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Primera División / San Lorenzo dejó atrás el mal trago de la Copa y venció 2 a 1 a Belgrano

Paulo Díaz y Néstor Ortigoza marcaron para el conjunto azulgrana, mientras que Cristian Lema descontó para el Pirata.

San Lorenzo dejó atrás el mal trago de la Copa y venció 2 a 1 a Belgrano

Cuando empezó el partido con Belgrano, el sábado por la tarde, San Lorenzo todavía tenía espuma en la boca, rabioso por lo que había pasado en Río de Janeiro. Lo que no tenía, como tampoco tuvo ante Flamengo, era claridad en su funcionamiento -ni siquiera un indicio que hiciera sospechar- en el amanecer del enfrentamiento, que además de bronca y malestar, el equipo de Diego Aguirre contaba con argumentos como para ganar y acercarse a Boca. En ese contexto, donde nada parecía fácil, hubo un imprevisto que, en su efecto sorpresa, le permitió al Ciclón renovar su estado de ánimo: el chileno Paulo Díaz, diestro parado sobre el lateral izquierdo de la defensa, mirado con desdén por muchos de los hinchas, tenía la solución para semejante problema. El triunfo 2 a 1 fue construido, en buena medida, por sus contadas pero decisivas intervenciones.

Dos días después de que el TAS fallara a favor de Colo Colo en una demanda que le había hecho el conjunto trasandino a San Lorenzo por una deuda en el traspaso del propio Díaz, el defensor, rueda de auxilio para Aguirre, fue un faro singular. Mientras que Néstor Ortigoza y Bautista Merlini -el mejor del partido- guiaban a sus compañeros desde el juego, Díaz fue quien indicó en los hechos el camino hacia la victoria. Primero a los 23 minutos, cuando, de cabeza, anotó el 1 a 0 que significó la primera descarga oficial del año. Después a los 38, cuando Esteban Espíndola, de mala actuación, le cometió un claro penal que un minuto más tarde Ortigoza -cuándo no- se encargaría de convertir. El final del primer tiempo fue raro: San Lorenzo, sin hacer demasiado, estaba dos goles arriba.

Para recuperar el ritmo

Luego de la goleada en Brasil, ese 4 a 0 que sacudió a San Lorenzo en su primer partido del año en la Copa Libertadores, el choque con Belgrano significaba una buena oportunidad para no perder el ritmo de Boca, principal animador del torneo local, y un excelente motivo como para tratar, al menos, de reponerse de semejante caída. Así se planteó el partido: con la mirada en el campeonato y, también, en el certamen más importante del continente. Por eso el Ciclón salió a jugar con rabia, que se tradujo en vértigo, lo que no significó que tuviera ideas. El primer capítulo fueron corridas, participaciones individuales. Todo lo demás, responsabilidad de Paulo Díaz.

San Lorenzo, de alguna manera, se hizo práctico y así, con poco, logró escaparse. Una buena ventaja, sí, pero no lo suficientemente amplia como para no entrar en pánico en el segundo tiempo, cuando el Ciclón -como le ocurrió en Brasil-se convirtió en una sombra, en un equipo en manos de su rival. Belgrano, fuera de ritmo en el primer capítulo, descontó rápido en el segundo y se hizo dueño del juego.

Según consignó Canchallena, entre los intentos del equipo cordobés, Blandi, a 20 minutos del final, pudo haber matado el partido, pero cabeceó a las manos del arquero, y puso aún más nerviosos a sus compañeros. San Lorenzo entonces empezó a caminar con ritmo firme al precipicio. Parado de contra pero asustado, se cargó de errores, que tampoco Belgrano pudo aprovechar. Un paso más y el equipo de Aguirre se hubiera caído. A esa altura ya nadie se acordaba de Paulo Díaz, el gran responsable del triunfo.

Pesó la localía

Foto Fernando Palópoli

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