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No se aguanta / El Gobierno presionó y la suba de naftas quedaría para después de las elecciones

El ajuste debería ocurrir el 1 de octubre. Pero los funcionarios apuestan a que el aumento se postergue para luego de los comicios.

El Gobierno presionó y la suba de naftas quedaría para después de las elecciones

A comienzos de este año la industria petrolera acordó con el Gobierno revisiones de precios trimestrales. Los aumentos se iban a concretar en función de una serie de variables: la relación peso-dólar, precios internos del petróleo crudo y costo de biocombustible. La próxima oscilación estaba prevista para el próximo 1° de octubre. Sin embargo, en el Gobierno creen que las petroleras no aplicarán la fórmula y esperarán al resultado de las elecciones del 22 de octubre.

Por un acuerdo firmado entre distintas empresas de la industria (productoras, refinadoras, las provincias), los precios de la nafta subieron un 8% en enero, descendieron un 0,1% en abril y repuntaron otro 7% en julio. La fórmula debe volver a calcularse hacia fines de septiembre, para aplicarse en octubre.

En el Gobierno creen que las petroleras detendrán el aumento de octubre y que esperarán a que pasen las elecciones. Según entienden los funcionarios, las empresas cuentan con el aval de los papeles (se depreció el peso frente al dólar, por ejemplo) para avanzar en un aumento. Pero desistirán para no generarle impopularidad al Gobierno a pocas semanas de los comicios generales.

El Poder Ejecutivo entiende que aplicó una política de "regularización" de las reglas de juego en la industria petrolera. Desde el año próximo, los precios serán libres y cada compañía podrá llevar a los surtidores lo que le parezca más atractivo. "Si las empresas quieren que siga esta política económica y este rumbo en la economía, pueden postergar un aumento por un mes", razona un funcionario, bajo la condición de no ser nombrado.

En el Gobierno observan la relación entre los aumentos en los combustibles y los comicios. En 2013, cuando el kirchnerismo buscaba forzar una re-reelección, YPF planchó los precios desde junio hasta noviembre. Una vez que el Frente para la Victoria perdió en la provincia de Buenos Aires, la ciudad y otros distritos importantes, la petrolera estatal salió a remarcar: subió casi un 14% (de $ 7,329 a $ 8,34 para la súper en Buenos Aires).

En 2015, con las elecciones presidenciales, el comportamiento fue similar. Hubo microaumentos en junio (17 centavos), julio (18 centavos) y agosto (30 centavos). Pero el aumento más rotundo -de casi 4,5%- llegó tras el balotaje cuando Daniel Scioli cayó derrotado frente a Mauricio Macri. El litro de súper valía 11,50 en marzo, pero se incrementó un 13% en noviembre (se despachaba a $ 13,01).

En la industria ponen el foco en la fórmula que permite ajustar los precios. A fines de junio, cada dólar se conseguía a $ 16,80 y ahora anda por los $ 17,50. Eso implica una devaluación del 4% que las petroleras buscarían volcar a los importes. Sin embargo, en el Gobierno creen que esa remarcación podría ser menor. Estiman que una razonable perfomance electoral del oficialismo mejorará la cotización del peso ("el dólar estará por debajo de los $ 17").

En el Poder Ejecutivo también suponen que la elevada tasa arancelaria para los biodiésel en los Estados Unidos supondrá que ese insumo -se incluye un "corte" dentro de la nafta- bajará de precio por la sobreoferta. Si ese costo cae, los valores de los combustibles tienen un motivo menos para subir, razonan.

Las petroleras no hablan de este tema en público. Sin embargo, en privado reconocen que tendrán que reforzar su cintura políticahacia octubre. En YPF ya vienen estudiando el tema. La brasileña Raizen, que está a un paso de quedarse con la operación de Shell en el país, también está enterada de esta situación. El Gobierno cree que ambas procederán en sintonía con los deseos del oficialismo.

El último aumento de los combustibles, el de junio, sorprendió a una parte del Gobierno. En varias cabezas económicas del Poder Ejecutivo proyectaban un incremento del 3%, cuyo traslado a la inflación sería menor. Pero hubo una abrupta devaluación del peso frente al dólar hacia fin de mes y eso originó una remarcación del 7%.

Las petroleras aplicaron un alza que estaba en línea con lo acordado con el ministerio de Energía, pero en el Banco Central -donde velan por el cuidado en las metas de inflación- el número resultó excesivo.

La mayor demanda de combustibles pareciera haber convalidado el alza, ya que el consumo viene repuntando todos los meses.

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