QPS / Sociedad
Matías Palomo

Matías Palomo

Lic. en Psciología

#Opinión / Normas flexibles

Varias semanas pasaron desde lo que mediáticamente se denominó la tragedia de Time Warp y me parece un ejercicio interesante reflexionar sobre este tema, que en definitiva es una de las tantas tragedias que nuestra historia reciente tiene,

Normas flexibles

En primer término creo que debo analizar que es una tragedia, y como acostumbromi primer impulso es consultar el diccionario, ya que el modo en quedenominamos algo en buena medida determina el modo en que lo decodificamos para comprenderlo.

Según la Real Academia Española el término tragedia tiene las siguientes acepciones:

1. En la Grecia Antigua, género teatral en verso que, con ayuda de un coro y varios actores, desarrolla temas de la antigua épica centrados en el sufrimiento, la muerte y las peripecias dolorosas de la vida humana, conun final funesto y que mueve a la compasión o al espanto.

2. Similar

3. Similar

4. Similar

5. Situación o suceso luctuoso y lamentable que afecta a personas o sociedades humanas.

Es decir que primero se remite a una forma de teatralidad que relata sufrimientos, peripecias negativas y finales desastrosos. En un último y cómodo quinto lugar los legos de la lengua castellana agregan en 13 palabras lo que refiere a aquellos casos como el que hoy analizo.

Hasta aquí no surge en punto alguno la posibilidad de auto reflexión respecto de este tipo de hechos como producto social, es decir, en que medida esos hechos luctuosos y lamentables se enmarcan en un determinado entramado social.

Entonces el común denominador de todas las tragedias es similar, seguiremos fielmente lo que los medios nos muestren de detenciones, y de hombres inescrupulosos que sólo piensan en como vender una botella de agua a 150 pesos y pastillas de dudosa procedencia. Esto nos tranquilizará, habrá alguna condena a algunos de estos sujetos deleznables y la tranquilidad volverá a reinar en nuestras vidas hasta la próxima tragedia, como si fueran cosas aisladas que nada tienen que ver con nuestro modo de ser.

Si tu intención es sostener ese tipo de pensamientos vehementemente recomiendo que dejes de leer este editorial porque mi objetivo es llevarte a un lugar incómodo, en que puedas posicionarte en cada uno de los actos cotidianos que ejecutás y que te acercan a situaciones trágicas sin que tengas conocimiento cabal de ello – o por lo menos consciente-.

Culturalmente estamos insertos en una sociedad – esta salteña y como parte de una más amplia argentina - en que la norma es por definición flexible. Y por flexible me refiero concretamente al acto deliberado de ignorar normas en pos de la concreción de un determinado deseo o aspiración individual. Y si tu cara se desencaja y está pronta a surgir la interjección que me contradiga o se acuerde de mis antepasados te invito a pensar en todas las veces que estacionaste en doble fila porque “son dos minutos nada más...”, o las veces en que te colaste en una cola interminable porque conocés al que atiende..., o cuando le tiraste unos mangos al cana de tránsito porque es más barato que pagar la multa..., o cuando..., y los ejemplos serían tan variados que esto sería un libro y no un artículo.

Vivimos como sociedad al límite de lo posible, y vamos un poco más allá. Nos genera una cierta satisfacción y se transforma en anécdota interminablemente repetida en asados y reuniones la vez que quebramos las reglas y logramos salir indemnes de esa experiencia. Tiene un cierto status social valorado aquel que es reconocido como vivo, piola, canchero, pillo, astuto, sagaz, y cuanto sinónimo más nos remita a alguien que “se las sabe todas”.

Este es nuestro desafío como miembros de una comunidad, entender que estos sujetos deleznables que mencionara previamente no son producto de generación espontánea o por proceso de ósmosis. Es gente que en líneas generales comparte estos criterios y que la única diferencia que presenta respecto de nosotros es que se sintió impune, o que sus filtros no funcionaron y decidió quebrantar leyes mas pulsudas que las de tránsito. Debemos empezar a sentir repulsión por la trasgresión de aquellas normas que nos hacen parte de una sociedad, debemos tener el mismo parámetro para nuestros comportamientos y los de los otros, es decir que debemos criticar lo que está mal y nos afecta sin ejecutar actos que estén mal y afecten a otros.

Es un proceso necesario si no queremos tener tragedias periódicas que nos escandalicen por unos días. Es necesario si no queremos ser nosotros mismos potenciales protagonistas de un final funesto y espantoso, como decían los antiguos griegos.

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