QPS / Salud
Melisa Martel

Melisa Martel

Que Pasa Salta

La espera amarga / Con la salud de los chicos no

Las quejas por la atención en las salitas y los hospitales públicos se multiplican.

Con la salud  de los chicos no

Ayer me tocó ir al hospital Materno Infantil y, como la vez anterior, la atención del lugar me dejó un sabor amargo.  No digo con esto que no me atendieron o que me negaron una prestación, porque finalmente me fui con el diagnóstico que fui a buscar, pero pasé las mismas penurias que en mi anterior visita al nosocomio.

Tres horas de espera me parece que es una barbaridad, teniendo en cuenta sobre todo de que estamos hablando de la salud de nuestros hijos. Entiendo que hay urgencias y prioridades, por supuesto, pero más de 180 minutos en la sala de espera me parece un atropello a los derechos de todos los pacientes. En el rato que estuvimos con mi hijo la sala se llenó y se vació dos veces y mientras tanto nosotros seguíamos ahí sentados, esperando que en algún llamado sonara nuestro apellido. Pero las horas pasaban y la atención no llegaba. ¿Será que si mi hijo no llega en un charco de sangre o desmayado no merece atención? ¿Será que la clasificación que le otorga el “Sistema Triage” nos entrega al letargo y la inoperancia de un sistema de salud?

No reclamo sobre la atención o desatención de algunos médicos, ni sobre la buena, mucha, poca o escasa  voluntad de los administrativos. Es más, sé y entiendo que el guardia de seguridad sólo está allí para garantizar eso… la seguridad a los pacientes, pero… ¿no será que faltan manos para trabajar? ¿No pasará que a veces los sueldos de los profesionales no son tentadores para asumir tales responsabilidades, como la vida de los niños? ¿No es el momento de abrir los ojos y ver que algo no está funcionando bien en esa sala llena de pequeños enfermos, con sus ojitos llorosos y malestares de todos los estilos?

No faltó oportunidad para escuchar las tantas ocasiones de espera de muchas madres ahí presentes. “La tuve con 39 de fiebre esperando dos horas”, “vine con derivación de la salita porque está con taquicardia desde el mediodía (eran las 19) y aún no la atendieron”. En esas tres horas hasta oí sobre el lamentable deceso de Zoe, una bebé que falleció hace cuatro meses, “no sabés como lloraba, su papá no sabía cómo calmarla”, me contaron… y el corto relato fue suficiente para  estrujarme el corazón como a toda madre que se le cruza por la cabeza un instante sin su hijo.

Y así pasaron una, dos y finalmente tres horas… ¿cómo se le explica a un niño que en algún momento le va a tocar? ¿Que no está lo suficientemente enfermo o malherido como para que alguien se digne en diagnosticarlo? ¿Porque hay que bajar cabeza y soportar estas reglas de juego de un servicio que nos debe garantizar el Estado que debería ser ágil y eficaz?

Hoy, como salteña en mi pleno derecho de ciudadana, hago público mi reclamo y le pido al Gerente Carlos Moreno que tome las cartas en el asunto porque con la salud de los chicos, no.   

 

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