QPS / Política
Subí Tu Nota / Opinión / Política

Hablemos de meritocracia

Hablemos de meritocracia

 

De cómo un Spot Publicitario que lo único (por así decirse) que buscaba era el beneficio propio a partir de ideas –fallidas si se quiere decir– consiguió revolucionar a una sociedad sensible a todo aquello que no comprende ni quiere comprender.

 

“La idea del progreso personal y familiar a fuerza de trabajo y talento toca un nervio sensible de la sociedad argentina, y puede moverse tanto en las aguas de la corrección política como en las del malentendido, y de ciertas tensiones entre clases sociales que se agudizan en tiempos de crisis.” Raquel San Martin, LA NACIÓN.

 

La sociedad argenta se vio conmocionada de repente cuando el Spot de Chevrolet tocó fibras sensibles al hablar de “Éxito en base al esfuerzo”, aquello que ciertamente hoy no existe en la Argentina. Lo irónico es que los argumentos ante la negatividad que profesó la mitad del país, son una metralleta de frases repetidas y poco cargadas de conocimiento, sobre todo en las redes sociales. El problema es que en vez de percibir al concepto en relación a una publicidad, se tomó como si Chevrolet estuviera dando por sentado que en el país existiera esta noción. Si analizamos la discursividad narrativa del Spot, se puede decir que difícilmente se hable de la Argentina en la publicidad puesto que desde el inicio se plantea “Imagínate vivir en una meritocracia…”. El hecho de que se plantee un Estado meritocrata en base a la perspectiva que mostró Chevrolet es un graso error.

 

“No hay ningún negro”, “Te quieren decir que solo la gente rubia, blanca y de clase alta llega arriba”, “Está dirigida a grandes ciudades solamente” son frases que se leyeron más de cientos de veces en todo tipo de redes social. Las personas se olvidaron de repente de lo que es la publicidad argentina en sí misma.

 

Nos quejamos de que no hay ninguna persona morocha en una publicidad de autos, pero no nos molesta que solo haya imágenes de pobreza o chicos de la calle en las publicidades estatales que quieren demostrarnos que gracias a tal político hay más escuelas y obras y toda la cosa que ya nos sabemos de memoria. El gobierno bastardea la imagen del pobre y nos da igual, pero que todo el cast que integran las publicidades argentinas sean gente “linda, rubia y blanca” nos toca tanto que salimos directamente a despotricar contra todo el mundo porque sí. Las reglas de la publicidad se sientan sobre vender y se deciden sobre encuestas y la aceptación del público. Si esas personas siguen siendo protagonistas de todo tipo de publicidades es, en gran parte, porque a la sociedad le gusta ver a esas personas.

 

Volvamos a la meritocracia.

 

La meritocracia se transformó rápidamente en un concepto apaleado, aun cuando pocas personas saben de dónde surgió o como es que se llegó a plantear la idea del Estado meritocrata. Lo cierto es que nace como una idea basada en valores de individualismo y competencia, en donde los cargos políticos y estatales son ocupados por gente con capacidades y sistemas educativos en donde los exámenes de admisión selecciona a aquellos cuyo mérito los llevo a pasar por este sistema y por ello están donde están.

 

Profundizar esta idea depende de la sociedad y los individuos que la busquen aplicar o analizar. No va a ser lo mismo hablar de meritocracia en Japón que en Venezuela. El contexto social, económico y político siempre va a llevar a la mente hacia distintos ángulos y perspectivas, como todo en la vida, digamos. Esto es lo que ocurrió en Argentina, una sociedad sensible, cómoda y quejosa que se vio “atacada” porque una empresa dio un mensaje que poco se entendió, por lo visto. Y el hecho de que se haya usado la palabra en el sistema educativo fue una catapulta para que se hable de desigualdad y muchos más conceptos errados. Se recibió el spot directamente en negación.

 

Me pregunto realmente que tan cerrado de mente hay que ser para pensar que el concepto de meritocracia en la escuela sea tan mal visto, cuando es un valor que hay que promulgar. Que un niño crezca en sociedad habiendo tenido la base de valores de esfuerzo y dedicación ¿está mal? Es decir que tenemos que seguir promulgando las ideas de que si tus padres apuran a los profesores, o si no estudias todo el año pero con rendir todo en diciembre basta, o que solo porque vayas a la escuela cumplís con tu deber… ¿Realmente esa es la sociedad que queremos? El valor del esfuerzo está tan desprestigiado que al parecer tenemos que estar totalmente negados a que siempre va a haber alguien con contactos allá arriba que nos va a quitar lo que nos merecemos. ¿Qué motivación queremos dejarle a las futuras generaciones? Y no, esto no está tomando tintes de manual de autoayuda, es una realidad a la que le cerramos la puerta como argentinos. Si el niño llega a su segunda casa, al sistema educativo, con toda una carga social que lo hace sentir diferente porque no tiene las mismas posibilidades que sus demás compañeros en lo que respecta a lo económico, ¿vamos a enseñarle que tiene que esforzarse para ser mejor o vamos a acentuar esta diferencia con el resto para que crezca como una persona que levanto muros entre él y el resto de las clases sociales? No es fácil, pero no imposible. Claramente la sociedad se ha estancado en una idea cerrada sobre esto. La fuerza de los valores está muy dejada atrás, por la facilidad de ser como el resto y seguir las corrientes negativas en las que nos hallamos.

 

Es irónico porque los argentinos estamos en cortocircuto entre nosotros mismos, tan divididos que no somos capaces de ver que esas diferencias ideológicas se generaron por el mal momento político que existe, y en vez de apuntar a la unificación social del país, preferimos matarnos entre nosotros con negatividad y odio. ¿El Estado? Feliz, agradecido que estamos ocupados matándonos entre nosotros en las redes sociales y no controlando que las cosas deban funcionar como corresponde en el país.

 

Hay que entender la meritocracia como un valor base para el progreso de la sociedad, no 

como una tonta competencia atravesada en la envidia a aquel que está arriba de uno mismo porque, como dice el contra spot, “es un hípster con tía gerenta”, sino como una motivación a levantarse de la burbuja de comodidad quejosa y salir a crecer por cuenta propia. Estamos en un país lleno de oportunidades opacadas por el ambiente político denso que pregona todo el tiempo que esforzarse simplemente es una pérdida de tiempo porque siempre va a haber alguien en a punta de la pirámide. Hablar de meritocracia, graciosamente, es como si te refirieras a los mensajes que deja Disney con sus películas y dibujos animados. Y no debería ser así. Pero claro, es mucho más fácil cerrar los ojos y no querer comprender la importancia de los valores y la cultura del esfuerzo y relacionarlas con moralejas utópicas que salir a la calle a hacer algo por uno mismo.  

La Argentina meritocrata es un país utópico, tanto por la sociedad estancada y los gobiernos corruptos. Como diría Lisa Simpsons, “Todo el maldito sistema está mal”.

Política

el abandono en cerrillos https://www.youtube.com/watch?v=rLZ9ubyjCOk

Política

Farmacéuticos reclaman elecciones