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HUMILLANTE

HUMILLANTELa noticia que dos personas de la...

HUMILLANTELa noticia que dos personas de la ciudad de Güemes no pueden acceder a un cargo como maestro de Religión en las escuelas públicas de la Provincia de Salta vuelve a poner a debate el tema de la presencia religiosa en la educación pública y la trama oculta de procedimientos.El Instituto de Pastoral de la Adolescencia es una organización fundada por los hermanos De La Salle dedicado a la formación de Catequistas y Agentes de Pastoral. En la provincia de Salta su presencia permitió a quienes ejercían como catequistas en las parroquias del interior capacitarse. Con el tiempo y gracias a decisiones de política educativa se permitió que todos aquellos que hayan cumplido ese periodo de formación pudieran incorporarse al sistema educativo como docentes. De hecho, el sistema educativo los reconocía y los habilitaba para enseñar en las escuelas públicas. El proceso de designación de los docentes de Religión responde a la normativa oficial que requiere, además del título oficial, aval de la autoridad eclesiástica correspondiente. En la actualidad los supervisores de Religión nombrarlas establecieron un proceso para la presentación de aval consistente en un formulario que el postulante debe renovar anualmente con una conceptualización del director escolar y de la autoridad religiosa acompañado de un certificado de haber efectuado al menos un curso de Religión y de haber participado de un retiro espiritual - organizados por las mismas supervisoras y pagados por los docentes interinos y aspirantes a trabajar en el siguiente año escolar.Esta situación que año a año se reitera, posiciona al párroco en un lugar y espacio de poder que dependiendo de cómo sea su parecer y opinión respecto al postulante entrega el aval o no. Esto ha generado grandes abusos por parte de los párrocos al punto que algunos exigían la venta de una determinada cantidad de rifas parroquiales para que se otorgue el aval, o que presten servicios en la Iglesia. El postulante entonces se ve necesariamente obligado por las circunstancias a dejar de lado a la familia para obtener este “papel” que le habilitaría para la designación. Si bien esto es vergonzante, la humillación es todavía peor en razón que los supervisores cumplidos los plazos establecidos para la presentación de los formularios y certificados, emiten un listado que es enviado al Arzobispado de Salta para que su titular mediante su firma preste conformidad habilitando a la Junta de Calificaciones, Mérito y Disciplina de la Provincia de Salta y la Secretaría Técnica de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria para la designación de quienes están incluidos en ese listado. Quien no se encuentra “incluido” queda “excluido” de la posibilidad de designación y por ende de acceder a un trabajo que le permita un sustento digno. Pero el tema es que muchas veces aparecen otros listados y otras manos que incorporan a postulantes en la designación, que si bien debería respetar estrictamente el cuadro de puntaje emitido por la Junta de Calificaciones Mérito y Disciplina, en algunos casos no es así generando injusticias, prebendas y privilegios. Como se observa el postulante, además de humillarse buscando un aval del sacerdote parroquial, debe dejarse avasallar en su dignidad para no quedar excluido de un listado de avales manejado por los supervisores de Religión, cuya función técnica y de asesoramiento queda relegada para convertirse en juez que determina quién es designado y quién no. Es vergonzante ver cómo los postulantes a ocupar un cargo como docente de Religión deben humillarse en su calidad de persona humana. No es entendible que tras un aval, el postulante tenga que dejarse avasallar en su dignidad. Bueno, eso es lo que se logra, lo cual no es bueno ni a los ojos de los hombres ni mucho menos a los ojos de Dios. Humillante. Así se puede denominar ese proceso de designación de docentes de Religión. Nadie dice nada, por miedo, por espanto, por diferentes razones, pero en el fondo se centran en tratar de no perder trabajo. Los supervisores actuales dijeron una lapidaria frase: “Parece que Dios no quiere que ustedes trabajen…”. Y parece ser cierto… porque ellas asumieron ese papel, el de Dios, el de un ser que castiga a los malos dejándolos sin trabajo y premiando a los buenos haciéndolos ingresar a un sistema. Es una pena que no se haya avanzado sobre el tema de las designaciones de estos docentes y que no haya un proceso transparente y digno consensuado entre el estado civil y el religioso para las designaciones. Lamentablemente así como son graves las declaraciones vertidas por las supervisoras de Religión, también lo es el silencio de los otros actores involucrados en este tema, lo cual no hace más que evidenciar el desinterés por la educación en general y religiosa en particular supervisada por quienes ni tienen carrera docente ni llegaron al cargo como lo determina la ley. Basta recordar publicaciones de los periódicos locales de hace un tiempo o panfletos dispersos en la ciudad que hacían referencia a esto.Años atrás, los supervisores de Religión que honraron el cargo eran profesionales reconocidos por sus pares en función de su trayectoria profesional y carrera docente. Hasta alguno de ellos continuó ejerciendo otros cargos de gestión en el ministerio educativo, lo que habla de IDONEIDAD. En aquel tiempo se marcaron líneas de acción a través de la recuperación de un curso anual de formación que hoy ha perdido su verdadero sentido de actualización ya que los docentes que allí concurren lo hacen solo por un certificado que les permita cumplimentar uno de los requisitos para el aval requerido en el proceso de designación docente. De haberse escuchado y atender a las propuestas que se efectuaron en ese tiempo se hubieran evitado muchas consecuencias nefastas al espacio curricular de Religión en general que no cesa de estar cada año en la páginas informativas por sus desaciertos.Lamentablemente los responsables directos e indirectos de esta cuestión siguen sintiéndose como dioses, el problema es que no se dan cuenta que sus pies son de barro y se están humedeciendo con riesgo a caerse en cualquier momento. La única buena noticia para las docentes de Güemes es que no se verán obligadas a cumplimentar el aberrante cuadro que solicitan las Supervisoras Sandra Oyarzun, Mabel Farfán y Ana Alonso donde las docentes después de encuestar y hacer declarar la religión de sus alumnos, algo prohibido por la constitución nacional y provincial, vuelcan la cantidad de judíos, adventistas, protestantes y otros que concurren a cada escuela salteña. Puede suceder que al cierre de la presente las docentes ya estén designadas para ser calladas. Daniel Alberto Valles

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