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Siwar Baracat

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Morbo, vergüenza o perversión / La insólita reacción de unos salteños al ver amamantar a una mujer

En pleno siglo XXI, dar el pecho en público parece ser un pecado que condena a la mujer. Sin embargo, las tetas en televisión son un espectáculo morboso del que muchos disfrutan. ¿La doble moral?

La insólita reacción de unos salteños al ver amamantar a una mujer

Hace unas semanas trascendió la noticia de una chica salteña que fue invitada a retirarse del espacio donde está ubicada La Virgen del Cerro por amamantar a su bebé.

Y eso, nos hace replantearnos que nos pasa como sociedad. ¿Nos escandalizan los senos que salen para nutrir y no los que dan vueltas por diferentes publicidades?

“Esta mañana fui con mi bebé a la Virgen del Cerro y mientras estaba sentada rezando en el santuario, comenzó a llorar y le di el pecho. Al minuto, una servidora del lugar me invitó amablemente a salir porque no podía alimentar a mi hijo ahí”, cuenta la protagonista del hecho. El relato es vergonzoso y lo paradójico es que ocurrió en un lugar donde se predica el amor y la paz por el prójimo.

No fue el primero ni el único caso. Sucedió también en Buenos Aires cuando una mamá intentó calmar el hambre de su hijo y terminó recibiendo amenazas por parte de dos policías bonaerenses, quienes se argumentaban diciendo que hay una norma -falsa, por supuesto- que prohíbe amamantar.

Hay tetas en la tele, en carteles ubicados en plena calle, en revistas, todos los días, todo el tiempo. ¿Por qué esas no nos molestan? Es porque la que molesta es la teta libre, la que no se vende, la que no se comercializa, esa es la teta que nos alborota.

La sociedad ha sexualizado los pechos de tal manera y por tanto tiempo que si una mujer necesita alimentar a su bebé está “provocando”, sin tener en cuenta que quien debe conocer sus límites y respetar es el hombre. Pero esto no ocurre, por lo que nos convertimos en indecentes e irrespetuosas y, por lo tanto, se justifican los insultos o los malos ratos que pueden surgir de la doble moral de las personas.

Es hora de empezar a naturalizar las partes del cuerpo. Es momento de entender que la mujer y sus curvas (pronunciadas o no), no son objeto de deseo, ni deben ser ofensa para nadie. Si crees en Dios me imagino que entendés que es natural, ¿no? Sino, ¿cómo vinimos al mundo?

Y claro que me adhiero a la frase “sin tetas no hay paraíso”, porque más allá del tamaño y la forma, sin ellas no habría alimento para los recién nacidos. Sin ellas no hay poder y, sin necesidad de caer en lo sexual, nos recuerdan que tenemos que seguir luchando para que “amamantar” no sea un pecado.

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