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Diaguitas de prepo / Clarín refleja la disputa entre "diaguitas" y pequeños agricultores en los Valles Calchaquíes

El periodista Gabriel Levinas describió la disputa por tierras en la provincia. Hay un ex senador provincial involucrado.

Clarín refleja la disputa entre "diaguitas" y pequeños agricultores en los Valles Calchaquíes

A CONTINUACION REPRODUCIMOS PARTE DE LA NOTA QUE PUBLICÓ CLARIN

Los Valles Calchaquíes concentran la magia y la historia de la tierra salteña. Un hilo de agua recorre cientos de kilómetros otorgando vida a sus habitantes, que aprendieron a usar ese recurso para colorear de cientos de tonos verde ambas márgenes del Río Calchaquí. Los álamos altos y delgados, las plantaciones y las huertas forman un largo oasis en medio de las áridas tierras que lo enmarcan. Los antiguos pobladores manejaban el agua de manera altamente eficiente. Las acequias, canales a veces cavados en la tierra, otras construidos con piedras en la montaña, proveían el vital líquido para los cultivos. Muchas de esas vías de agua fueron construidas antes de la llegada de los españoles.

Hoy, esa tierra vive una disputa absurda y cruel que enfrenta a sus habitantes . Diaguitas auto-asumidos, que difícilmente puedan acreditar su ascendencia y amparados en una ley, la 26.160, que fue pensada para proteger del despojo a los verdaderos “originarios”, tratan de apoderarse de las propiedades de pequeños agricultores que pueden acreditar el mismo origen étnico que ellos, pero que además poseen, desde hace muchos años, títulos legales de propiedad.

Uno de los nuevos caciques de la zona de Colomé es nacido en Bolivia y se llama Rómulo Mamani. Esto no requiere mucha explicación: Mamani es un apellido aimara de origen peruano-boliviano, usado por diferentes grupos étnicos de los alrededores del Lago Titicaca. Todo dicho.

Un médico del hospital de Cachi, Salta, que es ahora diaguita, fue nombrado cacique de la zona. Lo interesante de este cacique es que es hijo de una alemana y su propio padre no se reconoce a si mismo como diaguita.

El tercer caso que llega al límite del absurdo es el de los Rivadaneira. Su padre, Andrés Segundo Rivadeneira, oriundo de Corralito, cerca de San Carlos, en los años ‘50 comenzó un negocio que no era nada sencillo: a lomo de mula subía los cerros con unos pocos burros cargados de mercadería, que canjeaba con los pastores de Jasimaná, arriba de la localidad de Pucará. Al regresar, llevaba cueros y quesos de cabra que vendía en San Carlos por caminos y veredas montañosas que hoy no son fáciles de transitar en vehículos modernos. Así, fue juntando dinero hasta que en los ‘60 pudo comprar , con títulos válidos a su anterior propietario, unas tierras productivas en Pucará, en las márgenes del Río Guasamayo. Allí plantó pimientos que luego secaba al sol para hacer pimentón.

Esas angostas parcelas al borde del río florecieron merced al trabajo conjunto entre Rivadaneira y los “medieros”. La mediería es una vieja relación productiva entre el propietario de la tierra y familias que se instalan específicamente en ellas para ayudar a producir. El dueño provee todos los elementos e insumos necesarios para la producción y luego se divide la cosecha en partes iguales. En algunas ocasiones los medieros podían ser familiares del dueño de la tierra.

Sus hijos no tuvieron la misma capacidad como emprendedores y cuatro de ellos debieron vender las tierras heredadas que no habían sabido administrar. Dos años mas tarde, la esposa de uno de ellos, Esther Ríos de Rivadaneira, se convirtió repentinamente en diaguita y volvió a reclamar, esta vez como cacique de Angastaco, las tierras que su marido había perdido y vendido y también la de sus otros cuatro hermanos que habían sufrido la misma suerte.

Uno de los perjudicados por este despropósito es su propio sobrino, Eduardo Rivadaneira. Pero el colmo del delirio fue cuando el padre del cacique de La Poma, Telmo Salva, senador provincial durante 22 años, quien no se reconoce a sí mismo como diaguita, tuvo el deseo de apoderarse de una pequeña y hermosa finca de tres hectáreas propiedad del ingeniero electricista Edgardo Nieva y mandó a su hijo Armando Salva a encargarse del asunto. Este “diaguita” repentino metió de prepo, dentro de la casa de adobe donde vivía Nieva, 20 diaguitas a sueldo que se quedaron conviviendo con el legítimo dueño.

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