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Internet y relaciones sociales / Estériles, tocando la pantalla en busca de amor

¿Negacionista de los sitios de contactos por internet? Como un abolicionista de cualquier otro fenómeno mayoritariamente aceptado, me estoy volviendo refractaria a la idea de algún amor entre desconocidos de la red.

Estériles, tocando la pantalla en busca de amor

Por: Anne Cé

En la prehistoria de la web, esto de redactar el propio anuncio o de hurgar en páginas de citas me parecía algo para ruborizarse; pronto todos -casi sin excepción- estábamos ahí, colgando como patas de jamón o salchichones en una fiambrería. Es decir, entré en el juego del online dating, jugué, llegué a conocer a fondo las reglas y, un día, hace ya unos años, me hastié y me fui, creyendo que se trataba de simple aburrimiento personal. Pero luego empecé a sentir que algo me desagradaba más allá del "coñazo" de las citas de coquetear y repetir el speech (o de las no-citas de los que solo quieren chatear): en estos sitios se reproduce la lógica capitalista de la acumulación, la obsolescencia (o el descompromiso humano más básico), el despilfarro, la apariencia vana del narciso. Leí a Bauman y a Byung-Chul Han, entre otros, y me dieron la razón y las razones.

¿Podremos, efectivamente, encontrar una vía de salida amable a las relaciones cuando agotemos la batería del exceso de 'amores licuados' ?

"Puede que debamos empezar a considerar el amor de un modo nuevo. Atendiendo a los vinculos secretos que mantiene todo lo vivo entre sí, en la naturaleza, podríamos empezar a ver el amar como un vínculo solidario y orgánico con otra persona que tiene como destino la expasión humana de ambos. Amar como un ejercicio práctico de crecimiento personal es una de las perspectivas menos publicitadas del amor, pero puede que el único modo de salvar la pareja en una sociedad individualista", escribía, días atrás, el lector Jorge Oriol Rojas, en la entrada Sexo renovable.

Por ahora, apilamos galanes en 2D y escotes efímeros tamaño smartphone. Nosotros mismos somos fetiches sin relieve haciéndole creer a alguien que hay caricias para algún futuro. A una orilla y otra del led, seguimos buscando enchufes para recargar la batería y tocar ansiosamente hasta que algo ilumine nuestro ego en azul frío.

Y, mientras tanto, mucho tiempo solos, aislados y estériles (tanteamos otra vez la pantalla).

Publicaba Verne, justamente en estos días, el cortometraje A social life ("una vida social" o "vida asocial"), con el que su directora, Kerith Lemon, afirmaba querer"provocar debate para concienciar a la gente" acerca del "tiempo y esfuerzo que dedicamos a nuestra imagen en redes" comparado con "el que dedicamos a nuestra vida real".

 

Es probable que no debamos demonizar las pantallas y que el online dating sea nada más que una de las maneras en que se concretan los vínculos que, en el fondo, tienen formas y funciones más determinadas por el contexto del capitalismo financiero y las negligencias sociales que por su origen online u offline.

"En el mercado sexual de la miseria total, todo el mundo está tratando de venderse al mejor postor en el intento de obtener, a su vez, el objeto deplorable de sus deseos irrisorios al costo más bajo de compensación. Y es por esto que la sexualidad ha llegado a estar vinculada exclusivamente a la conquista de apropiación y, por lo tanto, al poder posesivo de los celos y de la ansiedad", dice con vehemencia adjetivadora el filósofo Francis Cousin en su libro El ser contra el tener.

Es verdad que durante algún tiempo creí en la inocuidad de la práctica de la seducción virtual, quizá cuando esta todavía estaba relegada a las noches en vela de la gente delante del ordenador, procurándose mimos escritos o el espejismo del onanismo compartido entre desconocidos, cierta promesa de verse... La expansión de las apps de ligoteo que solo funcionan en teléfonos móviles hizo que la cosa social se redujera aún más: ya ni en la calle miramos a los demás, apenas chateamos y cruzamos semáforos descartando fotitos de Tindr a golpe de anular. Alguna vez, una cita, y seguro que con síndrome de abstinencia en los dedos que quieren seguir repasando el stock. Amontonamos a los elegidos/as pero sin capacidad de dar amor y, por supuesto, en esas condiciones, tampoco podríamos recibir. Fácil es el like, eso sí.

Tremendas decepciones esperan a los ilusos de noches de pantallas. Y agitadasselfies se multiplican en los baños de los bares, en donde me he cruzado con chicas a medio vestir que salían del lavabo, después de colgar la última foto, la penúltima, la más osada, para ver si por fin conseguían convencer al chico que andaba cerca y las esquivaba desde la semana pasada, siempre dejándolo para la próxima. O la frustración del chico que queda con una y con otra (ninguna lo mira a los ojos), y se da cuenta de que ellas siguen levantándose de la mesa de la cita para contestar otros mensajes, y no perderse nada.

Quizá en la línea de reflexión de nuestro lector, en un intento por recuperar el amor, podamos volver a citar a Cousin: "La sexualidad de la comunidad del ser es rica porque es anticuantitativa y no está allí para tapar las impotencias de la angustia (...) Ella es absolutamente contraria al amontonamiento, al número de partenaires, de relaciones o de volúmenes eyaculatorios propios de la economía política del pret-a-porter del fraude amoroso. La verdadera sensación de ternura tiene que ver con el placer de la fuerza nacida de un verdadero encuentro humano en la unión cósmica de los deseos, donde el cuerpo y espíritu se unen en la armonía del placer conjugado y el éxtasis sacro derivado de esta sinergia con la naturaleza".

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