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Esto pasó en Salta / A 44 años del “Animanazo”

El 20 de julio de 1972, los diarios salteños publicaban la noticia que sorprendía a todos.

A 44 años del “Animanazo”

El 20 de julio de 1972, los diarios salteños publicaban una noticia que sorprendía a todos: los “Valles Calchaquíes tuvieron su Animanazo”. La noticia atentaba, y atenta, contra la imagen de “tranquilidad ancestral” de la zona.

Pero el “Animanazo” se relaciona al ciclo de rebeliones iniciado en 1969, cuando todas las ciudades del país eran un polvorín. En nuestra provincia, el “salteñazo” de mayo de 1969 se repitió con otra intensidad en noviembre de 1970, cuando muere asesinado el trabajador Roberto Díaz en una manifestación que recorría el centro de la ciudad. Más tarde, el 26 y 27 de junio de 1972, vuelven a enfrentarse obreros y estudiantes con la policía, esta vez en repudio por el asesinato del estudiante salteño de Embarcación, Víctor Villalba, durante las manifestaciones de junio en Tucumán.

Pero no solo las ciudades se encendían, también el campo. Desde 1970, en las provincias del norte y noreste se organizaban las Ligas Agrariasen lucha contra la concentración de la propiedad de la tierra, la proletarización y pauperización de pequeños productores agrícolas y trabajadores con parcelas y los desalojos.

A diferencia de las rebeliones agrarias de otros lugares, el Animanazo tuvo un carácter predominantemente obrero, y de tal magnitud en cuanto a la solidaridad generada en el pueblo, que muchos hablan de una “pueblada”.

Desde hacía meses, los obreros vitivinícolas de Bodegas Animaná, en el departamento San Carlos, venían luchando por permanentes problemas salariales. Pablo Ríos, secretario general del sindicato de obreros vitivinícolas, afirmaba que “era un problema viejísimo. Por una pelea entre los socios, que tenemos que pagar nosotros”. Transitaron el año 1972 por varias huelgas, ollas populares y negociaciones ante la Dirección de Trabajo, hasta que el 18 de julio de 1972, decidieron pasa a otras formas de lucha.

En la noche de ese día, el pequeñísimo pueblo de Animaná, de 500 habitantes, se transformó en unaAsamblea Popular, formada por obreros, sus familias, vecinos y comerciantes, quienes solidariamente, venían fiando hacía meses a los trabajadores para que sus familias pudieran comer.

La asamblea no sólo decidió ocupar la bodega, pedir su expropiación y entrega de los bienes a una “corporación de trabajadores de la zona”, sino que ocupó la Municipalidad y nombró su propio Intendente, el sindicalista Inocencio Ramírez, con la iniciativa de llamar a elecciones si el conflicto no se resolvía. Con la colaboración de todo el pueblo levantaron una olla popular, y al día siguiente, el 19 de julio, formaron lo que hoy llamamos “piquete”. En el corte de la ruta 40, cobraban un “impuesto de paso” destinado a comprar alimentos para los afectados por la situación de “indigencia material”, pero también para garantizar la efectividad de las medidas de lucha emprendidas.

Por el momento, la envergadura de los acontecimientos no daba margen al Estado para reprimir, pero días después, en medio de las negociaciones para una solución transitoria del conflicto y levantadas algunas medidas de fuerza, el Estado desarrolló un tarea de persecución y detención de los dirigentes involucrados en el “Animanazo” (Inocencio Ramírez y Pablo Ríos), por “usurpación de propiedad”.

Ante la noticia, el 9 de agosto, una asamblea de 200 personas del pueblo, resolvió iniciar una huelga general y marchar hacia el destacamento policial para declararse co – responsable del Animanazo y en repudio a las detenciones de Ríos y Ramírez. Ante el aviso de que el problema debía ser planteado ante la superioridad policial de Cafayate, el pueblo entero inició la marcha por las rutas. La escuela cerró sus puertas, y junto a comerciantes que hicieron lo propio, se sumaron a la marcha. En el camino, distintos pobladores y obreros de otras bodegas abandonaron sus tareas, formando una columna de800 personas avanzando hacia Cafayate.

Ya en la plaza de ese pueblo, los manifestantes junto al dirigente de la CGT Guillermo Álzaga y el abogado Julio Mera, permanecieron hasta la noche con la idea de partir a Salta y exigir la liberación de los detenidos. No fue necesario, ya que frente a tal movilización, Ríos y Ramírez fueron liberados y declarados inocentes por falta de mérito al día siguiente.

Hasta hace poco tiempo, lo único que quedaría del hecho que relatamos, sería la canción de Tejada Gómez y César Isella, “Fuego en Animaná”.

El Animanazo nunca existió, sólo se trata de un invento de Isella y Tejada Gómez…”, declaró hace muy poco un personaje a los investigadores Carlos Muller y Ricardo Bima, en un infructuoso intento de negar una valiosa experiencia de lucha de un pueblo en solidaridad con obreros rurales sumidos en la miseria. Experiencia que ha quedado sellada en el documental “Donde hubo fuego”, (de Santiago Álvarez, Carlos Muller y Ricardo Bima).

Los obreros del Animanazo tomaron la empresa donde producían, se ganaron el apoyo del pueblo con el que formaron una asamblea, cortaron rutas y tomaron la intendencia. Aunque corta, fue una experiencia real. Alguien dijo una vez que la historia no trata del pasado, sino del futuro. 

Escrita por Alejandra Soler y Carlos Abrahan.

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