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agradecimiento por Miguel Rovaletti Lagos

AgradecimientoEn nombre de Miguel y de toda la familia Rovaletti Lagos, queremos expresar por este medio nuestro profundo agradecimiento  a quienes nos acompañaron durante la lucha que enfrentó mi hermano.En primer lugar, a los riojanos que generosamente donaron su sangre en los primeros momentos de su accidente, que nos dieron ...

Agradecimiento

En nombre de Miguel y de toda la familia Rovaletti Lagos, queremos expresar por este medio nuestro profundo agradecimiento  a quienes nos acompañaron durante la lucha que enfrentó mi hermano.

En primer lugar, a los riojanos que generosamente donaron su sangre en los primeros momentos de su accidente, que nos dieron alojamiento y el apoyo incondicional mientras Miguel estuvo allí.

Al equipo de Terapia Intensiva del Hospital Tres Cerritos, los doctores David Gual, Juan Cornejo y Martín Baldi, quienes, junto a la fisioterapeuta, enfermeros y médicos de su planta, hicieron lo posible e imposible por mi hermano,  lo cuidaron con todo cariño, y dieron a mi familia siempre su tiempo y paciencia. Su compromiso y entrega fue absoluta. Debemos agregar, también, que esta actitud no sólo la vimos hacia Miguel, sino también hacia cada uno de los pacientes que está allí. Son un ejemplo de compasión,  dedicación y profesionalismo. El mismo sentimiento hacia el dr. Juan Casali.

A los sacerdotes que nos sostuvieron y acompañaron en este largo y duro proceso, transmitiéndonos fuerza con su oración. En especial al Padre Leandro, que estuvo con Miguel diariamente, sosteniéndolo con la oración y los sacramentos. Mi hermano partió en una profunda paz.

También a nuestra  familia, amigos y compañeros de Salta, Jujuy, Buenos Aires, Córdoba, La Rioja y de otras provincias. A toda la gente que lo conoció… y a todos los que, sin conocerlo, se pusieron a disposición y nos mostraron una solidaridad increíble: gracias infinitas a los que donaron su sangre, su tiempo, su trabajo, sus oraciones.

Ustedes nos enseñaron el valor de la entrega, la compasión y  la caridad del amor al prójimo.

Miguel fue ante todo un luchador, que se jugaba entero por lo que creía y amaba. En estos setenta  días nos demostró -entre otras cosas- lo que nos enseñaron mis padres: que en la vida se pelea, hasta el final, dando todo, aún sabiendo que vas a perder. Mi hermano querido nos mostró que eso es lo que hace la diferencia: el  no rendirse nunca.  Gracias a Miguel aprendimos el amor y la dignidad que hay en morir peleando.

Tenemos la certeza de que, sin  embargo,  ganó la batalla y que, con esta pelea, se ganó el Cielo.

 

                                                                                                                                     Ana Rovaletti Lagos

 

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