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¿Ahora es Macri el que se cayó del mundo? / Crece la presión para que el Gobierno revea su apertura comercial

El triunfo de Trump en amenaza con un cambio a escala global. Ante una eventual carrera proteccionista, empresarios aseguran que es hora de poner el pie en el freno con los acuerdos internacionales.

Crece la presión para que el Gobierno revea su apertura comercial

Tan sorpresivo como el triunfo de Donald Trump fue la reaparición de CristinaKirchner, quien aprovechó el resultado de las elecciones en los EE.UU. para alertar que la estrategia aperturista del macrismo había quedado en completo offside. 

Pocos se hubiesen atrevido, hace un tiempo, a imaginar algo tan exótico como a la expresidenta halagando desde un acto en Florencio Varela las propuestas del polémico magnate. 

Cristina, en pocas líneas, celebró el hecho de que en los EE.UU. haya ganado alguien que hace del "proteccionismo, sus trabajadores y la defensa del mercado interno, su bandera".

De algún modo, la ex mandataria presentó esta victoria como una reivindicación de su propia gestión, tras ser fustigada por el “cerrojo” comercial y por haber cortado lazos con las principales potencias económicas de occidente. 

Por más paradójico que resulte, es ahora la propia Cristina Kirchner la que está acusando a Macri de estar haciendo caer a la Argentina del mundo

Esta era, justamente, una de las principales críticas que solían arreciar sobre ella, cuando privilegiaba cerrar filas con el “eje bolivariano” o buscaba tensar al máximo la relación con la Unión Europea o con los Estados Unidos. 

Si bien las palabras de Cristina muchos pudieron tomárselas como una suerte de humorada, una parte del mensaje caló hondo en el oficialismo, que ahora ve cómo su discurso aperturista y pro libre comercio choca de frente contra un mundo que, súbitamente, muestra signos de haber cambiado de dirección.  

Parece que fue hace años cuando el macrismo presentó su plan parareinsertara la Argentina en el escenario global

Eran momentos en los que el propio Macri anunciaba la eliminación de retenciones a los granos y a productos con alto valor agregado para que el país se transforme en “el supermercado” del mundo

Eran momentos, además, en que el discurso oficial hablaba de resposicionar al bife argentino en las góndolas de las tiendas más prestigiosas o de alentar el regreso de las marcas de lujo que se habían ido durante el kirchnerismo. 

En definitiva, todo un speech basado en la libertad de mercado. A fines de 2015, los tiempos parecían acompañar a la nueva gestión, dado que coincidía con el resquebrajamiento del régimen de Maduro en Venezuela y con el recambio político en un Brasil en crisis. 

De algún modo, hacía recordar al "cambio de era" que se había gestado en pleno ascenso de Carlos Menem, en los tempranos años `90, cuando la apertura comercial y las privatizaciones eran tópicos de moda en todo el mundo. 

Sin embargo, la sensación de que finalmente la Argentina se podía reinsertar en el contexto internacional chocó primero con el Brexit, que puso de manifiesto el fin del idilio de una Europa completamente unida y sin fisuras. 

Posteriormente, con el triunfo de Trump, que no sólo significó un grave traspié diplomático luego de que desde Macri hasta la canciller Malcorra pusieran todas las fichas por su rival, Hillary Clinton. 

La victoria del controvertido magnate, que llegaba al poder con su verba proteccionista y antiglobalización, también dejó flotando en el aire una sensación de que el contexto para el que se había preparado el macrismo ya no era el mismo. Todo esto, en menos de un año. 

¿Fin al sueño globalizador? Este 2016 no concluye fácil. Desde la Unión Industrial Argentina prevén que la actividad fabrilcaerá con fuerza este año, cerca de un 4,5%. 

A esto se suma el reclamo de gremios por la inminente pérdida de miles de puestos de trabajo, principalmente en rubros como textil, calzado y electrónica. 

En este contexto complejo, el sector empresario cada vez se muestra más crítico frente a la estrategia del Gobierno de seguir tejiendo alianzas con el mundo, en momentos en que las economías amenazan con cerrarse. 

Desde la la UIA le marcaron la cancha al Ejecutivo cuando Miguel Acevedo señaló que “no hay que ser tontos con la apertura comercial". 

En tanto que -en un mensaje que se interpretó como una crítica a la falta de “timing” del macrismo-, el titular de la entidad, Adrián Kaufmann Brea, planteó que si bien “Estados Unidosserá un poco más proteccionista con el nuevo presidente”, el mundo “ya venía cambiando, más allá de la llegada de Trump”. 

