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“El mito de la opresión de la mujer”

“El mito de la opresión de la mujer” Conozco a algunos hombres que cada vez que abren la boca casi comienzan pidiendo perdón por ser hombres, o por afirmar que sienten vergüenza por serlo, o que están en camino de encontrar “su lado femenino”, o lindezas por el estilo… Pero, también conozco ...

“El mito de la opresión de la mujer”

 

Conozco a algunos hombres que cada vez que abren la boca casi comienzan pidiendo perdón por ser hombres, o por afirmar que sienten vergüenza por serlo, o que están en camino de encontrar “su lado femenino”, o lindezas por el estilo…

 

Pero, también conozco a hombres sensatos, los que aún no han sido envenenados por ideas tóxicas y estupideces, y que no piden perdón por tener pene, ni se hacen corresponsables de las incorrecciones, sean del calibre que sean, que cometan otros hombres, varones, o que supuestamente cometieron en el pasado nuestros ancestros.

 

No sé de hombres (es posible que algún estúpido haya, pues la estupidez es contagiosa) que diga que se siente orgulloso de ser hombre, que pertenece a un gran grupo, a la manera de una “clase social”, integrado por más gente con los mismos intereses, aficiones, inquietudes, objetivos… por el simple hecho de poseer algo colgando entre las piernas; pero, afortunadamente no es lo corriente. Por otro lado, no conozco a ningún hombre que si se critica a otro hombre, o se le afea su comportamiento, se lo tome como una crítica que se hace contra él, o contra la mayoría de los hombres.

 

Por el contrario, cualquiera que esté un poco atento se habrá dado cuenta de las reacciones que se suscitan en las mujeres españolas, en general, por cualquier noticia en la que se critique, o se afee, la conducta de una mujer, sea cual sea el motivo, sea cual sea la mujer de que se trate; si hacen memoria habrán observado que de inmediato suelen saltar, dar un respingo, como si fuera siempre con ellas, como si se les estuviera haciendo una afrenta, como si a quien se estuviera criticando, o afeando su forma de actuar fuera a ellas, como si ellas fueran las aludidas… Y, como poco, suelen soltar aquello, de “por favor, no generalices, yo no soy así, no todas somos así, es injusto que por una excepción nos juzgues a todas y nos pongas tal o cual etiqueta… eso que estás haciendo es puro machismo” y lindezas por el estilo.

 

Uno de los mayores logros del feminismo de género (aunque en la actualidad habría de hablarse de feminismo a secas, pues apenas queda ya otro feminismo que no sea el “de género”) es haber convencido a las mujeres de que forman parte de un grupo social homogéneo, en el que todas ellas tienen los mismos intereses, las mismas inquietudes, los mismos gustos, los mismos objetivos, las mismas necesidades…

 

Da igual el color de piel, la formación, la cultura, la religión que se profese, y por lo tanto, todo lo que concierna a una mujer cualquiera concierne a todas las mujeres, sea del presente, sea del pasado, sea del futuro, pertenezca a los Onas de la Tierra de Fuego, o a los esquimales que habitan territorios próximos al Polo Norte, pertenezca a países del mundo islámico o a países de la civilización judeocristiana, da igual; todo lo que se le haga a una mujer cualquiera afecta a todas las mujeres, sea para bien, sea para mal, y por consiguiente, si una mujer no acepta tales dogmas es una traidora a “su clase”. Sí han leído bien, las feministas de género, como también lo hizo el régimen de la Alemania Hitleriana, han calcado el esquema de Marx y Engels de la “lucha de clases” (“La familia, la propiedad privada y el estado”).

 

Si el marxismo identifica a la “clase burguesa” como el enemigo al que los trabajadores deben odiar y detestar, como el Gran Satán, culpable de todos los males que sufre la “clase trabajadora”, como el enemigo a batir y destruir; y habla de que todo ello se plasma en el perverso “capitalismo” (léase “economía de libre mercado”); el feminismo de género habla de destruir el “sistema patriarcal” y de acabar con el “machismo” como sostén ideológico del mismo, y por supuesto, la “clase dominante, opresora” son los hombres, heterosexuales, y la “clase explotada y oprimida” son las mujeres de todo tiempo, lugar y condición.

 

Pero, ¿es realmente cierto lo de la opresión secular, el sojuzgamiento de las mujeres?

 

A todos nosotros se nos ha enseñado que las mujeres han sido oprimidas, sojuzgadas, discriminadas, no tenidas en cuenta, esclavizadas a lo largo de la Historia de la Humanidad, y que todo ello fue poco menos que diseñado de manera egoísta, por los varones para beneficio propio.

 

Sin embargo, la realidad a lo largo de la existencia humana fue muy distinta: el común de los mortales varones, los hombres corrientes fueron, por ejemplo, forzados a arriesgar su vida en los campos de batalla, o trabajando duramente, jornadas extenuantes en las minas, mientras la mayoría de las mujeres esperaban en casa seguras, cuidando de los niños y ocupándose de las tareas del hogar. La esperanza de vida de los hombres ha sido siempre significativamente más baja que la de las mujeres, y sigue siendo así.

 

La Guerra ha sido algo constante en la Historia de la Humanidad, los periodos de paz siempre fueron excepción, y allí donde fuere que dos tribus o dos reinos entraban en conflicto, el bando derrotado acababa perdiendo a muchos de sus hombres que eran exterminados; mientras que las mujeres eran asimiladas por parte del pueblo invasor.

