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Recuerdos / Nelson Marín: “Las puteadas me sirvieron para hacerme más fuerte de la cabeza…”

La historia del jugador que nunca se recibió de ídolo en el Santo, pero lo respetan tanto como en el Cuervo. Ascensos impagos, sinsabores y alegrías componen su vida, que vale la pena repasar.

Nelson Marín: “Las puteadas me sirvieron para hacerme más fuerte de la cabeza…”

Nelson Marín nunca fue un tipo de alto perfil. No fue de dar muchas notas quizás porque, a diferencia del fútbol actual, era más de hablar en el vestuario, con sus compañeros, que preocuparse por ocupar un rol protagónico en los medios. Hablaba poco, pero cuando lo hacía se ocupaba de expresar ideas y no de declarar para quedar bien con nadie. Así fue la vida del Pulpo jugador, incansable, comprometido, el que le supo ganar la pulseada a la paciencia de la gente.

Arrancó jugando en la Lerma y San Luis como centro delantero, pero como eran más los goles que lamentaba a los que convertía, la gente no le tenía mucha paciencia. “Antes que me llegue la pelota ya me puteaban. Me acuerdo que cuando me paraba del banco para calentar, ya sentía el murmullo de la tribuna. Pero, ¿sabés que?, las puteadas me sirvieron para hacerme más fuerte de la cabeza, yo la canalicé para darme fuerzas a mi mismo y trabajar para cambiar mi imagen con la hinchada”. Así arranca la charla con Tiro Libre, desde el nacimiento del Nelson Marín jugador.

“Yo jugaba arriba, y el Cabezón Choque me puso de volante. Ahí cambié mi rendimiento y la aceptación fue otra. Yo no era un jugador rápido, pero creo que me sabía ubicar bien en la cancha y saber lo que iba a hacer con la pelota antes de recibirla”, recuerda el jugador que pasó casi toda su vida en la Lerma, pero que nunca se recibió de ídolo a pesar de ser un productor nacido en la cantera Antoniana.

Su tiempo coincidió con el tiempo de grandes equipos que se conformaron en Juventud, como por ejemplo el del ascenso en Cipolletti y aquél plantel que armó Fernando Donaires y que terminó peleando la final con Chacarita por el ascenso a Primera. “El equipo de Cipolletti fue un equipazo, y tuve la suerte de ser su capitán”, reseña. Y recuerda el lado oscuro de aquella hazaña. “No nos pagaron ese ascenso como mandaba el momento, nos abonaron muchos tiempo después y la plata ya no tenía el mismo valor. Fue una pena aquello, porque hubo jugadores que necesitábamos esa plata pero bueno, ya pasó, pero lo cuento porque mucha gente no sabe lo que nos pasó en realidad”.

Los años siguieron su curso hasta que llegó el momento del adiós, y eso fue un duro golpe para su alma futbolera. “Cuando Ridella era el técnico decidió no tenerme en cuenta. La verdad que me enojé mucho, pero al tiempo entendí que ya no estaba para esa categoría. Llegué a mi casa después de deambular por horas, porque estaba dolido porque me iba de mi casa”, explica con cierto dejo de tristeza. “Me llamó Kike Cruz, que era presidente de Central Norte. Me dijo que me sumara porque había un proyecto serio y me pidió que lo lleve a Raúl (Iturriera) para que orientara a los más chicos. Si vos me preguntabas cuando era más chico, te iba a decir que jamás hubiese jugado en Central, pero después las cosas cambian. Yo no estoy con esa idea de la traición a los colores, eso no es así. Fui a Central porque me echaron de mi casa, y no me arrepiento para nada. Todos saben que soy fana de Juventud, y hasta los hinchas del Cuervo me respetan porque nunca me dijeron nada al respecto porque dejé mi alma en la cancha”, subraya.

Y cuando habló de Central Norte le tiró un remate por elevación al plantel. “Yo quería que Central Norte ascienda, pero los jugadores perdieron el ascenso por estar pensando en otras cosas y no dedicarse de lleno a jugar. El plantel se preocupaba más por el tema de los árbitros que por dedicarse a jugar. Cuando nosotros ascendimos con Alumni, ¿vos pensás que ellos no querían ascender y llegar a los árbitros? Pero nosotros no pensábamos en eso, nos metimos de lleno en el partido y logramos el objetivo”,

También tuvo palabras para el momento del retiro. “Cuando un club no te quiere tenés que irte. Mirá, tengo un gran aprecio por el Boby Armella, pero no coincido con lo que hace, eso de postear que está para seguir, que todavía tiene cosas para darle a Central. Yo tengo otra manera de actuar, cuando no tenés cabida no te queda que agarrara tus cosas y marcharte. No sirve que te andés ofreciendo porque ya te dijeron que no, no sirve rebajarse”, disparó.

Quedan cosas en el baúl de sus recuerdos, que Nelson irá sacando y exponiendo en la charla sincera, como lo fue él en su época de jugador, para lo cuál siempre contó con el apoyo de su madre, su esposa Marina y de sus hijos. “A todos ellos les debo mucho. Fueron mi apoyo fundamental en mi vida, cuando me fui de Juventud, que es mi casa, estaba hecho pelota y mi familia me levantó”. Y ponderó las virtudes de sus hijos futbolistas, Wilson y Agustín. “Ellos están para jugar y no es porque sean mis hijos. Los dos tienen condiciones y se que alguien se fijará en ellos como Mitre, que le dio la oportunidad al mayor”.

La charla llega a su fin. Nelson guarda sus recuerdos y agradece a Tiro Libre “el haberse acordado de mi”. Es simple esta historia, Nelson Marín le dio mucho al fútbol. Y ensenó a los más chicos a sobreponerse a los tiempos difíciles. Como le ganó la pulseada a los hinchas que lo puteaban hasta que terminaron, por fin, reconociendo a este jugador de bajo perfil, pero de alto sacrificio…

 

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