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¿Lo peor ya pasó y ahora viene el rebote? / Dólar, precios, tasas y presión impositiva según analistas

Economistas creen que la actividad tocó piso en julio y que en agosto se marcó un punto de inflexión. Miguel Bein, ex asesor de Scioli, hace referencia a repunte en rubros claves, como la venta de autos o los despachos de cemento. La inflación viene a la baja. El principal temor: el atraso cambiario.

Dólar, precios, tasas y presión impositiva según analistas

Son varios los economistas que creen que lo peor ya pasó. Uno de ellos es Miguel Bein, quien afirma que la actividad "tocó piso en julio" y que "enagosto hubo un punto de inflexión y que el país comienza a recuperarse". Señala que en ese mes, con respecto a julio, la producción de autos creció un 23%; la de cemento, un 25%; la de motos, 21% y las exportaciones de automotores, un 23%.

"La economía tuvo un piso en julio y hay un pequeño rebote en agosto que era esperable y que es es sustentable por los meses por venir y diría para todo el año que viene, porque con estos signos sería muy difícil que la actividad no rebote", expresa el ex asesor de Scioli.

Pronostica que también va a repuntar el consumo "porque más de una docena de gremios tienen ahora la segunda cuota de los aumentos del año de paritarias y la mejora que recibirán los jubilados ayudará también a levantar el nivel de actividad".

Añade que la construcción "en mayo empezó a reactivarse y se va a acelerar y será el gran argumento del crecimiento económico del año que viene". En general, los economistas coinciden en señalar que lo peor ya pasó y que el PBI repuntaría entre 3 y 4% el año próximo.

Hay tres factores que motorizarán esa suba: el blanqueo, la construcción y el campo. "En el corto plazo, tanto por el blanqueo como por la mejora de la obra pública y el agro, se impulsará la demanda", apunta Enrique Szewach, vicepresidente del Banco Nación.

En cuanto a los precios, para el vicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, las expectativas inflacionarias se ubican en 19,8% para 2017

En otro orden, hace referencia a las virtudes del régimen de metas de inflación con tipo de cambio flotante.

"Si todo el mundo supiera que la moneda se va a depreciar, se depreciaría inmediatamente y dejaría de pensarse que es obvio que se va a depreciar, porque la depreciación ya habría ocurrido. Algo análogo puede decirse de una apreciación", explica.

Por el lado del tipo de cambio, el promedio que surge de más de 50 economistas sondeados por el Banco Central es el de:

- Un precio de $16 para diciembre

- Uno de $17,80 para agosto de 2017 

- Uno de 18,50 para diciembre del año que viene.

Inflación. Alfonso Prat Gay, titular del Palacio de Hacienda, y Federico Sturzenegger, al frente del Banco Central tienen diagnósticos diferentes sobre la marcha de la economía y, sobre todo, de las distintas necesidades políticas.

El titular del BCRA salió al cruce del ministro a las pocas horas de que este afirmara que "la inflación ya no es un tema".

Prat Gay había resaltado que el índice de agosto estaría "por debajo" del 1%, cifra a la que habría que descontarle 0,7% por la marcha atrás de las tarifas, decidida por la Corte Suprema.

Sin embargo, Sturzenegger invalidó ese optimismo prematuro: "La significativa desaceleración que mostrará agosto no provee los elementos suficientes para que pueda concluirse que sea conveniente relajar la política monetaria".

"Un proceso de desinflación persistente necesita de varios meses para consolidarse como tal", concluyó, marcando así un claro contraste con los dichos del titular de Hacienda.

Las diferencias entre ambos funcionarios no se hicieron manifiestas sólo con el devenir del índice de precios, también con el costo del dinero.

El ministro le reclamó una rebaja de las tasas de interés a un ritmo más acelerado, con el objetivo de empujar a la actividad económica hacia una salida de la recesión.

Sin embargo, fiel a su férrea posición académica, el mandamás del BCRA se resiste a hacerlo al ritmo que le reclama su colega hasta tanto no se certifique que la inflación está cayendo de manera sostenida.

Para Prat Gay, un tipo de cambio planchado como el actual es el verdadero reaseguro de una contención en los precios.

Enfocado en que el proceso de suba del índice ya pasó su etapa más vertiginosa, prefiere centrarse en la necesidad de que la actividad económica reaccione.

En la otra vereda, Sturzenegger apunta a ser identificado como aquel que pudo domar la escalada de precios. De hecho, en el proyecto de Presupuesto 2017 se incluirá banda inflacionaria de entre 12% y 17%.

Entiende que la única forma de llegar a ese objetivo es cuidando que las tasas no desciendan de manera abrupta.

Su diagnóstico no es del todo compartido por Prat Gay, quien se sentiría cómodo con cuatro o cinco puntos menos que el nivel actual.

Bein comparte la visión del ministro: "A la economía le sobran cinco puntos de tasa".

¿Por qué baja la inflación? A la hora de explicar los factores que inciden en la baja del índice de precios, el economista Luciano Cohan asegura: "Es producto de la recesión, del dólar planchado y del hecho de que hayan terminado los ajustes en las tarifas".

En la misma dirección, Rodrigo Álvarez, economista jefe de Analytica, pone la lupa sobre el fin de los "efectos contagio" del dólar y la cuestión energética.

Para este analista:

- La primera variable a tener en cuenta es "la estabilidad del tipo de cambio, ya que comprime las expectativas inflacionarias".

- La segunda es que ya se agotaron los rezagos por las subas tarifarias: "El shock ya se produjo. No hay que esperar grandes movimientos de precios por esta cuestión", apunta.

- En tercer término, hace referencia a una política monetaria contractiva que estuvo asociada a la recesión.

