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Creer o reventar / 1ra. entrega / De brujas, maldiciones y fantasmas en el fútbol salteño

El Gringo Viano cuenta la maldición que le hicieron al Gigante del Note. Adrián Cuadrado relata que una bruja sacó a su equipo de una mala racha. Los empleados del Martearena escuchan ruidos y pedradas de noche. ¿Vos crees en estas cosas?

De brujas, maldiciones y  fantasmas en el fútbol salteño

Nacido en Rafaela, provincia de Santa Fe. Hijo de una familia de inmigrantes, el Gringo Luis Viano tuvo que adaptarse a los mitos y costumbres del Norte cuando vino a jugar a Gimnasia y Tiro. Le costó un poco, relata escarbando en su memoria, pero al tiempo pasó a ser uno de los hijos mimados de la hinchada.

Y entre los muchos recuerdos que guarda en su mente, con ascensos y descensos incluidos, existe un episodio al cuál le costó darle crédito primero, aunque luego tuvo que rendirse ante la evidencia: la maldición que le hicieron al Gigante del Norte.

“Como hombre del sur no le daba demasiada bola a este tipo de cosas”, dispara Luis Viano a Tiro Libre. “Pensaba que las supersticiones pertenecían solamente a historias y no a hechos reales, hasta que me tocó vivirlo en carne propia”, dice y se le frunce el seño.

La historia dice que en la década del 80, Gimnasia no podía hacer goles en el arco que da espaldas a las instalaciones del club. “Todos errábamos solo frente al arco, no la podíamos meter ni con la mano. Hasta que alguien nos dijo que ese arco tenía una maldición. Habían pasado mucho tiempo sin que pudiéramos hacer un gol, y era muy raro eso porque los rivales si la metían, menos nosotros”.

¿Qué hicieron entonces? “Fuimos a ver una de estas mujeres que curan, que hacen limpieza, las brujas que le dicen. Ella nos dijo que vayamos un martes a la noche, que cavemos detrás del arco, que íbamos a encontrar allí enterrado el trabajo que nos habían hecho”, cuenta El Loco.

La noche del martes siguiente, con picos y palas, un grupo de jugadores y algunos hinchas fueron a cavar. “Comenzamos a cavar por varios lados y no encontramos nada, hasta que por fin encontramos el mal: un sapo enterrado con la boca cocida con hilo rojo. Lo sacamos y le prendimos fuego, tal como nos dijo la mujer. Y… créase o no, el domingo siguiente hicimos cinco goles por un partido del Anual”, explica Viano quien, a partir de ahí comenzó a darle entidad a las brujerías. “Es increíble, y que no creía en esto, me convencieron las pruebas que pude ver con mis propios ojos”, expresa El Loco con los ojos llenos de asombro.

PD: En nuestra próxima entrega, vamos a contar la maldición que le hicieron a Juventud. Vas a creer… o reventar…

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