QPS / Política
Agustín Pérez Marchetta

Agustín Pérez Marchetta

Sociólogo

#SaltaElige / A río revuelto, ganancia de la ignorancia

¿A quién votar este domingo?

Es invierno. De todas maneras el sol pega fuerte en Salta y el aire se torna caliente. El semáforo esta en rojo. Mientras espero que cambie recorro con mis ojos todos los carteles presentes: en cada poste y columna pública de las avenidas de la ciudad hay colgados miles de candidatos que buscan dar la “pelea” en pos de conseguir el voto de los salteños para representarlo en puestos legislativos de la provincia. Se enciende la luz verde, pongo el auto en marcha y me pregunto por el impacto que tendrá ese tipo de publicidad, si para instalar un candidato hace falta tanto derroche de imprenta.

En estas elecciones que se avecinan, se respira un clima de desconocimiento y hartazgo de la población, al punto que el contacto con los candidatos siempre se encuentra mediado, ya sea por la gráfica, la publicidad o las redes sociales.

La superficialización de la política

La política se volvió superficial. Ya sea por el estallido de los partidos tradicionales, la falta de discusión de programas/proyectos políticos, la poca participación de la población en actividades y acciones cívicas, el proceso de individuación de la sociedad en conjunto con el florecimiento del consumo masivo o la sociedad del espectáculo, o todas ellas juntas.  La política ha dejado de girar en torno a discursos e ideologías, para primar en los mensajes (todos ellos transmitidos por los medios de comunicación) una cuestión estética, de slogans cortos y sensibilidad social: si a uno le parece lindo, simpático o convincente algún candidato de seguro que lo vota.

La interna abierta y las democracias delegativas

Hay dos fenómenos que caracterizan estas elecciones legislativas. Por un lado debido a la ley 26571 de “Democratización de la Representación Política, La Transparencia y la Equidad Electoral” (Conocida como PASO) actualmente las internas son de carácter público y simultáneo. Esto hace que miles de candidatos poco conocidos se asomen en las boletas de los diferentes partidos que compiten en las elecciones. Esto, en conjunto con lo que definió O’Donnell como democracias delegativas, en donde los ciudadanos “delegan” en las figuras públicas toda la acción política quedándose sólo en la queja anárquica, ocasiona una desconexión entre la política en su estado más “puro” y embrionario y los ciudadanos, poniendo al desnudo la crisis de la democracia representativa.

Las personas y los individuos como metáforas de lo posible

Es en este mar de caos de donde emergen los candidatos como restos del naufragio político: piezas de antiguos partidos, figuras públicas que devienen en candidaturas, referentes vecinales y militantes convencidos que lograr una banca es una herramienta poderosa para la transformación social. La expresión que la política es una acción cuerpo a cuerpo y discurso a discurso, tiene que hacerse carne en los ciudadanos y no nos quedará más remedio que informarnos y comprometernos con la circunstancia que nos rodea. La información es poder, poder que puede ser plasmado en un voto de legitimidad (y no voto bronca) a un candidato en el cual depositemos la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Quedara en cada uno poder discernir y profundizar que candidato representa mejor el interés y bienestar de la ciudadanía. En mi caso, el que esté más cerca de garantizar el bienestar de las mayorías y el respeto a las minorías, es quien se llevará mi voto.

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