempo. El Jardín cuenta con monitoreo mediante cámaras de seguridad. No obstante, las cámaras no funcionaban siempre, y muchas veces no había sistema. La directora siempre culpaba al servicio de internet, a las condiciones climáticas o a que las cámaras eran un “accesorio”. Esto último resulta cuestionable ya que figuraba en la oferta educativa del Jardín, motivo por el cual no resulta insoslayable.

Luego de un tiempo, la maestra a cargo se retiró (o la echaron). La directora adujo que se debía a que tenía a sus hijos muy enfermos y que había tomado una licencia de “6 a 8 meses”, hecho que llama mucho la atención.

Cabe destacar que en los videos que tengo grabados se observa que la maestra no realizaba actividades pedagógicas, lúdicas o didácticas con los niños, limitándose a sentarlos en una mesa sin darle siquiera una hoja de papel y un lápiz. Hay incluso videos donde se observa a los niños durmiéndose encima de la mesa. En otras ocasiones, la maestra, lejos de contenerlos, los apartaba de su lado con un gesto indiferente y hasta brusco.

En una oportunidad, un niño empujó a mi hijo, cayendo de bruces frente a ella, sin que tomara partido en la situación.

Pero esto no sólo ocurría con los niños, sino también con los bebés.

Al respecto, tuve la oportunidad de presenciar cómo una madre le reclamaba a la responsable de cuidar a los bebés que le habían dado la leche caliente a su hija pequeña, a lo cual la directora se negaba rotundamente, pese a que la madre señalaba que le habían salido ampollas a la niña.

Durante ese período mi hijo empezó con una alergia que terminó en broncoespasmo. Lo debí tratar con tres neumonólogos. Acá hago un paréntesis para reflexionar sobre el tema “Salud y Cobertura Médica”.

Ellos como institución se aseguran en todo momento que cada niño o niña tenga el alta médica ante cualquier enfermedad. Es decir que no permiten que los niños asistan enfermos a la institución. Abordaré después el episodio ocurrido hace poco, que tuvo como desenlace la muerte de una bebé de seis meses de edad.

Mi hijo no pudo asistir hasta que le enviamos el alta médica. Luego siguió con problemas respiratorios, por lo que no asistía al jardín, salvo los días que no presentaba muestras de esa posible alergia.

Sin ver ninguna actividad concreta en las cámaras, sólo juego libre, empecé a mostrarme molesto, ya que no estaba pagando para que mi hijo se aburriera en un rincón o entrara y saliera de la sala de 2, a la cual había sido confinado, cuando mi hijo tiene 3 años.

Por otro lado, no le daban de comer y siempre me respondían “no quiso comer”, “no tenía hambre”, cuando había pasado toda la mañana en ayunas y en la mochila estaban intactos la taza, el pan, o la colación que yo enviaba para que le dieran; mercadería que después tenía que tirar.

Siempre colaboré con la institución, llevando alimentos diversos para que los niños desayunaran juntos, pero, paradójicamente, no se preocupaban porque mi hijo comiera.

El cuaderno de notificaciones es otro tema de debate. La maestra se lo quedaba, por lo que jamás me enteraba de las novedades del jardín; en una ocasión, me enviaron el cuaderno de otro alumno. En una ocasión, me enteré por boca de la directora de una fiesta de disfraces, ya que el cuaderno lo tenía la maestra y, por ende, no había sido notificado. La directora señala, con naturalidad, que esas cosas pasan, que hay un margen de error. Considero que cuando se trata de niños no hay margen de error, ya que cualquier eventualidad puede generar una tragedia, como ocurrió con la bebé fallecida hace poco.

Cuando tomé la decisión de retirar a mi hijo del Jardín, y le pedí a la directora la carpeta con los trabajos y los materiales que había comprado todo el año, señaló que no iba a entregarme los materiales porque “hace poco” habían sacado una cláusula que los autorizaba a retener los mismos. Le recordé que en el reglamento que no figuraba tal cláusula, a lo que volvió a reiterarme que ellos tenían el derecho de sacar ese tipo de reglas en cualquier momento, que estaban asesorados por abogados, escribanos, entre otros.

En ese momento sentí una profunda indignación, porque es entonces en que aparece el espíritu mercantilista y oportunista de quienes, lejos de pensar en el bienestar, en este caso, de los niños, sólo les interesa llenarse los bolsillos o actuar de mala fe. Ya que, pregunto, ¿cuál es la finalidad de quedarse con una cartulina, una caja de lápices de colores, que pagué con mi dinero?. A esto se le llama robo, hurto o latrocinio (de allí el título de mi carta).

Por otro lado, quiero hacer una reflexión sobre el tema de la bebé fallecida hace poco. Veo cómo ellos banalizaron el hecho, pues ese día se festejaba en la institución el día de los jardineritos, motivo por el cual habían contratado peloteros, payasos, y se celebraban los cumpleaños del mes. Lejos de suspender las actividades ese día (la bebé falleció al mediodía), siguieron con los festejos, sin mostrar el menor asomo de congoja y empatía por tan grave situación.

Mi madre trabaja en SAMEC como enfermera y me contó cómo el enfermero que trató de reanimar a la pequeña quedó en estado de shock y tuvo que ser tratado por un psicólogo, porque no paraba de llorar.

Por otra parte, cuando yo todavía no había decidido retirar a mi hijo del jardín, ella misma me ofreció brindar al Jardín una capacitación en RCP, ya que las maestras demostraron absoluto desconocimiento sobre el tema, culpando a todo el mundo (a este medio especialmente), sin tener la menor autocrítica.

Al día siguiente, se presentó en el SAMEC la directora de la Tetera de Porcelana 1, acusando al SAMEC de negligencia, cuando, y aquí me detengo, todos los padres pagamos un seguro de cobertura médica a principios de año: Paramedic. ¿Dónde estaba esta “empresa de salud” cuando la bebé necesitaba de la atención recibida?.

Sin duda, es una experiencia lamentable, pues gasté dinero en inscripción, cuotas, materiales (que no me devolvieron) y siempre ellos con la actitud de que “los demás tienen la culpa”: Internet, el niño, los padres, Qué Pasa Salta, el SAMEC. Espero que esta gente reciba el escarmiento que se merece, ya que no puede ser que en su página de Facebook se vanaglorien del servicio que brindan, cuando todos los que enviamos a nuestros hijos allí sabemos que deja mucho que desear; y a los padres que siguen enviando a sus hijos allí tomen la correcta decisión de sacarlos y enviarlos a un lugar donde les brinden la atención que requieren.

Sin otro particular, saluda a Ustedes.

Diego Alejandro Araya, Salta, Capital.

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