En este sentido, un informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC) confirmó que, independientemente del giro que podrá experimentar EE.UU., la libertad de mercado ha venido retrocediendo durante todo 2016. 

De acuerdo con el organismo, desde mayo hasta mediados de octubre se llevaban aprobadas85 medidas que restringieron los flujos comerciales dentro de los países que forman parte del G-20, frente a unas 66 que se promulgaron para facilitar el intercambio. 

Esto arrojó un promedio mensual de 17 normativas proteccionistas frente a 13 que alientan el libre mercado. 

En un escenario de paulatino cierre, el vicepresidente del Banco Central Europeo, Vítor Constancio, se refirió a los efectos colaterales que podría tener la estrategia del “America First” como postula Trump. 

Según el directivo, esto impactará en un menor crecimiento mundial y en un serio daño hacia los flujos de exportaciones e importaciones a gran escala. 

La última proyección de la OMC estima un crecimiento del comercio global del orden del1,7%. Se trata de un recorte importante frente al 2,8% que se postulaba en la proyección anterior. 

Además, es todo un síntoma de los tiempos que corren, dado que representaría la tasa de variación más baja desde la crisis financiera de 2009.

En este contexto, el consultor Marcelo Elizondo, advierte que la generación de acuerdos internacionales para incrementar el comercio “había sido la regla en el mundo hasta hoy”. 

Sin embargo, consideró que un mayor proteccionismo estadounidense “afectará el dinamismo de la globalización productiva” y generaría un “verdadero shock”. 

En esta dirección, el ex director de la Fundación ExportAr, advierte que este escenario podría derivar en un "menor interés en avanzar en negociaciones que forman parte de la agenda de la administración argentina”.

¿Recalcular o seguir para adelante? El economista Jorge Vasconcelos afirma que el Gobierno necesariamente deberá realizar un ajuste sobre su “GPS diplomático”. 

Sustenta sus argumentos en que la llegada de Trump impactó y seguirá impactando en tres frentes: suba de tasas, fortalecimiento del dólar y caída de los precios de los commodities. 

“Es un mundo menos benigno para países como la Argentina. De por sí, esto ya justifica el reseteo de algunas de las políticas que lleva adelante el Gobierno”, advierte. 

“Pasar del actual esquema multilateral a un régimen de acuerdos bilaterales, modelados en función del poder de negociación de cada país, será un experimento riesgoso”, apunta.

Miguel Kiguel, de la consultora Econviews, coincide en que habrá que replantear estrategias: “La política comercial argentina de abrirnos al mundo con gradualidad es bastante probable que se vea afectada, ya que muchos países pueden llegar a responder a las medidas que pueda tomar EE.UU.”. 

“Una escalada de proteccionismo no es un plato que le caiga bien a nuestras exportaciones. Serán tiempos difíciles para ampliar negocios y ganar nuevos mercados”, advierte. 

La respuesta del Gobierno: más acuerdos. El Gobierno, por ahora, está en pleno proceso de "reparación de daños”. Tras el paso en falso que significó apostar por el candidato perdedor, el macrismo se apuró por tender lazos con el futuro líder de la Casa Blanca. 

La canciller Malcorra incluso celebró que hubo mucha “química” entre Macri Trump, luego de la conversación telefónica que tuvieron, por lo que auguró un futuro prometedor en la relación bilateral. Es como si, de algún modo, nada hubiese cambiado. 

Sin embargo, dentro del propio Gobierno reconocen que el mundo no está acompañando como pretendían. 

El macrismo se jugó una fuerte carta bajando o eliminando retenciones y poniéndole fin a numerosas restricciones heredadas por el kirchnerismo.

Sin embargo, esto todavía no redundó en un boom exportador: los últimos datos oficiales marcan ventas al mundo por u$s43.600 millones entre enero y septiembre, casi 2% menosfrente a igual período del año anterior. 

“El mundo se complejizó por el Brexit y por la llegada de Trump, pero también por la crisis política y económica que sufrió y sufre aún Brasil. El contexto no nos ayudó a que las exportaciones traccionen, es una realidad”, reconoce un funcionario que todos los días pisa el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Sin embargo, en las áreas responsables de salir a tejer alianzas con el mundo, hay convencimiento de que todos los pasos que se dieron hasta ahora fueron los correctos. 

“La relación con el mundo había que restablecerla. Hasta el año pasado estábamos peleados con los responsables del 80% del comercio mundial. Era inviable seguir así si pretendíamos acceder a los mercados financieros y atraer inversiones”, detalla el funcionario, que aceptó a dialogar bajo estricto off the record. 