Para Álvarez, la inflación mensual hasta fin de año se situará entre 1,5% y un tope del 2%.

El dólar, siempre el dólar. De alguna manera u otra, el billete verde siempre se las ingenia para no perder protagonismo. 

Cuando sube dispara las alarmas, pero si está demasiado tiempo quieto, también. Esto último, en un contexto de alta inflación, acrecienta los problemas que trae aparejado elatraso cambiario y la pérdida de competitividad.

Precisamente esto es lo que viene ocurriendo. Según un informe de la Consultora Ledesma, tras el salto cambiario, hacia fines de 2015, la presión inflacionaria barrió de manera acelerada con gran parte de esa mejora:

• En términos nominales, la devaluación acumulada desde fines de noviembre fue del 55%.

• Sin embargo, en ese mismo lapso, la inflación a nivel local superó el 40%.

• Como contrapartida, el índice de precios en los Estados Unidos fue de 1,3% en igual período.

• Así las cosas, la mayor parte de esa devaluación nominal (55%) terminó licuándose.

• A punto tal que esa depreciación, en términos reales, hoy día representa una mejora cambiaria de apenas 12%.

• Según la consultora, más del 75% del salto del dólar terminó perdiéndose en manos de la inflación.

Si se considera la relación con la canasta de monedas de los principales socios comerciales de la Argentina (incluyendo a Brasil, la Unión Europea, México, Chile y China):

• La devaluación nominal promedio fue de casi el 60% frente a los signos monetarios de estas naciones.

• Sin embargo, en términos realessólo avanzó un 17%, también promedio.

• En este caso, la mayor inflación doméstica respecto de estos otros países ya erosionó cerca del 70% del efecto devaluatorio.

El siguiente cuadro muestra el impacto inicial del salto del dólar y cómo la suba de costos terminó devorándose la mayor parte de la mejora.

El escenario que se vislumbra hoy se asemeja al cuadro que se presentaba en 2014. 

En enero de ese año, el entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, había propiciado unadevaluación cuyos efectos sobre la competitividad quedaron anulados en octubre.

"Ya no queda mucho margen para que el dólar siga abaratándose. La relación es apenas mejor que la de 2015 pero no está tan lejos con la que teníamos a fines de 2014. Si bien la inflación se desacelera, sigue en niveles elevados frente a la de nuestros socios comerciales", indica el economista Gabriel Caamaño Gómez, del Estudio Ledesma.

Considera que "a este ritmo, vamos a arrancar 2017 con un valor de la divisa que, en términos reales, va a pegar fuerte no tanto por el lado de las presiones cambiarias, sino en el ritmo de actividad".

"Las empresas exportadoras van a tener más problemas de rentabilidad y las que operen en el mercado interno serán menos competitivas frente a las importaciones", concluye.

Presión impositiva. Es verdad que el atraso cambiario es el primer diagnóstico que los economistas de distintas extracciones ideológicas coinciden en realizar.

Sin embargo, los expertos consultados por iProfesional coinciden en otro punto: no alcanza con hablar únicamente del valor del dólar para comprender por qué este país es mucho más caro que otros.

Aquí es donde empieza a tallar la elevada presión impositiva. Hay variados ejemplos para graficar que en la Argentina la carga tributaria es muy superior a la de otras naciones.

No solamente de parte del Estado nacional. En los últimos años, los gravámenes se multiplicaron en provincias e intendencias de todos los colores políticos.

Un informe del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal) resulta esclarecedor al respecto.

1. En el rubro alimenticio, los productos tienen una carga tributaria del 40%, al tomar en consideración no solamente los impuestos nacionales (algunos de los cuales llevan un IVA diferencial del 10,5% y otros del 21%), sino también las tasas provinciales y las municipales, que varían a lo largo y ancho del país.

2.  Paralelamente, una investigación realizada por las distintas cámaras empresarias del sector automotor (como ACARA y ADEFA) destaca que casi 55% del valor final de un vehículo se explica por los impuestos.

3. En el caso de la indumentaria, un informe de la UADE puso el foco en las cargas impositivas y laborales: en la Argentina, estos conceptos llegan a representar casi el 30% del precio final de un jean.

Los argumentos para explicar el encarecimiento de los bienes y servicios no terminan acá. Existen otras variables menos visibles pero muy relevantes a la hora de sacar cálculos.

Fernando Marengo, economista del Estudio Arriazu, detalla algunas de ellas:

● La infraestructura deficitaria, que termina inflando los costos de manera innecesaria.

● La carga financiera que, en muchos casos, suele ser del doble respecto del nivel que se observa en países vecinos.

● El costo logístico, que resulta más elevado en la Argentina que en los otros países de la región. A punto tal que la tarifa por enviar una carga de Mendoza a Buenos Aires puede ser superior a la de un flete marítimo a Europa o Estados Unidos.

Arnaldo Bocco, ex director del Banco Central durante el mandato de Martín Redrado, da cuenta de otros tres puntos:

● Los mayores precios (en dólares) que las empresas argentinas pagan por los combustibles.

● Los crecientes gastos asociados, por ejemplo, a los seguros, "que son más caros que en el resto de Latinoamérica".

● El salario industrial en la Argentina -medido en dólares-, que es del doble que en México y un 60% superior al brasileño.

El Gobierno de Macri tiene en agenda abordar alguna de estas cuestiones que afectan la competitividad.

Contempla la realización de obras de infraestructura, una reforma impositiva integral y larebaja de los costos financieros.

No será un abordaje fácil y esta reconversión apunta al mediano y largo plazo.

En el mientras tanto, lo que preocupa a los sectores más sensibles del "Made in Argentina" es cómo hacer frente a una competitividad cambiaria de la que, a poco de haberse devaluado, ya queda casi nada.

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