Política
Odio irracional

El oprobio de la intolerancia

Sobre la vandalización del Portal de la Memoria. Por Dr. Abel Cornejo.

Cuando los pueblos se alejan de la tolerancia y olvidan su historia, pueden condenarse a repetir los mismos errores. Una generación entera de argentinos quedó marcada y lacerada por la violencia. Desde el Estado se abolió el derecho y se hizo uso de la fuerza irracional y el exterminio. Aún cuando se considerase que quienes tomaron las armas estaban equivocados, nada ni nadie podía justificar las desapariciones, las torturas, las supresiones y sustituciones de la identidad, ni la privacion de los procesos judiciales. Esa irracionalidad fue la respuesta del Estado. 

Las víctimas de la Masacre de Palomitas al momento de ser sacadas en forma clandestina y cobarde del penal de Villa Las Rosas, estaban privadas de su libertad, inermes, despojadas de justicia y recluidas en un pabellón aislado. Fueron masacradas en forma artera, cuando un juez inventó un tras lado porque las consideraba "peligrosas".

Un juez que todavía no fue juzgado por los crímenes que cometió en el ejercicio de la magistratura. Siempre alegó que nada podía hacer. Como tampoco hizo con la desaparición del gobernador constitucional Miguel Ragone. Nunca se le ocurrió renunciar, investigar o denunciar desde el exterior los horrores que cometía un régimen cuya vesania superó la locura y el paroxismo que puede causar el dolor. Los seres protervos son los que gozan o no se afligen con la maldad. 

Atentar contra el mural que recuerda a las víctimas de Palomitas, lastima la memoria, la civilización y la justicia. Las víctimas merecen respeto y consideración y que su holocausto se estudie como asignatura obligatoria. Palomitas es un nefasto ejemplo de negación de justicia y la exaltación del mal absoluto. Eran personas indefensas, elegidas con antelación a sabiendas que iban a ser aniquiladas. Todavía la justicia sigue en deuda. 

El autor intelectual del traslado parece intocable y la sociedad queda anestesiada ante un atentado infame cometido con saña y la impunidad que otorga el anonimato. La mancha negra que ensucia el cenotafio es del mismo color que el alma de los autores. 

La razón y la civilización exigen una reparación, pero la mejor de todas, sera que de una vez y para siempre la justicia federal de Salta deje de proteger y encubrir a quien tiene la obligación de rendir cuentas. Esa también es una mancha negra e infame de la misma gravedad que la que dañó el monumento.

A las víctimas de Palomitas nunca mas nadie las podrá olvidar, aunque manos cobardes vayan a enlodar el muro que las recuerda, porque el horror de los autores del atentado jamás podrá vencer, ni a la memoria de un pueblo que aspira a que la vida sea el bien supremo de todos los argentinos ni a la conciencia colectiva que busca la paz y la verdad

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