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Desaprobado / El cigarillo electrónico se puso de moda pero está prohibido

Fue inventado en China en 2003.

El cigarillo electrónico se puso de moda pero está prohibido

Por la imitación del gesto típico del fumador –tener algo en las manos que disminuye la ansiedad, el placer de una pitada–, empezó a ser muy usado porque era un método de sustitución de la nicotina en apariencia más atractivo que los chicles o los parches. Pero la ANMAT lo prohibió en 2011 al no encontrar evidencia de su eficacia. Y también la Organización Mundial de la Salud desaconsejó su uso. 

Sin embargo, en Europa y en Estados Unidos está de moda. Los protagonistas de las series aparecen “vaporizando” y ya no fumando en muchas escenas. En Argentina, se ve en los bares y boliches, en la calle, en reuniones sociales. Incluso por la diferencia de precios, se convirtió en un objeto análogo al iPhone: “se compra afuera y te lo trae un conocido”.

A pesar de la prohibición de la venta, se consigue fácilmente en páginas de Internet. Lo venden incluso con servicios de delivery. En Argentina cuesta entre 800 y mil pesos, pero en Europa y Estados Unidos se consigue a partir de 20 dólares y no hay mayores dificultades para entrarlo por la aduana. Por su tamaño se confunde con una lapicera, y su precio está dentro del arancel permitido de importación.

En cuanto a su regulación, se deben aplicar las mismas normativas que con el cigarrillo tradicional: o sea, no se puede fumar en lugares cerrados. Sin embargo, los dueños de los bares y los restaurantes todavía no lo tienen claro. “El otro día en Palermo no sabía si se podía usar, pero enseguida vi que había un grupo de cuatro personas que estaban vapeando”, dice Leandro.

Además de ese control de la ley antitabaco, la restricción de la venta parece imposible de cumplir. A finales de 2013, la ANMAT anunció que había dado de baja tres sitios de Internet (www.fumarelectronico.com.ar, www.e-cigarrillo.com.ar y www.argentinagreensmoke.com.ar), pero así planteada es una persecución inútil.

Desde lo científico, no hay evidencia de que pueda ser usado como una alternativa al cigarrillo, a la manera de un placebo. Muchos vaporizadores lo aconsejan para reducir el consumo. Además, hay cartuchos recargables con distintos sabores (el de 30 miligramos, que equivale a 600 cigarrillos, cuesta 200 pesos). Algunos imitan a las marcas de cigarrillos tradicionales (hay un sabor Marlboro, por ejemplo), algunos tienen nicotina, otros sabor a chocolate, menta, frutilla o café. Pero un riesgo es que también es una invitación para aquellos que no fuman.

Ciertamente, el efecto de “vaporización” da la sensación de ser menos agresivo para un no fumador. Lo mismo sucede para los que lograron dejar el cigarrillo y encuentran en el cigarrillo electrónico una tentación para volver a sentir la nicotina, una sustancia muy adictiva. “La nicotina que está en la mayoría de los cigarrillos electrónicos no es inocua para el organismo. 

Produce un aumento en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca, al tiempo que incrementa los riesgos de producir un ACV”, dice Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud. “Hasta el momento, no existe evidencia científica en el mundo que muestre que el cigarrillo electrónico es efectivo para dejar de fumar”, aclaró Jonatan Konfino, coordinador del Programa Nacional de Control de Tabaco. Para los especialistas la renaturalización del consumo –electrónico o no– es un paso atrás.
 

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