Paralelamente, la postura oficial es la de “desdramatizar” una eventual guerra comercial a escala global. 

“Realmente no la vemos. Tampoco creemos que Trump vaya a propiciarla. Su margen de maniobra estará acotado por el Congreso y por el propio Partido Republicano, que tiene una historia más aperturista. Trump es hombre de negocios y es pragmático, no vemos una hecatombe comercial”, añade. 

En este sentido, el funcionario aseguró que la estrategia de Cancillería y de los demás Ministerios continuará siendo la de reactivar mercados “dormidos”. 

“Pero integrarnos no implica hacerlo de manera ciega y sin una visión estratégica. No estamos planteando un aperturismo salvaje. Apostamos por las relaciones equilibradas”, asegura. 

En los últimos meses, el Gobierno avanzó con una agresiva estrategia para continuar con el plan para insertar a la Argentina a escala global. Incluso, con el foco puesto en el libre comercio.

Una semana después del “efecto Trump”, de hecho, Cancillería concretó la primera ronda de negociaciones con México para ampliar el acuerdo de complementación económica, con el cual se anularán más aranceles para el intercambio comercial. 

El acuerdo no sólo no se vio afectado por los cambios en EE.UU., sino que el macrismo pisó el acelerador a fondo: ya hay una segunda reunión pactada con los mexicanos para el arranque del 2017. 

De hecho, durante la reciente visita del presidente Peña Nieto, ambos mandatarios aseguraron que el objetivo final es el de alcanzar la “liberación total del intercambio bilateral” para el año que viene. 

Otro foco importante de negociaciones es el que lleva adelante la Argentina, en el marco del Mercosur, con la Unión Europea, cuyo interés fue ratificado por el macrismo

Dias atrás, el jefe de Gabinete de la subsecretaría de Comercio Exterior del Ministerio de la Producción, Federico Lavopa, en el marco de un seminario organizado por la Fundación Embajada Abierta y la Fundación Banco Ciudad, estimó que "un escenario optimista es concluir las negociaciones entre ambos bloques en dos años". 

Otra definición clara la ofreció el ministro Francisco Cabrera quien, en el marco de la visita del primer ministro de Canadá, afirmó que era crucial concretar una negociación con esa nación. 

“Tenemos pactos sólo con países que representan el 10% del PBI global. Si avanzamos en acuerdos comerciales, nuestras empresas tendrán mayor acceso a mercados y podrán mejorar su competitividad para alcanzar los estándares internacionales”, señaló. 

Alerta entre empresarios. Frente a esta agenda del Gobierno, que incluye negociaciones con dos países que pronto podrán ver sacudida su política comercial con la reformulación del NAFTA que plantea Trump(México y Canadá), desde la UIA mostraron su descontento. 

“Realmente no entendemos cómo el Gobierno está avanzando con un plan para facilitar las importaciones con estos países justo cuando hay que ser cautos y evaluar las medidas proteccionistas de EE.UU.”, afirma a iProfesional un directivo de la UIA, que pidió estricto off the record. 

“Sería muy oportuno que los funcionarios empiecen a monitorear posibles dañoscolaterales. En lugar de eso, a cada país que van prometen un Tratado de Libre Comercio. Eso nos preocupa”, agrega. 

El directivo alerta que la diferencia de costos laborales entre la Argentina y México, por ejemplo, es “abismal”.

“Son un tercio respecto de los niveles que manejamos nosotros. Así no se puede competir”, advierte. 

Sin embargo, desde Cancillería desestiman estas críticas, asegurando que se trata de una postura histórica de la central fabril. 

“Siempre alertan por posibles aluviones de productos de otros países. Lo hicieron con Brasily después con China. Ahora México parece ser el nuevo enemigo”, se ataja el funcionario consultado. 

“Es un tema crónico. No hay voluntad de ver los mercados que podemos ganar. Además, el año pasado se quejaban de que no podían importar insumos, de las retenciones y del desincentivo a las exportaciones”, agrega. 

Se va a cumplir un año de mandato macrista y las exportaciones no levantan. Las inversiones llegan pero como una llovizna y no como la "lluvia" que presagiaban. 

Ahora, el arribo de Trump promete complicar más las cosas. Para el Gobierno, la respuesta es más integración y negociaciones.

Los industriales, en cambio, temen que esta estrategia no sea la indicada para los tiempos que corren.

Sin dudas, son momentos vertiginosos y cambiantes. Y muy extraños por cierto. Si no, que le pregunten a algún analista si imaginaba a Cristina Kirchner halagando a Trump por su visión sobre la política mundial.

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