 

Si lo miramos con las gafas del siglo XXI, acabar convirtiéndose en una concubina, o en una esclava, no era un futuro deseable, y tampoco nada halagüeño, pero peor, sin duda alguna era ser sacrificado en cualquier conflicto bélico, por el simple hecho de ser hombre.

 

Pese a lo que nos cuentan las feministas, la vida de los hombres y de las mujeres del mundo occidental hace un siglo, o un par de ellos, no era muy diferente a la forma de vida que aún existe en sociedades más primitivas, las vidas de los más pobres campesinos de los países pobres, en los que tanto los hombres como las mujeres tienen que llevar a cabo trabajos tediosos, tienen insuficiente comida y vestido, y oportunidades limitadas.

 

En cuanto al manido asunto del derecho al voto, en la generalidad de los países, en la mayoría, los varones tampoco podían votar. Es más, cualquiera que sepa de Historia (pese a la versión distorsionada del feminismo de género) sabe también, que salvo excepciones el sufragio universal se fue concediendo a los hombres y a las mujeres al mismo tiempo, o casi.

 

Que se sepa, en la actualidad no existe ningún país donde se le niegue a las mujeres la posibilidad de participar en cualquier clase de comicios, y se le permita solo a los hombres.

 

Después de esta digresión necesaria, continuemos con el esquema de “feminismo, alter ego del marxismo-leninismo:

 

Como pueden suponer, siguiendo el mismo discurso, si el marxismo habla de abolir, destruir el capitalismo, el sistema de economía de libre mercado e implantar el socialismo, régimen en el que supuestamente no habrá más que una clase social, y desaparecerán los opresores y los oprimidos.

 

El feminismo de género nos habla de destruir, abolir el “sistema patriarcal” e implantar una sociedad de “igualdad de género” en el que ya no existan ni hombres-opresores, ni mujeres-oprimidas.

 

Es por ello que el feminismo de género se dedica a inculcar odio a los hombres, a los que culpa de todos los males de este mundo, sean presentes, pasados o futuros, y nos presenta a las mujeres como personas estupendas, admirables, la personificación de la bondad y de la excelencia, madres abnegadas, pacíficas, poco más o menos que seguidoras de Mahatma Gandi, propensas a resolver sus diferencias mediante el diálogo…

 

Y disparates por el estilo, tal como el dogma que afirma que la violencia, como el coñac Soberano, es cosa exclusiva de hombres, o que cualquier relación entre hombre y mujer (siguiendo el esquema marxista-leninista) es una relación de dominación, e intrínsecamente violenta, hasta el extremo de equiparar cualquier acto sexual entre hombre y mujer con una violación. Todo ello, aparte de manipular a las mujeres hasta el extremo que mencionaba al principio (nada más lejos de la realidad de las mujeres, que afirmar que representan un todo homogéneo, es un insulto a la inteligencia de cualquier mujer afirmar que todas tienen las mismas inquietudes, los mismos intereses, los mismos objetivos y que “todas son iguales”, o cosas por el estilo).

 

Siguiendo igualmente con el discurso del marxismo-leninismo, si Marx y Engels proponen pasar por la “dictadura del proletariado” (que luego Lenin, Stalin, y demás héroes del social-comunismo nos demostraron que su verdadero significado era “dictadura sobre el proletariado” y con muchísimas, demasiadas semejanzas con el régimen hitleriano) como etapa de transición hacia el socialismo; el feminismo de género pretende, también, una etapa de transición, una dictadura, un sistema de “apartheid” en el que los hombres, varones, seamos ciudadanos de segunda categoría, sin apenas derechos, siguiendo el plan trazado por Velerìe Solanas (escritora feminista estadounidense, diagnosticada de esquizofrenia, que atentó contra la vida del artista Andy Warhol en 1968) en “el Manifiesto Scum” –SCUM, Sociedad para la eliminación del los hombres, y también suciedad o escoria en inglés- hasta implantara una sociedad en la que no exista ni el hombre ni la mujer, tal cual son concebidos, considerados en la actualidad, pues los ideólogos de semejante disparate (por desgracia con muchos seguidores) consideran que los seres humanos no somos parte de la Naturaleza, que los rasgos anatómicos, biológicos, etc. son cuestión secundaria y en nada condicionan el ir al encuentro con el otro sexo (al que llaman “género”) y establecer relaciones afectivas, amorosas, y demás; que todo ello es resultado de la inculcación de “valores patriarcalistas” desde la más tierna infancia en nuestras familias, a las que por supuesto pretenden destruir.

 

En fin, aparte de proponerles que se lean de cabo a rabo el esperpento de Valerìe Solanas, aunque les suscite náuseas y ganas de vomitar desde el primer párrafo, les recomiendo, también, que estén más atentos a cuantos dogmas se divulgan por doquier, en la dirección de linchar todo lo que suene a masculino y promover la guerra de sexos a la que nos ha conducido la generalización de la perversa, sexista, antifamilia, antihombre, “perspectiva de género”.

 

Tengan ustedes un feliz verano, exento de perversiones de “género”.

 

Lic. Francisco Antonio Cerón García

fcerong@gmail.com

 

 Fuente:

http://www.alertadigital.com/2015/07/31/el-mito-de-la-opresion-de-la-mujer

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